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Martes, 19 de enero de 2021

Un hombre feliz

Érase una vez un rey al que la paz le había abandonado. Reunió a su séquito y les dijo que no la recobraría hasta que no se pusiera la camisa de un hombre feliz.

Sus servidores, de inmediato, emprendieron la búsqueda de tal individuo. Después de mucho preguntar y observar a la gente de todo el reino, hallaron a uno que confesaba ser un hombre feliz.

Lo llevaron ante el rey y este le interpeló: “Veo que viene con el torso desnudo castigado por el sol y por el viento, ¿no le han advertido que debería acudir con su camisa para que yo me la pusiera? ¿Dónde está su camisa?”. “Majestad, yo soy pobre y no tengo camisa”.

Hasta aquí, resumido, este es el conocido cuento de León Tolstoi sobre la riqueza, el poder y la felicidad.

Alguien dirá que esto no deja de ser un cuento, pero sin duda encierra una verdad tan antigua como la Humanidad. Son muchísimos los hombres que, entre el tener y el ser, su prioridad es “tener”, y a continuación, conseguida la riqueza, su apetencia es “ser” (con poder para “ser” temido). ¿Y después? Ya conocemos el cuento, después, aún no se alcanza la felicidad.

Otra enseñanza nos la da Pascal cuando dice “que si un artesano estuviese seguro de soñar por espacio de doce horas que es rey, creo que sería casi tan feliz como un rey que soñase doce horas que es artesano”.

Es la relatividad de la felicidad. No nos damos cuenta que la felicidad son los pequeños momentos. Nos engañamos a nosotros mismos buscando la felicidad con mayúscula: la gran felicidad. Esa que no existe. Y se nos ocurre que aparte de la legitimidad de “tener” y “ser” (con poder para “ser” querido) existe otra vía, que es la del estudio permanente y la creatividad. Se pueden vivir muchos momentos de felicidad diseñando, pintando un cuadro o cuidando las plantas.

Y dado que en los próximos días vamos a repartir felicidad a raudales, tengamos presente que la mayor felicidad es la salud. Un bienestar que en la actualidad lo tenemos embargado más que nunca por esta maldita pandemia.

Desde aquí quiero desearos mucha salud a vosotros, amigos, que visitáis esta opinión o me seguís en las redes (Facebook: Fernando Bienvenida) y comunicaros que, para cargar baterías, me tomaré un par de meses de descanso.

Cuando reanude mis escritos, recordaré a Fray Luis de León con el eslabón con el que recobró su libertad: “Como decíamos ayer…”.

8-12-2020