Viernes, 4 de diciembre de 2020

Yo he vivido con la hija de un jefe de tribu

Aunque el tema sobre el que escribo este artículo no está relacionado con ningún hecho de la actualidad española o salmantina, creo que hay temas y hechos que son atemporales, que siguen teniendo vigencia en cuanto a enseñanza y actualidad por su radicalidad en la especie humana. Como el que voy a exponer.

Cualquier vida es larga y compleja. A pesar de llevar más de ocho años viviendo con la Srta. Inumpa (contratada como empleada de hogar) y haber escrito y publicado un libro sobre su vida de inmigrante, titulado “La inmigrante”, aún me quedaban por conocer aspectos sorprendentes para un occidental, sobre la vida de M. Inumpa y su familia:

Lo primero que quiero narrar es que su padre, un jefe de tribu de una de las Islas Filipinas (que los españoles deberíamos conocer mucho mejor, después de cuatrocientos años de ocupación colonial) fue un jefe de tribu vencedor en la guerra mantenida con otra tribu de la misma isla, ocurrida antes de la Segunda Guerra Mundial, hacia 1940; la guerra no consistió en un enfrentamiento de los miembros de una tribu con otra, sino en el enfrentamiento personal de los dos jefes. La lucha de los dos líderes se llevó a cabo con tres armas: una lanza con final de metal, un machete y un escudo. Fue una lucha a muerte. El luchador que venciera debería cortar  la cabeza del contendiente como señal de victoria.  El vencedor fue el padre de Inumpa. Pero las tribus no le dieron el nombre de “el vencedor”, sino el de “EL PACIFICADOR”, pues la muerte del rival significó la paz entre ambas tribus. En el dialecto igorrote INUMPA significa "pacificador", no vencedor y desde el momento de la victoria el jefe vencedor y toda su familia y descendientes toman la palabra Inumpa como el apellido distintivo familiar.

La aparentemente pequeña diferencia entre “vencedor” y “pacificador” habla de una enorme diferencia de valores entre esta tribu supuestamente primitiva y nuestros valores occidentales ancestrales. Nuestro dicho ¡vae victis! (¡Ay de los vencidos!) resume muy bien la diferencia tanto en las estrategias militares como en el objetivo de las guerras: entre los igorrotes la lucha por un conflicto territorial tiene como único y primer objetivo resolverlo, con el menor coste posible de vidas humanas y bienes. No hay saqueo posterior de los  vencidos, ni venganzas que dejen salir el sadismo o la agresividad acumulada de antiguos odios.

Hay un conflicto de supervivencia como todos los que tienen todas las especies en nuestro planeta y los igorrotes lo resuelven como en la naturaleza se han resuelto hace  miles de años: vence el más fuerte.

El diálogo entre las partes y las diplomacias anticipatorias al estallido bélico son una adquisición humana muy reciente. Aún son instrumentos que gozan de poca confianza entre la gran mayoría de los contendientes, incluidos la mayor parte de  los europeos contemporáneos.

Como psicólogo, durante estos años de convivencia con la Srta. Inumpa  he podido comprobar qué consecuencias decisivas ha tenido en su personalidad el ser la hija de un vencedor y llevar este apellido de pacificador-vencedor. Es una mujer que ha encarado y encara todas las facetas activas de la vida con el pensamiento seguro de que va a salir vencedora de todas las contiendas de la vida cotidiana y que sus decisiones la llevarán siempre a la victoria. Su identificación con la figura de su padre y su identidad grupal han producido su básica relación con el mundo.

No es, pues, indiferente, marcar a un individuo o a un clan con el nombre de “vencedor” o con el nombre de “pacificador”. Pacificador es el calificativo tribal del representante de una comunidad que ha sido capaz de resolver un grave conflicto de la misma, llegando hasta el final, y pasando por una dura lucha. Los igorrotes nos enseñan con esta decisión que lo importante no es la batalla, la guerra, sino que esta es el medio para LLEGAR A LA PAZ con el vecino agresor, o con la parte de una sociedad que luchó contra otra en un momento determinado del pasado.

Parafraseando a Unamuno, no se trata solo de vencer, sino de convencer, tarea que solo puede hacerse una vez establecida la paz.