Lunes, 26 de octubre de 2020

Pandemia de colas.

Pues aquí estamos otra vez confinados por la Junta, cuya “manera de actuar (…) es una sucesión de ataques contra los derechos y libertades individuales y contra las instituciones de nuestra democracia liberal.” Son palabras de la Presidenta de la Comunidad de Madrid para la misma situación allí (los puntos suspensivos dicen “del Gobierno de España contra Madrid”). Podríamos añadir decisión “autoritaria e inflexible” realizada “a punta de pistola”, entre otras sandeces. Impropias de quien ocupa un cargo de tanta responsabilidad fruto de unas elecciones democráticas (a pesar de perderlas). La situación ya es demasiado complicada para que se distraigan así y hagan dejación de responsabilidades. Están muriendo demasiados compatriotas.

En estos meses descubrimos como la suicida política sanitaria de recortes y privatización deja la salud de la población a la intemperie. O la administración anoréxica es incapaz de afrontar una crisis, a pesar de tener soluciones. Y la economía especulativa, permisiva con la corrupción, de la precariedad y el paro infinito, a la que le sobra la juventud y el talento, al primer viento desfavorable nos desnuda. Sin olvidar el fiasco de la educación, ante el auge de fascismos y conspiranoicos de la mentira entre una ciudadanía incapaz de procesarla críticamente. Y la responsabilidad no es solo de la política partidista, también de una abúlica sociedad. Porque seguimos viviendo en sociedad, y repensar el país entre todos parece una urgencia vital.

Descendiendo a la Tierra y a la convivencia diaria, en realidad quería llamar la atención sobre una vieja práctica social revitalizada estos meses, las colas. Por la limitación de aforos en espacios cerrados, es inevitable esperar para casi cualquier cosa. Así vemos colas diversas en las puertas de establecimientos o administraciones. A veces se juntan con otras tradicionales vinculadas a servicios públicos como puede ser el transporte, sin que ninguna administración se sienta aludida para intentar corregirlo. Ya veremos qué ocurre con el frio en esta nueva realidad.

Muchos antes de la pandemia ya eran habituales las colas en este punto de la Gran Vía donde se pueden coger diversos autobuses metropolitanos. A la izquierda los Servicios Sociales de la Junta, cuya rampa de acceso ayuda a estrechar el lugar.

Parece, con demasiada frecuencia, no ser consciente la gente que la forma de hacer esa cola puede crear problemas al resto en su discurrir por el espacio público. En general se suelen hacer de frente al lugar al que se quiere acceder, y así se “corta” la calle obstaculizando el paso. No sé si esto es producto también del exceso de individualismo “neoliberal”, o del fracaso de la educación. A veces se olvida con facilidad que compartimos el planeta, y más humildemente la calle, con más personas. 

No pretendo pedir, salvo algún caso puntual, al Ayuntamiento o quien sea se ponga a ordenar colas, o crear normas para ello. Ni tampoco culpar a los comercios y demás establecimientos de esto, demasiado tienen ya. Simplemente quería llamar al sentido común de todas mis convecinas y convecinos para corregirlo. No creo resulte complicado fijarse en el entorno y hacer una cola en paralelo a una fachada de la calle, por ejemplo. Demasiado han de hacer nuestras autoridades para encima ponerse a cosas tan nimias y de sentido común, y ejemplo del respeto que nos tenemos entre todos. Si de paso tanto estúpido fiestero y "rebelde" sin sentido fuera consciente de ese todos, seguramente irían mejor las cosas.