Palabras, palabras y más palabras

El primer artículo de los Estatutos de la Real Academia Española (RAE) dice que ésta tiene como misión principal velar porque los cambios que experimente la lengua española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico. Para el cumplir su importante cometido la RAE acepta con frecuencia que nuevas palabras crucen la invisible línea que separa el uso cotidiano de la aceptación oficial, lo que permite que pasen a formar parte de nuestra querida lengua española. El proceso es continuado y necesario y así se incrementan nuestros recursos para describir la realidad que nos rodea y comunicarnos con los demás, superando lo que apuntaba en la novela Cien años de soledad, el colombiano y Premio Nobel, García Márquez: El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.

Muchas de las recientemente acogidas no han tenido que esperar mucho y, no podría ser de otro modo, están relacionadas con la amarga actualidad que en este tiempo vivimos: confinamiento, coronavírico (como perteneciente o relativo al coronavirus), COVID, desconfinamiento, cuarentenear (como pasar un período de cuarentena), desconfinar o desescalada.

Pero también forman ya parte de nuestro idioma otras palabras que, hasta fechas recientes, permanecían “sin papeles[1] como ‘bóxer’, calzoncillo parecido a un pantalón corto; ‘chiflar’, que gusta mucho; ‘emoji’, pequeña imagen o icono digital que se usa en las comunicaciones electrónicas para representar una emoción, un objeto, una idea, etc.; trolear’, en foros de internet y redes sociales, publicar mensajes provocativos, ofensivos o fuera de lugar con el fin de boicotear algo o a alguien, o entorpecer la conversación;pinganillo’, auricular inalámbrico poco visible; ‘parafascista’, que tiene semejanza con el fascismo o con lo fascista o ‘zumba’ técnica gimnástica que combina el baile al son de ritmos latinos con el ejercicio aeróbico. Pero a mí, los términos que más me han llamado la atención son ‘berlanguiano’ y ‘berlanguiana’, que queda definidas como: que tiene rasgos característicos de la obra de Luis García Berlanga. Y el ejemplo que se cita es: Una situación berlanguiana.

Con independencia de que puede parecer bien o mal dicha incorporación y sin poner en tela de juicio los méritos de tan ilustre director y guionista de cine; lo cierto es que comprender estas palabras presupone que uno debe conocer cuáles son los rasgos característicos de la obra de Luis García Berlanga, lo que no siempre sucede. Antes se hablaba de una situación kafquiana, que la RAE define como aquella que tiene rasgos característicos de la obra de Kafka[2], lo que también presupone conocer la obra de este escritor austrohúngaro, por lo que el gesto de redención patriótica está bien.    

Pero estás frecuentes y numerosas actualizaciones de nuestro idioma, en la era de la tecnología, tienen muchas e importantes consecuencias. Para empezar, los correctores ortográficos se vuelven locos, porque no sólo nos aparecen subrayadas en rojo cada vez un número mayor de palabras nuevas al escribir un texto, también otras mucho más antiguas que han cambiado como por ejemplo ‘sólo’ (que llevaba acento cuando podía sustituir por ‘solamente” o ‘José” (los pepes de toda la vida), pues ahora ya no se acentúa ninguna de ellas. Luego están, y nos aparecen igualmente como errores, palabras como ‘probiótico’ o ‘biomarcador’ que antes escribíamos como ‘pro-biótico’ y ‘bio-marcador’, pues hoy se pueden escribir sin guión (por cierto que ‘guión’ se puede escribir con o sin acento, según se articule como monosílabo o respetando el hiato porque entonces tiene dos sílabas). Y por último están las mermas fonéticas de palabras (‘profe’ por profesor o ‘seño’ por señorita) y las fusiones abreviadas (‘finde’, por fin de semana o ‘porfa’ en el lugar de por favor). Toda una locura no sólo para los correctores, también para los lectores y no digamos para los ‘profes’.

Mahatma Gandi dijo: Cuida tus pensamientos, porque se convertirán en tus palabras. Cuida tus palabras, porque se convertirán en tus actos. Cuida tus actos, porque se convertirán en tus hábitos. Cuida tus hábitos, porque se convertirán en tu destino. Pues yo ya no sé qué pensar ni cuál será mi destino.

Pondré fin a toda esta palabrería informado que la propia RAE recomienda escribir ‘wasapear’ como ‘guasapear’ y ‘twitear’ como ‘tuitear’, las ‘w’ son poco españolas.  ¿Para cuándo ´feisbuquear’, ‘tictoquear, instagramear o ‘guichatear[3]’? En cualquier caso me suenan bien las palabras del escultor británico Henry Moore: Si todo pudiera explicarse mediante la palabra, tarde o temprano acabaríamos con el mundo. Así que bienvenidas sean todas ellas.

 


[2] Franz Kafka, escritor austrohúngaro, autor de obras tan influyentes de la literatura universal como La Metamorfosis, El proceso o El castillo.

[3] Aplicación multipropósito china desarrollada por la multinacional Tencent