Advertisement
Jueves, 21 de enero de 2021

Sáhara occidental: 45 años de vergüenza

Las enésimas escaramuzas entre el ejército marroquí y el Polisario en sur del Sahara occidental vuelven a traer a primer plano un problema crónico, del que el Gobierno español y la monarquía son en buena medida responsables. Por ello el pasado domingo hubo una concentración de apoyo al pueblo saharaui en la Plaza Mayor, que hubiera merecido mayor asistencia. Si, en circunstancias normales, este asunto quedaba lejano para la opinión pública española, ahora con la epidemia parecería algo por completo ajeno a ella.

Pocos procesos de independencia, si es que hubo alguno, salieron adelante sin graves conflictos, tanto entre las colonias y la metrópoli como guerras civiles, pero al final alumbraron países formalmente soberanos, aunque pillados en los engranajes del neocolonialismo. No es lugar para denunciar las lacras de este y del imperialismo –que el historiador áulico Neil Ferguson y los hispanofilos aquí consideran una buena cosa para los pueblos– pero basta con analizar la situación actual de los países que hasta hace poco llamábamos “Tercer Mundo” para llegar a la conclusión qué el pasado colonial está en el origen de su estado de miseria y dependencia económica.

Pero en el caso del Sahara español no hubo siquiera tal proceso de independencia, sino un vergonzoso “ahí te quedas”, de modo que hoy es casi el único territorio de cierta extensión (unos 240.000 km2) que carece de soberanía, a pesar de las resoluciones de la ONU y del Tribunal Internacional de Justicia. No era esto lo que cabía esperar. Habrá que recordar aquí lo que prometió Juan Carlos “El Huido” cuando viajó al Sahara mientras Franco agonizaba junto a su régimen: “España no dará un paso atrás, cumplirá sus compromisos, respetará el derecho de todos los saharauis a ser libres”. Entre esos compromisos asumidos estaba el de celebrar un referéndum autodeterminación. El viaje del rey fue el día dos de noviembre de 1974; el 4 Hassán II organizó la Marcha Verde, que se detuvo tres días después por presiones de los Estados Unidos (Kissinger) sobre el rey de Marruecos. Y ocho días más tarde tuvo lugar el acuerdo de Madrid, por el que el gobierno español cedía el territorio del Sahara a Marruecos y Mauritania (de nuevo hay que ver ahí la longa manu de Washington, como en todo el proceso de la Transición). En febrero de 1976 el ejército español había abandonado la zona. Así comenzó su reinado Juan Carlos I de Borbón. El referéndum, hoy, 45 años después, sigue pendiente

Seguramente influyó en este impresentable episodio el proceso de descolonización portugués, iniciado poco antes. Se temía que España también se viera envuelta en un conflicto armado (el Polisario se había creado en 1973 y contaba con armas de Argelia y Libia), lo último que se deseaba en una situación de grave crisis económica y política, llena de incógnitas y de miedos, fundados o no. (Entre estos, el de que las fuerzas armadas españolas se contagiaran del virus revolucionario del ejército portugués. Los cuatro gatos de la UMD suscitaron ese miedo, que luego no fue nada). Así que se dio la espalda a un pueblo y a unos compromisos que, comparativamente, eran mucho menores que los de Portugal (este país, por ejemplo, debió repatriar a unas 700.000 personas de sus colonias africanas).

El resultado fue la pérdida de importantes recursos económicos (la plataforma pesquera, las minas de fosfatos y cobre, las salinas); una “bajada de pantalones” ante el siniestro Hassán II; un acto de sumisión más a los intereses de EE.UU…. y el abandono de un pueblo que en otro tiempo había sido considerado como una provincia española más. (Los saharauis tuvieron DNI español y representantes en la Cortes franquistas). Aunque solo fuera por esos antecedentes merecerían ahora una mayor solidaridad, de modo que se cumplan las resoluciones internacionales.

(Foto: concentración pro-saharahui en la plaza Mayor)