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Sábado, 23 de enero de 2021

Nuestra edad de plata 

En la historiografía de hace ya años, se viene dando el nombre de ‘edad de plata’ a ese período de esplendor de la cultura española (artes, letras, ciencias, humanidades…) que va desde finales del siglo XIX (regeneracionismo y generación del 98) hasta la guerra civil.

Pese a ser un período históricamente convulso, en todos los ámbitos de nuestra cultura hubo un florecimiento con unos frutos que ya son permanentes en el ámbito de nuestra historia.

En nuestro oeste, en todo el llamado ámbito leonés y, particularmente, en tierras salmantinas, se produjeron notables contribuciones a ese período de esplendor, conocido, reiteramos, como ‘edad de plata’.

Si tenemos en cuenta nuestros artistas, por ejemplo, ahí están el escultor bejarano Mateo Hernández o el pintor mirobrigense Celso Lagar, que, en París, desarrollarían ambos una obra artística de notables dimensiones.

Si nos vamos al ámbito de la música, la figura de Tomás Bretón descuella sobre otras. Es el que escribe un prólogo para el ‘Cancionero’ de Dámaso Ledesma, otra importante contribución a nuestra edad de plata; cancionero que circularía por la madrileña Residencia de Estudiantes y que tanto influiría en la obra de Federico García Lorca, en su entusiasmo por el romance de “Los mozos de Monleón” o por las “nanas” infantiles, ya que muchos de los ejemplos que pone proceden de tal cancionero y más de una procede de la localidad salmantina de Tamames.

Un libro decisivo en la rehumanización de la literatura española en los inicios de la década de los años treinta del pasado siglo es el titulado ‘El nuevo romanticismo’ (publicado en 1930), pues bien, es de José Díaz Fernández, autor nacido en la localidad salmantina de Aldea del Obispo, aunque luego desarrollara su vida en tierras asturianas.

¿Y las Misiones Pedagógicas, impulsadas por la Segunda República? En tierras salmantinas, se desarrollaron varias, lo mismo que en las leonesas. La más memorable es la desarrollada durante una semana de abril de 1935 en varias localidades de La Ramajería (Brincones, Iruelos de Mesonuevo, Puertas…), en la que estuvieron nada menos que Miguel Hernández, José Antonio Maravall y Enrique Azcoaga.

Descubrimos tal Misión Pedagógica y la expusimos, en una charla, dada en Burgos en 2010, en un congreso sobre Miguel Hernández, organizado por el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua.

Fruto de tal investigación fue nuestro libro titulado ‘Miguel Hernández en las Misiones Pedagógicas por tierras salmantinas’, que publicaría en 2011 Junta de Castilla y León (Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, colección Beltenebros Minor nº 6), que se presentaría en Salamanca en el Centro Documental de la Memoria Histórica y, en el verano siguiente, en la Casa del Parque de Sobradillo.

En la ampliación de la biografía sobre Miguel Hernández que realizara su biógrafo José Luis V. Ferris, utilizó nuestro libro para añadir al itinerario biográfico del poeta oriolano un episodio de su vida que se desconocía y que se desarrolló durante una semana de abril de 1935 en tierras salmantinas.

Seguiremos, en otro momento, realizando más aportaciones sobre la contribución de nuestra tierra a ese momento histórico de florecimiento, a ese tiempo conocido como ‘edad de plata’.