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Jueves, 28 de enero de 2021

Buscadores de culpables

Aunque es cierto que una minoría de ciudadanos no parecen dispuestos a colaborar, podemos decir que el único culpable de la pandemia, hasta que no se demuestre lo contrario al menos, es el Coronavirus, él contagia, él mata, él enferma y va dejando secuelas, y que los verdaderos responsables de que cause más daño del que corresponde a un país desarrollado como el nuestro, si es que tras lo que se está descubriendo podemos seguir considerándolo desarrollado, son los políticos, ellos llevan años destruyendo nuestro sistema sanitario, acabando con las residencias públicas de mayores y abandonando por completo las privadas, arruinando pequeñas empresas y en los dos meses de tregua que nos ha dejado entre las dos oleadas ni siquiera se han molestado en ponerle freno y eso que los expertos anunciaban el brote con la llegada del otoño. Normal. Para corregir errores, hay que empezar por reconocerlos, y ellos nunca son culpables de nada, la culpa es siempre de los ciudadanos.

 En este lío de confinamientos les ha tocado el turno a los bares, empezaron por ponerle horario de cierre, y aunque la medida era absurda, la cumplieron, les limitaron el número de clientes, les han hecho gastar lo que no han ganado en medidas de seguridad y por último les han obligado a cerrar a cal y canto durante quince días de momento. ¿Quién les ha dicho a estos señores que los bares y pequeños restaurantes no son también un servicio esencial? A estos establecimientos acuden todos los días a comer muchas personas que viven solas y camioneros y otros profesionales que por razones de trabajo pasan muchas horas o varios días fuera de casa y necesitan sus servicios. Generalmente son negocios familiares, trabajados por matrimonios para los que los clientes son amigos, vecinos, parte de su familia. Las ganancias tampoco son para poder vivir trabajando a medio gas y permaneciendo cerrados mucho tiempo. Aunque los dos estén dados de alta y paguen la cuota de autónomos, solo uno puede tener un sueldo asignado, hay que despachar muchos cafés para cobrar por las horas de trabajo que tienen que echar. Puede decirse que si ahorran para pasarse una semana en Benidorm cuando llegan las ferias es porque trabajando cuando los demás se divierten ni siquiera tienen tiempo de gastarlo. Se entiende pues que estos días salgan a la calle a protestar. Son los más interesados en colaborar para impedir la expansión del virus, pero hay que aplicar otras medidas que no los lleve a la ruina. ¿O no será que es lo que pretenden y se están sirviendo del virus para conseguirlo sin quedar como culpables?

Cuando yo empecé a viajar por los países europeos era imposible comer a las tres de la tarde en un restaurante o cenar después de las seis. Hoy las cosas han cambiado. En mi último viaje a Berlín, de esto no hace tanto, me sorprendió encontrar restaurantes abiertos todo el día y hasta altas horas de la noche, pero hay que decirlo, no eran bares y restaurantes al uso, eran franquicias. Estos días, ante la inútil persecución que está sufriendo la hostelería para reducir los contagios, me surge una pregunta: ¿No será que quieren arruinarlos para que ocupen su espacio las tan protegidas franquicias? Así empezaron con los pequeños comercios y ya vemos en qué han acabado.

El tiempo nos lo dirá de balde, pero esto de que en lugar de dedicarse a tomar medidas eficaces se dediquen a buscar culpables, resulta tan sospechoso que, si yo estuviera en el lugar de ellos, ya estaría pensando en hacer la maleta para salir de España donde no tendría más futuro laboral que el de trabajar con un contrato basura.