Un día como mujer en Arabia Saudí

Simples hechos cotidianos que realizamos en nuestro día a día son impensables para una mujer en Arabia Saudí.

Águeda Palacios

Defensora de los Derechos Humanos

Arabia Saudí es uno de los países más ricos del panorama mundial actual, con grandes infraestructuras en el terreno de las energías y los transportes, convirtiéndolo en el décimo noveno país más poderoso económicamente. Pero todo esto no es más que una falsa apariencia de modernidad, ya que la realidad en cuanto a derechos humanos es otra completamente diferente. Es un país donde todavía rige como sistema de gobierno una monarquía absoluta, considerada como uno de los gobiernos más abusivos del mundo, pues tiene restringidos la mayor parte de los derechos fundamentales. Muchas organizaciones mundiales de derechos humanos como Amnistía Internacional o Human Right Watch denuncian constantemente las innumerables violaciones de estos derechos.

Dentro de este panorama de restricciones y falta de libertades, la brecha de desigualdades entre géneros es notablemente evidente, siendo las prohibiciones que afectan a la mujer mucho mayores que las de los hombres, lo que genera una desigualdad social evidente y una vulneración de sus derechos aun mayor de la que ya existe para el resto de la población. Por ello, y bajo la visión de nuestra cultura y manera de vivir, ¿podríamos pasar un día como mujer en Arabia Saudí?

Simples hechos cotidianos que realizamos en nuestro día a día serían impensables para una mujer en Arabia Saudí. Levantarte temprano y elegir a tu gusto la ropa que llevarás ese día es un lujo que ellas no se pueden permitir. Se les obliga siempre a estar en público con la vestimenta típica de túnica negra, llamada abaya, y el complemento del hiyab, un velo que únicamente deja al descubierto el rostro. Si un día decidiesen no vestirse así para salir a la calle, podrían ser consideradas como “provocadoras”, y no se les permitiría estar en ciertos lugares públicos. Podría ser también motivo de conflicto entre los conservadores, que las increparían por la calle por vestir a su gusto. Esto no ha impedido que muchas ya se hayan rebelado contra este sistema, bien dejando estas túnicas abiertas por delante o bien llevándolas de colores poco usuales, como túnicas no negras o de colores chillones. Esa naturalidad con la que escogemos ropa para mostrarnos al mundo, ellas, por desgracia, no la tienen.

¿Derechos de los hombres sobre las mujeres? En este país existe un control por parte de los hombres en muchos aspectos de la vida de las mujeres, podría decirse que viven una vida tutelada, bien por su padre, hermano o por su marido. Estos pueden decidir sobre ellas y por ellas; y no pueden hacer sin su permiso cosas como casarse o estudiar. Ya no solo se trata del permiso exigido por las leyes, sino por la sociedad patriarcal que las ha enseñado (obligado) a ser sumisas y a depender de la opinión de los hombres aunque no la necesiten.

La segregación por géneros en espacios públicos empezó hace poco a suavizarse en unos mínimos, permitiendo a las mujeres la entrada a sitios donde antes solo podían estar hombres, pero siempre separadas de los varones. Llegan a tener incluso diferentes accesos a los sitios para no mantener este contacto. Claro ejemplo es el de los estadios deportivos, donde la falsa realidad que se vivió en la Supercopa de España es inexistente el resto de año.

Solo hasta hace poco tiempo, en junio de 2019, se levantó la prohibición de un acto tan extendido y cotidiano como es el conducir, cosa que no podían hacer solas las mujeres. Sin embargo, a día de hoy existen aún mujeres encarceladas que lucharon por este derecho, a pesar de que ya no existe tal prohibición. ¿Qué castigan entonces, la violación de la norma o el alzamiento de voz de las que se quejaban porque esta existiera?

Imagina no poder ir a un gimnasio o a correr en la calle, porque no tienes permitido hacer deporte a la vista de todos. Imagina no poder hablar con cualquier hombre de la calle porque no te está permitido entablar conversación con ningún varón que no sea de tu familia. Imagina no poder darte un baño en ninguna playa ni piscina pública que no sea específica para tu género. Imagina cuantas cosas de tu día a día, de tu vida cotidiana, tendrías que dejar de hacer.

Y por último, imagina no poder alzar la voz para pedir igualdad y para terminar con todas estas prohibiciones que existen en tu país, porque corres el riesgo de ser encarcelada y procesada. Es el ejemplo de 13 mujeres encerradas y acusadas de promover los derechos de las mujeres y por ello, de querer desestabilizar el país.

Por mucho que este país intente cambiar su imagen o lavarla vendiendo una falsa realidad moderna, lo que verdaderamente ocurre es una falta de libertad de expresión, de prensa, de reunión, asociación, y sobre ello, una brecha de desigualdad en los derechos de las mujeres que hacen que sea impensable para cualquiera vivir un día como mujer en Arabia Saudí.