Advertisement
Domingo, 17 de enero de 2021
Las Villas al día

“De esta situación tiene que salir algo bueno que cambie nuestro individualismo”

A su parecer, “todos por el hecho de ser humanos tendríamos que saber el riesgo de estar en la intemperie, sentir momentos de no tener nada”
Antonio Romo en Aldealengua el día de la entrevista. | Jorge Holguera

El padre Antonio Romo es un referente, una persona ejemplar, humilde, valiente e incansable. Preocupado por las personas con necesidades y por los enfermos. Ha sido reconocido con galardones como la Medalla de Oro de la Ciudad de Salamanca 2001, el Premio de Castilla y León de los Valores Humanos 2015 y la Medalla de Oro de la Provincia de Salamanca 2016. Nació en Aldealengua hace 79 años, fue ordenado sacerdote en el año 1964. En la actualidad, continúa ejerciendo acciones solidarias de forma más silenciosa y su obra sigue dando frutos. Ahora vive con su hermana Carmina Romo en el pueblo que le vio nacer. Esta localidad de buenos hortelanos posada a la vera del rio Tormes tiene una céntrica plaza con el nombre de este sacerdote en agradecimiento a un hijo del que el pueblo presume orgulloso.

  • ¿Cómo se encuentra?

Hecho polvo (ríe), me ha tocado mucho. Vivo de milagro. Ya fui operado del sistema vascular cinco veces, de cataratas, del estómago y de una hernia.

  • ¿Siguen teniendo las ovejas?

Lo que tenemos no es nada nuestro, todo lo hemos recibido. No podíamos atenderlo y dijimos, vamos a darle a la Junta lo que nos dio por justicia y por honradez. Nos acercamos a Valladolid y expusimos el tema, que no podíamos seguir. Les pedíamos que a ser posible lo dedicaran a chicos marginados, con problemas. Nos atendieron estupendamente y nos dijeron que eso a ellos les desbordaba y que buscáramos quién podría hacerse cargo. Barajamos varias posibilidades y vimos que lo de Santiago Uno coincidía para preparar a los chavales, legalizarlos, enseñarlos algún trabajo.

  • ¿Ha cambiado mucho el proyecto desde que lo lleva Santiago Uno?

Lo que han cambiado han sido las personas, siguen con la misma casa, las huertas, los quesos y las ovejas. Un grupo viene a las huertas. Hay un ambiente majo de familia. Todos los días a media mañana nos sentamos un rato, tomamos un café y charlamos. La que dirige un poco es mi hermana Carmina. A parte de enseñarlos a trabajar, les descubre un poco la vocación de la entrega y el sacrificio. Está con ellos. Si sale algún trabajillo, ellos lo hacen. Lo que se gana, hay una bolsa común y a final de mes se reparte.

  • ¿Usted, qué hace ahora?

Yo ahora hago muy poco, a pesar mío, pero lo he pasado muy bien porque ha habido ilusión. Como no puedo trabajar voy al hospital y estoy allí ayudando a los capellanes. Es otra faceta. Allí lo he pasado muy bien, como una familia. Es prácticamente lo que hago, voy algún día a decir misa a Ciudad Jardín. Si hay que echar una mano aquí, la echo. Estamos en comunión con los de Santiago Uno. En el fondo es una cosa muy sencilla.

  • Usted qué ha trabajado tanto con personas inmigrantes ¿cómo ve las fronteras?

Me da la impresión de que esto no puede continuar así. Durará cinco, diez, veinte años,.. pero a la velocidad que va todo esto... Hay gente que viene en pateras, esto no se puede tolerar, es un crimen. En la época del sida, teníamos alguna persona y lo de menos era cogerlo. Hay alguien que lo necesita, ahí estamos. Entonces se creaba un ambiente de anuncio, de ilusión, de alegría, de trabajo. Esa época fue muy bonita.


  • ¿Y el coronavirus?

Por eso te digo que aquí tiene que salir algo que cambie nuestro individualismo, no solamente a nivel de cosas pequeñas que no podemos hacer más, pero a nivel mundial esto no se puede consentir. Fíjate a mí me parece que, por ser humanos, ya no hablo de cristianos, tenemos que vivir el riesgo de la intemperie, muchos momentos de no tener nada. Después como la gente es tan buena siempre te ayuda. Nos hemos lanzado a todo. Como decía Jesús: “todo es posible al que cree”. Entonces si crees, puedes lanzarte a lo que sea.

  • ¿Vivimos una crisis de comunidad?

Sí. Para nuestra generación, que nos ha tocado vivir una vida en principio muy dura, muy dura, que después ha venido el boom de la abundancia y ahora viene todo esto, son cambios que para no perder el espíritu tiene uno que arriesgar. En ese aspecto cuando me ordené de cura les dije a mis padres, “lo que me pertenezca a mí que vaya para mis hermanos, que son los que han trabajado para que yo y Carmina pudiéramos hacer una carrera”. He tenido una vida muy arriesgada y como he arriesgado  mucho he recibido mucho. He estado en San Morales, allí hacíamos milagros. Después me metí de misionero, trabajé en el metro. En el norte estuve de albañil. Estudié en Calatrava y fui a Puente Ladrillo. Fue una verdadera bendición.

  • ¿Echa de menos Puente Ladrillo?

Sí, lo echo de menos, sobre todo por los sueños cumplidos que las personas tenemos. Te pongo un ejemplo: en una reunión, Carmen Calzada, la directora de Cáritas, expuso su preocupación porque en Melilla había cincuenta inmigrantes que querían pasar a la península, pero hacía falta quien les quisiera acoger. Nos lo explicó tan bien que se me ablandó el corazón y le dije: “mira ya sabes cómo andamos, pero uno más no estorba”. Ayudamos a un chico nigeriano, católico, con seis hijos y mujer en África. El barrio se comprometió a preparar todo lo que necesitaran porque se requería preparar su llegada con cosas como una casa. En principio pensábamos que el avión salía en una fecha más lejana, pero de repente nos avisaron de que partía esa misma noche. Para que pudieran venir los ocho había que conseguir dinero para pagar el vuelo ese mismo día. Todo el barrio se volcó, no sé de dónde salió, pero se consiguió. Después celebramos un bautizo con todos los muchachos y la mujer. Los vecinos fueron los padrinos. Preparamos comida y todos de fiesta. Todo eso trascendió. En Puente Ladrillo era el ambiente, la ilusión… Hoy también es posible hacer.