La prioridad de los derechos humanos

La vida buena está inspirada por el amor y guiada por el conocimiento (…) Ni el conocimiento sin amor, ni el amor sin conocimiento, pueden producir una buena vida.

BERTRAND RUSSELL

 

Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros. 

DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS, art. 1

 

 

Este artículo quiero dedicarlo a Juan Manuel Almarza Meñica, OP, sabio y luchador por la justicia, la opción por los pobres y la paz, con el que tanto aprendí sobre derechos humanos, sobre todo de autores como Jean Ziegler y Thomas Pogge, tan importantes en nuestro tiempo como Francisco de Vitoria y Hugo Grocio. Mi recuerdo en su reciente fallecimiento con mucho cariño y profunda admiración…

 

Cada 10 de diciembre conmemoramos el Día de los Derechos Humanos, Declaración elaborada por representantes de todas las regiones del mundo con diferentes antecedentes jurídicos y culturales, siendo proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en París, el 10 de diciembre de 1948, como un ideal común para todos los pueblos y naciones.

El documento proclamó los derechos inalienables inherentes a todos los seres humanos, sin importar su raza, color, religión, sexo, idioma, opiniones políticas o de otra índole, origen nacional o social, propiedades, lugar de nacimiento, ni ninguna otra condición. Es posiblemente el documento más traducido en el mundo y está disponible en más de 500 idiomas. Gracias a esta Declaración y al compromiso de los Estados, ha supuesto que la dignidad de millones de personas ha mejorado y, se han sentado las bases de un mundo más justo y más humano.

Hablar de los derechos humanos es hablar de la problemática sobre esos derechos. Vivimos inmersos en un mundo que trasgrede los derechos de forma sistemática, no solo de forma individual, también y de forma muy acusada, en el plano estructural e institucional, para proteger los intereses de empresas multinacionales o de los propios Estados que dicen defenderlos. En palabras de José Saramago, es la gran utopía del siglo XXI. Para que los derechos dejen de ser solo una utopía, no deben formularse ni construirse en abstracto o de forma intemporal, deben reubicarse en una temporalidad concreta y reinterpretarse en cada contexto histórico que vivimos.

Después de la pandemia del COVID-19, deben ser una prioridad en el mundo. Estamos viendo cada día un aumento y agravamiento de la pobreza no solo en los países más pobres, también, en los más desarrollados con interminables colas del hambre. Por otro, el aumento de las desigualdades, la discriminación estructural y arraigada y las diferentes brechas en la protección de los derechos, el deterioro medioambiental y otras carencias del sistema de protección, están generando un retroceso en la defensa de estos derechos. Parece necesario priorizarlos, ahora más que nunca, para reconstruir un mundo más justo, resiliente y sostenible y, no dejar por el camino los logros conseguidos y generar una solidaridad global, así como una interconexión y humanidad compartida con todos los seres humanos.

Como hemos comprobado, el COVID-19, ha provocado una tragedia humana devastadora, que empeora con la desigualdad, la exclusión y la discriminación estructural. No podemos volver al tipo de vida que teníamos antes de la crisis, es un momento para reconstruir y mejorar, comprometiéndonos de una forma efectiva con los derechos, erradicando cualquier tipo de discriminación, fomentar y proteger los derechos económicos, sociales y culturales en un nuevo compromiso social para los nuevos tiempos.

En este momento, ahora más que nunca, debemos impulsar la solidaridad, todos estamos juntos en superar no solo la pandemia, también muchas injusticias: gobiernos, sociedad civil, comunidades de base e individuos, ejerciendo su responsabilidad. Debemos reconstruir un nuevo mundo para después de la pandemia, no solo para nosotros, también para las generaciones futuras. No podemos perder la cordura y deshumanizarnos más, no solo la conciencia de sentir la situación que vivimos, debemos esforzándonos para buscar una nueva perspectiva de una vida capaz de realizar los fines de la libertad, la dignidad y la creatividad humana, de la razón, la justicia y la solidaridad, podrán salvarnos de una profunda decadencia y una destrucción casi seguras.

Como venimos recordando antes y durante la pandemia, debemos promover un desarrollo sostenible para todas las personas del planeta. Para ello se debe proteger y beneficiar a los más vulnerables cumpliendo con los derechos humanos de todos, alcanzar la Agenda 2030 y abordar la emergencia climática. Es necesario proteger el derecho de todas las personas a participar en los beneficios de la ciencia y sus aplicaciones, velando por que las soluciones a los problemas mundiales, bien sean los de una vacuna contra el COVID-19 o bien otras tecnologías, puedan compartirse equitativamente entre todos.

Se debe romper los muros de la indiferencia moral, donde los más vulnerables deben ser vistos como un sujeto humano con exigencias de dignidad, donde la solidaridad y, sobre todo, la justicia global, deberá ser el medio para eliminar barreras. Así la actuación política deberá tener en cuenta estas dimensiones, la dignidad, la justicia y la solidaridad. El que se solidariza tiene que tener en cuenta que su propia dignidad depende del otro, que tiene una deuda con los más vulnerables. El reconocimiento deberá ser mutuo, pero no equivalente, la intersubjetividad es asimétrica y deberá priorizar a los más necesitados.

Cualquier política internacional, como nos recordaba Thomas Pogge, se deberá basar en la lucha de los problemas morales fundamentales y de peso, centrados en los seres humanos y, que puedan ser ampliamente compartibles entre todas las culturas. Para ello se necesita un acuerdo internacional sobre un estándar moral común que sea plausible y capaz de una amplia aceptación internacional. Para ello es necesario, la legitimidad de cada Estado, esta se consigue con la lucha por la justicia y el respeto derechos humanos.  Thomas Pogger coincide con Habermas, en la necesidad de crear un orden internacional más democrático, reconociendo una serie de derechos humanos universales, para ello es necesario, la necesidad de confiar a las Naciones Unidas poderes ejecutivos y judiciales capaces de promover la tutela efectiva de los derechos del hombre.

Cada 10 de diciembre, más en este año, tenemos una oportunidad para reafirmar la importancia de los derechos humanos para construir de nuevo el mundo que queremos, con la necesidad de una solidaridad mundial y de ir creando entre todos, un mundo más justo.