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Miércoles, 27 de enero de 2021

¡Qué solos se quedan los muertos!

Llegó el día de los Santos, y por lo que se respira nuestros difuntos no van a disfrutar de nuestra compañía por culpa del letal bicho. Este año, se tendrán que conformar con nuestras flores, con nuestros responsos y con nuestros recuerdos más fervorosos. Les va a resultar extraña nuestra ausencia, pues nunca nuestros camposantos, el día de los Santos y de Ánimas, se vieron así, con su silencio y soledad vaciados de compañía. Ni siquiera el Tenorio va a descorrer el telón. Ni las ánimas se van a despertar con el tañido monótono de las campanas, como siempre. Ni el perro del señor Adolfo va a tener ocasión de manifestar su dolor y angustia con su aullido solemne y fúnebre. Ni la noche de los Santos las cuadrillas de mozos podrán celebrar sus corroblas a base de cabrito, conejos o gallos en la penumbra de la bodega de cualquiera, en plena armonía. Ni los mayordomos de Ánimas tampoco podrán saborear el guisado reparador en la torre, mientras doblan las campanas, sin descanso, en la víspera de Difuntos. Tampoco se escucharán los ecos de aquella oración cantada a favor de las almas del purgatorio en la procesión alrededor de la iglesia, encabezada por el Cristo y el estandarte de la cofradía de Ánimas.

Las almas del Purgatorio,

ya no dejan de clamar.

Jesús Misericordioso,

con tu mano, ampáralas

Y en el duermevela de esta madrugada, en la que no se oye un alma, mi imaginación se ha revestido de nazareno con capucha y con un farol encendido en la mano izquierda, ha recorrido todas las calles del pueblo y, con sigilo, ha ido tocando con los nudillos de la mano derecha todas las puertas de todas las casas, y, con la suavidad de los golpes, ha ido despertando todas las generaciones de difuntos que ha conocido durante los más de ochenta años de existencia. Y ha saludado a padres, abuelos, hermanos, tíos, primos de cada una de ellas; y las ha resucitado afanadas en sus trajines, en sus faenas laborales, con sus semblantes alegres y empáticos, con sus sueños e ilusiones, con sus frustraciones y amarguras… En toda su salsa vital, hoy dormida bajo una losa.

Y sonó el despertador y mi imaginación no se sobrecogió, porque la imaginación tiene un sueño ligero.

Me levanté con mi cuerpo cargado de tristeza y de recuerdos emocionados, mientras, en mis oídos, me seguía acariciando el tintineo de aquella canción de “Las almas del Purgatorio…”.

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