Martes, 24 de noviembre de 2020

Espada o estoque

Siempre fue de gran admiración, sobre todo si la mano que la maneja y el corazón que la rige, cumple debidamente su cometido y se hunde hasta el puño en la cruz del morrillo, para que el toro sin puntilla ruede

De las suertes del toreo, por la que siento más devoción y sensibilidad, en la que pongo una atención especial es, en la ejecución de la estocada. La espada (femenino) o estoque (masculino) siempre fue de gran admiración, sobre todo si la mano que la maneja y el corazón que la rige, cumple debidamente su cometido y, esta se hunde hasta el puño en la cruz del morrillo, para que el toro sin puntilla ruede. 

¡”Cuando de zagal veía a, aquellos Maestros tomar muleta y espada en las tablas y, cuando el mismo la desenfundaba de su vaina de cuero, el acero brillaba y fulgía”!... Durante unos instantes era apoyada sobre la madera pintada de la barrera, y en el borde de la valla la flexionaban un par de veces, hasta formar el arqueamiento necesario que facilitara su entrada y la hiciera más mortífera. ¡Aquella breve liturgia, me producía una emocionante fascinación!.

Pero la espada que no es venerada, bien usada y no se la respeta, no dará nombre al matador, sé encorajina y no entra, sacudirá con fuerza la mano, rebotara sintiendo su brazo la bala de su propio cañón con dolor y calambre, o puede asomar delatora produciendo un grifo de sangre, que publicara en el suelo la denuncia del fallo. El diestro matador, dirá que, perdió los trofeos por culpa de la espada, (mentira) el bruñido acero no tiene culpa de que su brazo, valor y técnica no se pongan de acuerdo en el momento crucial. Y, se debe tener en cuenta que, desde la ceremonia de alternativa, al armarse matador, debe tener en el corazón la espada o estoque “tanto mata, mata tanto”.Muchos matadores han llamado la atención por su arrojo y maestría con la espada, ¡ay la suerte suprema! Hoy las faenas preciosistas son premiadas, aunque estas sean rematadas con deleznables y feísimos estilos a la hora de dar muerte a los toros. Y además estos matadores cuentan con la complicidad de públicos indulgentes, que se han olvidado de lo importante que es, la suerte final.

La suerte de matar: - la suerte suprema -, es la más arriesgada, partiendo de la base que, se ejecute a ley. Porque en otro caso, el torero, al amparo del truco y las facilidades, hace disminuir el riesgo. Y sin embargo, debe tener muy presente el torero que, el buen manejo de la espada es lo que da, nombre, prestigio, y sobre todo contratos. A la mayoría de los espectadores, les interesa que el toro muera pronto, y por eso los toreros siguen el camino más fácil, el de menor exposición, que no es otro que, salirse de la suerte; es decir, no ejecutar la suerte. Lo corriente es que el torero entre mal a matar, y de ahí las estocadas defectuosas, son las denominadas perpendicular, delantera, pescuecera, atravesada, caída, bajonazo, chalequera y trasera entre alguna más. En cambio, estocada buena no hay más que una; aquella en la que el estoque está clavado en el hoyo de las agujas del bovino. Pero la mayoría del público se entusiasma cuando cae el toro fulminado. ¡Y vayan ustedes a explicarle que la estocada fue defectuosa, cuando no bochornosa!...


He leído que, un 2 de Mayo en Madrid, Juan Belmonte – completaba la terna con Joselito y Rafael el Gallo -. Belmonte sorprendió al cónclave, con una faena portentosa, de aquellas que se decía: así no se puede torear. Pero al parecer el Trianero, metió una estocada baja. Un ciento de espectadores se tiro al ruedo, y cogieron en volandas al torero, que llevaba en la mano una oreja del toro. Pues bien, por esa oreja armo la crítica una marimorena, al sostener, que no se debió conceder, el presidente del festejo hubo de hacer publica una carta, para hacer constar que él no había otorgado el apéndice, porque Belmonte había matado de estocada baja. Hoy los presidentes, tendrían que montar una secretaria para despachar cartas explicativas del porqué se conceden orejas a los muchos  toreros que matan mal; en ocasiones rematadamente mal. ¡O no es así!

            Fermín González salamancartvaldia.es            blog taurinerías