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Jueves, 28 de enero de 2021

Sobre la huelga nacional de médicos que no secundaré

Nunca he hecho huelga. Ni a favor ni en contra. Ni por duelo ni por rabia. Gobernara quien gobernase. Ni como trabajador, siempre en la misma profesión, la Medicina, ni como “estudiante”, que también convocan pintorescas huelgas para ellos y las convocaron para mí cuando lo era. Ni en una ni en otra situación me ha parecido que dejar de trabajar o de estudiar, durante unas horas, días o semanas, sea lo adecuado. En alguna asamblea o grupo de compañeros he votado, más de una vez, contra la huelga médica, opinión minoritaria en un colectivo donde la opinión mayoritaria, siempre y en todo lugar, es el silencio. Un silencio que en ocasiones sonará a cómplice o egoísta, o acaso cómodo, pero se revela a menudo como fruto del hastío y de la desmotivación.

No creo estar hastiado ni desmotivado, ni ser cómplice de lo que me parece injusto, erróneo o contrario a nuestra profesión. El egoísmo sí que lo llevo frecuentemente al confesionario: mi secreto que lo guarde el cura, como guardo yo el del paciente. Lo que no negaré es que encuentro mayor comodidad conmigo mismo, equivocada quizá, firmando debajo de algunas recurrentes reflexiones acerca de los motivos por los que los médicos españoles somos llamados a la huelga este próximo 27 de octubre. Prefiero firmar aquí que dejar sin rúbrica la casilla que me corresponda en la hoja que haya que enviar el martes desde mi centro de salud para que nuestros gestores sepan si nos hemos presentado a trabajar o no. Me deja más tranquilo conmigo esta firma que omitir esa otra.

Los que me conocen saben que nunca me inclino por la huelga, así que ni diré que me parece inapropiada en plena pandemia, porque de todas maneras me lo parecería, ni relativizaré su escaso impacto potencial, ¡un día aislado!, porque creo que los convocantes buscan más el símbolo que el impacto. Huelga legítima, seguro. Respetable, por supuesto. Y no serán peores ni mejores médicos los que la secunden: ni ellos están más comprometidos que yo con nuestras justas reivindicaciones, ni yo puedo alegar más compromiso que ellos con los pacientes o con los encargados de los servicios mínimos, que suelen ser muy máximos según los casos. La justificación vale para mí y en mí termina, sin mayor importancia.

Basta, sin embargo, la convocatoria de huelga para sumarme al recordatorio del que ha sido su detonante, el Real Decreto-ley del 29 de septiembre que desvanece la exigencia de una titulación para los que desempeñamos cualquier especialidad médica. No es que eso salvaguarde unos intereses gremiales de los especialistas sino que significa una garantía para los pacientes. En muchas consejerías de sanidad, de todo signo político, habrán respirado aliviados ante la complicidad ministerial que legaliza contratos de hasta un año, prorrogables, a médicos sin el título de especialista. Por no comentar esa degradación, en pleno BOE, de la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria, hasta el extremo de asignar tareas propias del médico a enfermeros procedentes del ámbito hospitalario.

La contratación de médicos sin MIR ni homologación de su especialidad ya se hacía. Más barato que fortalecer la figura del médico con un reconocimiento laboral del que carece en España. Menos costoso que invertir en formar a todos los graduados en nuestra nación y a los españoles o extranjeros graduados fuera de España que pudieran especializarse aquí. Algunos, muy pocos, protestamos por ello al comienzo del verano en reducidas manifestaciones con cierto eco mediático, cuando el Gobierno que ahora bendice esta rebaja de la calidad asistencial propagaba que salíamos de la pandemia más fuertes y más juntos, que habíamos vencido al virus. De cómo reorganizar un sistema sanitario que había hecho un esfuerzo inesperado y brutal durante tres meses, a partir de la motivación de sus profesionales, no se hablaba mucho en aquellos calurosos días. A comienzos del otoño pudimos comprobar que sólo se les había ocurrido el decretazo. Para entonces, ¡oh sorpresa!, no se sabe por dónde, el virus había “vuelto”. Y me temo que este martes no va a hacer huelga con los médicos que, legítima y respetablemente, la harán.

 

En la imagen, captura del informativo de TVCyL del 4 de julio de 2020: manifestación de médicos en Valladolid.