Sábado, 28 de noviembre de 2020

Don Miguel Delibes cumple sus cien años, uno de los grandes de nuestra Literatura.

 

Don Miguel había sido mi maestro, mi consejero y mi pauta en mi larga trayectoria de enseñante en la especialidad de Lengua y Literatura Española: él me enseñó a conocer el alma y la fatiga del hombre del campo; las fantasías soñadoras de las gentes de la clase media de la ciudad; él fue uno de mis secretos en el afán de enseñar a mis alumnos a juntar, con sentido, un sujeto y un predicado; y, a través de sus lecturas, me refrescó, siempre, ese humanismo cristiano, que rezuma su obra, y que él vivió y practicó en toda su andadura, como ciudadano, profesor, redactor y director de "El Norte de Castilla".

Valladolid lo lloró, lo homenajeó y lo despidió con un aplauso largo que resonó solemne en las bóvedas de la catedral, rellena de familia, amigos y admiradores. Don Miguel no ha muerte del todo, su espíritu está vivo, inmortal, entre nosotros, en esos títulos que conocemos y que tantos buenos ratos de reflexión y de satisfacción nos han proporcionado.

Y en su honor, vamos a realizar, brevemente, el comentario de algunas de sus obras dentro de su amplio abanico de temas, protagonizados por la vida marginada de un pueblo castellano (Las ratas), por la vida rutinaria del jubilado (La hoja roja), por las aspiraciones e ideales frustrados de Carmen (Cinco horas con Mario) y por la infancia en un pueblo con sus travesuras y vivencias entrañables (El camino).

Yo recuerdo, cuando era pequeño, que mi padre me mandaba al estanco a buscar un paquete de tabaco y un librillo "Abadié". Recuerdo, también, que el librillo avisaba que se terminaba con una hoja roja, colocada en la antepenúltima página, como señal de que había que comprar otro. Pues bien, esta imagen le sirvió, como alegoría, a Delibes para titular una de sus obras "La hoja roja", sobre la vida rutinaria de un hombre jubilado, que sólo le quedaba la compañía de su empleada doméstica; él estaba asustado porque, desde que se jubiló, le quedaba poco tiempo de vida, además, había perdido todo: a su mujer y a su hijo; no tenía relación con su otro hijo, y sus amigos se iban muriendo. Desi, criada de Eloy, se puede decir que es una pieza clave para él, ya que hará que se sienta menos sólo. Se puede decir que es la típica analfabeta que llega del pueblo a la gran ciudad y no sabe cómo desenvolverse. Es ingenua y, su mayor ilusión es casarse con su novio, "El Picaza", ilusión que se verá truncada al acabar "El Picaza" en la cárcel. Al final se termina por dar cuenta de que sólo se tienen el uno al otro.

Delibes toca todo lo cotidiano, todo lo que le sucede a la gente y se acuerda de toda la gente, hasta de las correrías y travesuras de los muchachos: esos años de añoranzas de juegos, de nidos, de pedradas, de gatariñas, de tirachinas...Y así lo hace en un libro que titula "El camino". En el contar del libro, los muchachos todos tenían nombre y moto, como ocurría en nuestro pueblo, los protagonistas se llamaban Daniel el Mochuelo, Roque el Moñigo, Paco el herrero y Germán el Tiñoso: estos eran toda la panda. Un día, los padres de Daniel el Mochuelo deciden enviar a su hijo a estudiar a la ciudad, porque querían que su hijo fuese un hombre de provecho, pero él no entendía lo que era eso de provecho, porque Pedro, el hijo del boticario, estudiaba en la ciudad y era un personajillo débil, y él prefería ser un hombre fuerte y grande como Roque el Moñigo, porque, para él, lo más provechoso era el cuerpo y no la mente, y sigue… Su lectura es aleccionadora.

Ya hemos comentado que Delibes es muy sensible con todo lo que es sufrimiento, miseria e injusticia, y lo manifiesta en la obra, que los críticos catalogan como la más interesante: "Las ratas". Esta obra se centra en la vida de Nini y el Ratero, los cuales desarrollaban su vida dentro de una cueva y vivían a costa de la caza de ratas. Estaban constantemente sometidos a la presión del alcalde del pueblo, Justito, que, presionado por el Gobernador, les exigía el inmediato desalojo de la cueva, para poder derrumbarla, pero la cabezonería del Ratero era mayor que las amenazas que le venían de la autoridad. Nini y el Ratero tenían una perra, llamada Fa, que, con su hocico, contribuía a que la caza fuera más sustanciosa. A falta de conejos, la rata era un plato, que podía calmar hambres y necesidades.

Otra de las novelas importantes de Miguel encumbró a una de las actrices más señeras de la cartelera española, Lola Herrera. Se trata de "Cinco horas con Mario", el monólogo de Carmen, tendida junto a su marido fallecido, rememora su vida en común. Es aquí la vida que ha llevado Carmen, esperando en casa a que regresase su marido, dedicada única y exclusivamente a las labores del hogar y al cuidado de los hijos; sin estudios; relegada a un segundo plano; el hombre tenía el papel principal en la casa. Carmen se da cuenta, al repasar su vida, de los errores que ha cometido y de la frustración que le ha supuesto el vivir junto a Mario, porque sólo la quería de vez en cuando, cuando a él le apetecía: se quejaba cada vez que se quedaba embarazada, no quiso comprarle un coche para no gastar dinero, puesto que él iba en bicicleta y no lo necesitaba, o que le llamase la atención cuando se ponía un jersey fino y se le notaba el sujetador. Todo ello le hace arrepentirse de no haber tomado otras decisiones en su vida, y haberle plantado cara cuando le era posible.

¡Lo que se echa hoy en falta el HUMANISMO de don Miguel!