Viernes, 4 de diciembre de 2020

Joseph Pérez, 'in memoriam'

Con cierto retraso me entero del fallecimiento de Joseph Pérez, uno de los grandes hispanistas franceses, de la categoría de Pierre Vilar, Bartolomé Bennassar o Pierre Chaunu. Y da la casualidad de que estos días he terminado la lectura de su “Historia de una tragedia. La expulsión de los judíos de España”, breve pero muy enjundioso texto que sintetiza la historia de esa minoría desde la alta Edad media hasta su expulsión en 1492. Un libro posterior, “Los judíos en España”, completa ese estudio con capítulos sobre la diáspora sefardí y la evolución de las actitudes españolas hacia los judíos hasta la época de Franco. A propósito de este rememora el mito de la “conspiración judeo-masónica” urdidora, según él, de casi todos los males colectivos de España, incluida la Guerra civil. (Curiosamente, Pérez señala el contraste entre esa propaganda antisemita franquista –lema básico del nacional-catolicismo– con su moderación en la práctica hacia los judíos y cierta actitud filo-sefardí tras la derrota nazi. Sin embargo, recordemos que el estado de Israel se negó siempre a reconocer al régimen de Franco por sus vinculaciones con el Eje y su comprensión de las políticas racistas, y Paul Preston, en su biografía del dictador, matiza muy mucho la supuesta benevolencia de Franco hacia los judíos).

Pero la primera incursión de Pérez en la historia de España versó sobre la rebelión comunera, que analizó en su significación política (como incipiente movimiento antiabsolutista), social (descontento del patriciado urbano y de las clases populares frente a la alta aristocracia) y económica (intereses de artesanos pañeros y de campesinos, opuestos a los de grandes ganaderos, burguesía exportadora y hacienda real). Y es curioso que, vistos a posteriori, la expulsión de los judíos y el fracaso de la revuelta comunera, no tan lejanos en el tiempo (1492 y 1521), tuvieron una similar repercusión negativa sobre la España de la época y su evolución posterior, casi hasta hoy. La primera asentó la mentalidad señoritil, intransigente y censora mediante la Inquisición y los estatutos de limpieza de sangre, de modo que España se fue alejando poco a poco de la cultura de la Europa moderna; mientras que la segunda dio vía libre a la política imperial de los Austrias, la cual, si bien dio lustre a una dinastía que llegó a dominar medio mundo, acabó arruinando a la hacienda real y a sus súbditos. Ahí se ha visto siempre el origen de la decadencia española. Pero el espejismo de esa España imperial, más papista que el papa, evangelizadora de medio mundo, espada de Roma, etc., ha deslumbrado siempre a esas élites conservadoras españolas que han mandado la cosa pública hasta hace poco, cultivando una visión de la historia maniquea y excluyente cuyo origen está en los cronistas y clérigos bajomedievales, visceralmente antijudíos.

En cambio, Joseph Pérez ve en los comuneros el primer antecedente de la línea liberal-democrática española, siempre precaria -¿quizá hoy también?-; algo que se simboliza en el morado republicano (aunque no fuera ese el color de las tropas concejiles castellanas rebledes). Pérez estudia con rigor y simpatía el fenómeno, pues siempre se confesó más bien jacobino y amante de una Francia en la que cada pueblo dispusiera de una escuela, una estafeta de correos y un médico. (De l’eglise, il n’en parlait). En atención a eso, el ayuntamiento de Villalar, que no sabemos si dispone de esas dotaciones, ha decretado dos días de luto por su muerte.

Por lo que se refiere a los judíos, Pérez explica y matiza muy bien el contexto del antijudaísmo medieval español, apoyando enfoques clásicos, como la relación de las crisis económicas y políticas con el brote de ese odio a un judío al que se adjudica el papel de chivo expiatorio. Ello en contraste con la relativa tolerancia entre judíos, moros y cristianos imperante en los periodos de tranquilidad y auge. En estos últimos, la aportación de los judíos a la cultura y a la economía de los reinos musulmanes y cristianos fue muy notable, en tanto que desempeñaron el papel de intermediarios entre el mundo islámico y el occidente cristiano, al que traspasaron los logros de aquél, mucho más avanzado, así como las obras de filósofos y científicos de la antigüedad (que traducen del griego al árabe y de éste al latín). Sin olvidar su propia aportación como comerciantes, financieros (aunque solo eran minoría), médicos, filósofos o literatos.

La obra de Pérez da mucho más de sí. Y de momento nos contentamos con agradecer la labor de los hispanistas en el estudio de este ruedo ibérico, donde se pueden permitir el lujo de ver los toros desde la barrera.

(Foto: Joseph Pérez. Europa Press)