"Me siento dispuesto a todo"

La festividad de Todos los Santos es celebrada en todas las culturas cristianas.

Todos estamos llamados a la santidad, en muchas ocasiones la ideamos a neustra manera.

Se cuenta en la vida de San Felipe Neri que un día acudió a consultarle una dama romana que soñaba ser una auténtica mártir: “Padre -le decía- yo quisiera sufrir tanto como Jesús. Incluso más que Jesús para consolarle en su pasión”. Felipe Neri trató de explicar a la señora que incluso en los deseos de santidad uno debería ser sensato y moderado. Y, como no quedó muy seguro de haberla convencido, encargó a un grupo de chiquillos de su Oratorio que mortificasen a la señora en cuestión. Que no le hicieran nada grave, pero que la persiguieran con sus ironías, que le hicieran pequeñas bromas, que se burlaran un poco de ella. Y no pasaron muchos días cuando San Felipe Neri se encontró a la señora persiguiendo a palos a los pequeños bromistas. Porque se trataba de una señora muy santa en sus sueños, pero muy poco paciente y comprensiva en la realidad (J. L. Martín Descalzo)

Ser santo en sueños, “querer sufrir más que Jesús”, es mucho más fácil que ser paciente y comprensivo con los demás y aceptar las persecuciones y burlas ajenas. Ser santo al antojo de cada uno, es estar muy lejos de cumplir y querer la voluntad del Señor, manifestada de mil formas en la vida real de cada día.

 

“Me siento dispuesto a todo”, decía Juan XXIII. “Entro en los 80 años. ¿Los terminaré? Todos los días son buenos para nacer y para morir. Mi tranquilidad personal, que causa tanta impresión en el mundo, radica en esto: permanecer obediente, como lo he hecho siempre, y no desear o pedir vivir más allá del momento o la edad en que eso deba suceder. Espero a mi hermana la muerte y la acogeré sencilla y alegremente, en las circunstancias que el Señor desee enviármela”.

Es bueno hacernos amigos de Dios y aceptar, de buena gana, lo que la vida nos depara en cada momento. Hacer la voluntad de Dios es querer lo que Él quiere. Al que cumple la voluntad de Dios todo le sale bien, no pierde la calma. Juan XXIII tenía fama de no preocuparse por nada y no lograba que nadie ni nada pudiera robarle el sueño. Él conocía el secreto.

Los santos son como “estrellas invisiblemente radiantes”. Se llega a ser santo por la conciencia de que somos pecadores y que todos necesitamos la misericordia de Dios”.

Los santos son los que aceptan la voluntad de Dios en la salud y en la enfermedad, en la vida y en la muerte