Martes, 24 de noviembre de 2020

Apetencia

Según el Diccionario-APETENCIA-, es. “Movimiento natural que inclina al hombre a desear alguna cosa, deseo, anhelo”.

Andaba yo últimamente un tanto “tocado” en mi ego particular por temas que me concernían muy directamente; pues después de muchos años de no perderme la apertura de una veda en la caza deportiva ¡más de 60 años! esta vez-2020-, no he podido estar en el campo en una mañana tranquila del mes de agosto; ni tampoco  estaré ya en la de octubre. (Ver foto). La caza; una modalidad deportiva que siempre me apasionó. Con ser ello doloroso para mí se aumenta cuando tengo que escuchar… ¡Es que los años no pasan en balde!

Cierto es. Y no me anima mucho el haber leído estos días: “Es necesario superar los mitos sobre la enfermedad y la vejez”… ¡Como si ello fuera tan fácil!

Y, no creáis que no lo intenté todo para, aplacar, disminuir o suavizar una cosa tan rigurosa y áspera. Ello es tarea harto difícil pues siempre me recuerda que lo hice ya en otra ocasión sin resultado positivo hace-40- años; cuando tuve la-APETENCIA-, el-anhelo-, el deseo, de volver a un lugar en donde había trascurrido parte de mí juventud y fue una experiencia dolorosa. Y así lo comenté en su momento: “Hoy, después de-40-, he vuelto a casa (“del médico”) en la que vivimos muchos años y ha sido motivo de dolorosos recuerdos; por mis padres ya fallecidos y por las muchas penas y alegrías que tuvimos entre sus cuatro paredes. Pena que se acrecentó cuando pude ir viendo a los hombres y mujeres del pueblo con los que había convivido. Ya, casi todos, tan viejos y ajados como yo. Aquellos hombres y mujeres eran aquellos amigos con los que jugaba y compartía risas, ilusiones, cosas, deseos y anhelos. Amigos de muchas aventuras juveniles, de montar en los carros de mulas, de las tareas de la trilla en las eras, de compartir pan con tocino y cebolla en aquellos atardeceres maravillosos sentados a la grata sombra de la cabaña. Y los domingos, el baile, al son de la música de dulzaina del señor-Justino- y sus hijos. Y dé los primeros amoríos de una vida que comenzaba”…

Buenos días Anselmo.

Buenos y santos, señor Manuel. ¿Le-apetecería-, a usted un buen-vermú- con anchoas y queso?...

Eso siempre. Además de amena compañía y ganas de conversación. ¡Ya estás tardando!

Qué pena este año por las fiestas del pueblo.

¡Ya lo creo! Ni sombra de lo que fueron otros años. Además tuvimos la mala suerte de que fuéramos “tocados” por un positivo del maldito-coronavirus- y las secuelas posteriores, muchos vecinos del pueblo que ya estaban aquí de vacaciones lo abandonaron precipitadamente, todo se trastocó y las fiestas ya no fueron lo que habían sido… y que lamentablemente; nunca lo vuelvan a ser.

No le veo muy optimista señor Manuel.

¡Qué remedio! Aunque tengamos que “apechugar” con ello, que es: “El aceptar alguna cosa venciendo la repugnancia que nos causa”. Ello hace que se note en el ambiente de la vida diaria la preocupación y pocas ganas de fiesta.

Estoy de acuerdo. Además hace unos días leía unas manifestaciones realizadas por el-Papa Francisco- en que denunciaba: “Otras patologías tan graves como el-Coronavirus-; como el egoísmo o la indiferencia, al señalar a quien trata de trepar o pasar por encima de los demás y destruye la armonía que Dios ha creado y añade… la-Pandemia-, también ha puesto en evidencia patologías sociales que distorsionan la visión de la persona, ignorando su dignidad y su carácter racional. Y que fomentan la cultura del descarte, trasformando al ser humano en un bien de consumo”.

¡Menudo panorama!

Cambiando de tema. El otro día volví a visitar-La Fuente Vieja-, que hay en-Poveda de las Cintas-. Lugar en el que pasé-27- años de mi vida. Fuente de gratos recuerdos y vivencias. Me –apetecía- mucho el hacerlo.

Y, ¿Qué tal te fue?

Pues hombre, no sé cómo definirlo. Pues muchos años después de “estar fuera” volví a la-Fuente- y me hicieron unas fotos que extrapolé con otras que me hicieron en-1958-. La misma-Fuente-, la misma persona… ¡Pero qué diferencia, qué cambio! Confieso que como-Aladino-, en –La Lámpara Maravillosa-, pensé en beber de su agua y pedir un deseo. ¡El de la-Eterna Juventud! Pero pensándolo bien y considerándolo un milagro; rebajé mis pretensiones y me dije… voy a pedir que me quede como estoy. Pero vana ilusión. Pues sigue siendo un milagro. Y más al recordar que en la foto del-58, era yo subido en lo alto del pináculo de la-Fuente-, y en la de-1999… ¡estoy abajo del todo! con cara triste.  Aseguro que no intente subir a lo más alto y dudo de que lo hubiera conseguido.

Indudablemente señor Manuel, ello fue una prueba no superada. Así que, piense usted y acertará, que en esta última visita en él-2020-… con cara aún más triste y ajada. (Ver foto) ¡Ni con agua mágica hubiera superado el intento!

No hace falta el que continúes contándolo. Lo he comprendido a la primera. Pues eso.