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Domingo, 24 de enero de 2021

Teatro en tiempos de confinamiento: “La cuerda locura” de Komo Teatro

El grupo salmantino un complejo montaje entre la cordura y la locura gracias a la necesaria apuesta del Ayuntamiento de Salamanca por apostar por la cultura segura
Actuación de Komo Teatro en plena pandemia - Fernando Sánchez Gómez

La compañía salmantina “Komo Teatro” nos hace, montaje a montaje, cuestionarnos el concepto de “teatro amateur”. Será porque la complejidad de sus propuestas nos sitúa lejos del consabido grupo de personas dedicadas en su tiempo libre a ensayar una obra que aplaudimos desde la cercanía. En el caso de “Komo Teatro”, compañía creada en el año 2000 para ofrecer “Una alternativa social y cultural”, la originalidad de sus propuestas y el riesgo que corren con un montaje escénico como “La cuerda locura”, nos pone ante un grupo de actores sólido, con ganas de innovar y arriesgarse. 

Tienen estos tiempos de cultura en confinamiento un algo de tenacidad, de locura y de entusiasmo. Primero por la necesidad de enfrentarse a un público reducido por cuestiones de aforo que tiene que conseguir la entrada de forma inusual, enfrentándose a una nueva manera de asistir a los actos culturales. Sin embargo ¡Qué importante es ahora, con los tiempos que corren, ir al teatro, a una exposición, al cine seguro! La cultura como alimento y necesidad básica se impone, cultura siempre segura y apoyada por las instituciones ahora más que nunca.

“Komo Teatro” se pliega a esta nueva forma de ver la cultura y a un auditorio desparejado, que entra en la remozada iglesia con cierta aprensión porque no nos acostumbramos a las sillas disparejas, a la distancia, al eco del vacío. Sin embargo, cuando las luces se apagan, la experiencia teatral vuelve a ser la misma. Y nos disponemos a olvidarnos de todo para reír, sobrecogernos, sufrir la catarsis a la que nos invita el grupo con esta obra tan compleja y también, perturbadora. 

Escrita en 1997 por Nieves G. Egido, la obra, montada por el director Claudio Casero Altube, es un buen ejemplo del hacer de este grupo, siempre atento a cualquier manifestación de expresión teatral: música, canción, mimo, simbolismo –la soga, la cuerda es un elemento escénico tan importante como cualquiera de los actores- mezcla de lo cómico y lo trágico en momentos de insólito dramatismo que se unen a las desternillantes escenas grupales en las que la conexión con los personajes es absoluta. Para los miembros de “Komo Teatro”, la experiencia teatral es total, y siguiendo las enseñanzas de Claudio Casero, incluyen en sus montajes la música, el divertimento más absoluto y los frecuentes elementos de atrezzo magníficamente simbólicos. 

Estrenada en el Teatro Liceo en el 2018, la obra está de extraña actualidad por la nueva versión en forma de serie de la versión cinematográfica clásica “Alguien voló sobre el nido del cuco”, una visión desoladora sobre la terapia hospitalaria de las enfermedades mentales ¿Cuánto nos influye la pandemia en la salud mental de todos? Aspectos sumamente actuales la cultura resuelve con la risa y el llanto sobre el escenario, donde los personajes forman un catálogo de patologías que nos hacen reír y llorar y que permiten a los actores mostrarse individualmente todos como en un solo de jazz. Enfermos que interactúan, se someten a la tiranía de la terapeuta, a las sesiones de hipnosis, a las regresiones infantiles, a sus traumas y a sus esclarecedores sueños. Cada uno de ellos representado por un color y por una muy marcada patología. Diálogos desternillantes, también sumamente dramáticos que no esconden la crítica social a los tiempos que vivimos “Aquí no estamos para perder el tiempo, que esto no es la Seguridad Social” afirma en una de las escenas la dictadora terapeuta.


Entre los símbolos, los juegos, los diálogos plenos de hallazgos, el gesto exagerado, la crítica al sistema sanitario que todo lo resuelve con pastillas y antiguas formas de interpretar la enfermedad mental en su conjunto, menospreciando al paciente, la obra, de una insólita extensión, vapulea al espectador haciéndole reír y llorar. Ejercicio a la manera del teatro clásico griego, para sufrir, identificarse con lo representado y sentir esa empatía que a todos parece faltarnos cuando hablamos de la enfermedad mental en su conjunto.

Una obra que va más allá, quizás incómoda, siempre actual aunque ahora lo sea más que nunca y que requiere de los actores una preparación inusual. Se trata de un esfuerzo del diálogo y el gesto que merece el aplauso, el reconocimiento y el deseo de seguir viendo a este grupo arriesgarse una vez más, aprender, innovar, no dejarse llevar por el hermoso costumbrismo que han practicado también en alguno de sus montajes con mucho éxito. Porque esta es una de las características que hacen que “Komo Teatro” sea tan necesario: sus miembros tienen el ejercicio constante del aprendizaje, de la búsqueda, del más allá, del no conformarse. Y eso es lo que aplaudimos tras ver la obra, y más en estos tiempos inciertos en los que la cultura parece… cosa de locos, porque ¿Dónde está la línea, la leve cuerda que separa la cordura y la locura? Espléndida respuesta teatral la propuesta de Komo Teatro.

Fotos de Fernando Sánchez Gómez