Martes, 24 de noviembre de 2020

Día Internacional: el problema de los abusos sexuales a menores

Un año más frente a este problema, de todos los días. Desde los años 90 del siglo pasado, hemos roto el silencio social sobe los abusos sexuales, en España. Hoy, incluso puede hablarse de alarma social.

 En todo caso, insistimos que debería haber menos alarma y más eficacia.

Aún numerosos abusos no son denunciados, a pesar de que ya en 1994 (fecha de nuestra investigación con una muestra nacional) el 70% de las víctimas los comunicaban;  en primer lugar a alguna persona amiga, en segundo lugar a su madre; pero en la mayor parte de los casos, amistades y familia guardaban este mal secreto. También solían guardar silencio las instituciones, incluida la Iglesia.

Sabemos lo que habría que hacer: prevenir, detectar, denunciar y ayudar a las víctimas , si lo necesitan. Pero no con programas aislados, desde modelos de riesgo o religiosos mal planteados, que asustan a los menores y proclaman profecías negativas catastróficas para todos los menores que sufren abusos.  Los efectos de los abusos son muy diversos. Muy graves, desde la muerte o consecuencias a largo plazo, hasta efectos menores que superan a corto plazo. No hagamos una profecía negativa y terrible de forma generalizada, por favor. Y no hagamos terapia si no la necesitan.

Deberíamos evitar los abusos y, cuando no ha sido posible, conseguir que no se repitan. Casi el 50% los sufre más de una vez. Podemos y debemos evitar que, si los menores son sorprendidos o engañados (las artimañas de los abusadores son muy diversas y muchos abusan, si ya existe, de la relación de confianza), les suceda solo una vez. Con una buena intervención,  pueden aprender lo que les ha pasado, saber que les vamos a creer y ayudar.  Que nadie se guarde este mal secreto. Y que sus amistades y familia les ayuden a denunciarlos y, su fuera necesario, buscar ayuda.

Y créanles y díganles  que lo que les ha ocurrido no es una cosa sucia, fea, asquerosa que les estigmatiza y les convierte en víctimas o supervivientes para toda la vida, sino que han sufrido un  grave delito contra su libertad, su sexualidad y su intimidad. “Tu cuerpo, tu sexualidad  y tu intimidad son tuyos. Quien abusa debe ser denunciado. Pero tú sigues siendo dueña o dueño de tu cuerpo, tú sexualidad y tu intimidad. Puedes haber sufrido, pero si lo afrontas bien, valdrás más. No menos”.

La alarma nos lleva a nuevos mitos sobre las víctimas y a formas de intervención desde un modelo de riesgos  que puede agravar los efectos.

¿Quiénes los sufren? Una de cada cuatro o cinco niñas y uno de cada  diez niños. aproximadamente.

¿Quiénes abusan? La mayoría son hombres. También mujeres,  en torno a un 20% delos casos. 

En las investigaciones recientes se ha descubierto también que hay numerosos abusos entre adolescentes. Los cometen más los chicos, pero también cada vez más chicas. La presión, la sorpresa y la manipulación son las estrategias más usadas entre adolescentes.

¿Estamos mejorando o empeorando en la actualidad?  No puedo pronunciarme con contundencia, porque no se ha repetido la investigación con una muestra nacional; pero 26 años después, no es seguro que en España estemos mejor. ¿En qué piensan y qué priorizan nuestros políticos? ¿Les parece aceptable que dejemos a los púberes y adolescentes en manos del mercado de la pornografía?

La mayor libertad sexual es un bien social al que no debemos renunciar; pero si no hacemos una educación sexual que incluya la ética sexual y amorosa, las nuevas condiciones sociales y culturales conllevarán un aumento de los delitos contra la libertad sexual. El mercado de la seducción y consumo sexual, como un producto más, está abierto, con miles de ofertas.

Las familias, las escuelas, los profesionales y los adolescentes tienen la palabra y la posibilidad de enseñar y aprender a vivir la sexualidad en libertad, según la edad y  autonomía de cada cual,  con responsabilidad ética. Tenemos que desterrar los malos usos de la libertad sexual: abusos, acosos, violaciones, embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual, engaños y sufrimientos

¡Podemos y debemos!