Jueves, 22 de octubre de 2020

Día de la Hispanidad 2020

     O Día de la raza. Así, como suena, “de la raza”. Eso lo crearon los propios americanos, al parecer muchos de ellos orgullosos todavía de la herencia cultural, económica, política y religiosa recibida de España, aunque ahora muchos renieguen de ella y se dediquen a derribar estatuas de San Junípero Serra, por ejemplo. José Miguel Serra y Ferrer –nombre de pila de San Junípero- fue un fraile franciscano mallorquín, o sea, español, que en la primera mitad del Siglo XVIII dejó sembrada California de ángeles y santos antes de que fuera invadida por la fiebre del oro y por la larga marcha hacia el Oeste. Todos hemos visto en las pelis del Oeste lo fieros que eran los indios y como, año a año y guerra a guerra, eran reducidos, derrotados y encerrados en reservas. Eso ya lo previó San Junípero, no porque fuera adivino, sino porque conocía lo que los portugueses, holandeses y británicos habían hecho con los esclavos traídos de África y él, franciscano, pobre entre los pobres, no quería que les pasara lo mismo a los indígenas del Nuevo Mundo. Equivocadamente o no, pensó que agrupándolos en Misiones donde se les ofrecía progreso cultural y un oficio, era más fácil que pudieran sobrevivir y prosperar. Parece que acertó, aunque les pese a algunos, contaminados por el grave problema racial todavía no resuelto en USA a pesar de su Guerra de Secesión.

     No tengo perspectiva histórica suficiente, pero de mí sé decir que conocí muchas familias en Paraguay que seguían siendo bilingües español-guaraní, o guaraní-español, que “tanto monta”. Lo del “tanto monta” no es un recurso literario, sino el sustrato político que permitió el Descubrimiento, la conquista, la colonización y la evangelización de América. El proyecto español para el Nuevo Mundo tomó cuerpo, nunca mejor dicho, en Paraguay, donde quedó demostrado por los hechos que la colonización española tendría defectos, que los tuvo, pero se caracterizó por el mestizaje, defendido por la Corona y por las leyes. Los españoles que arribaban a aquellas tierras se casaban con mujeres guaraníes y los vástagos eran criados en guaraní y presentados en sociedad en español; o sea, que la madre les enseñaba el guaraní mientras mamaban y el padre el español mientras jugaban y se socializaban con otros niños en la escuela y en la catequesis parroquial.

     Casi todos los países latinoamericanos independizados de la Corona española tienen una proporción importante de indígenas, pero algunos no. No desaparecieron en estos los indígenas por la mala lecha colonizadora de los españoles, sino por el racismo de los criollos, descendientes de españoles, pero responsables de los procesos de independencia de cada país con respecto a la Corona de la que todos habían sido súbditos, y, después de la constitución de Cádiz, ciudadanos. O sea, que la responsabilidad de la desaparición o la pobreza de los indígenas está muy repartida, pero cae más sobre los hombros de las élites de los países latinoamericanos, que fueron las fautoras de la independencia y la posterior discriminación de los indígenas.

     Ha caído en mi guasap una frase de Eduardo Galeano, lapidaria y cortante como muchas de las suyas, referida a la conquista de América: “Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: “Cierren los ojos y recen”. Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia”. Debe referirse a los predicadores puritanos –protestantes- venidos en el Myflower, porque para desgracia de los católicos, la Biblia no estaba recomendada, incluso estaba prohibida, y malamente se la iban a dar a los indígenas si los españoles no clérigos no podían leerla y, por lo tanto, por desgracia –repito- no la tenían. Nadie da lo que no tiene. Lo que sí dieron los evangelizadores a los indígenas fue unas preciosas tiras de cómic donde, en dibujos, se explicaba el Evangelio y la utopía del Reino de Dios. ¿Fue casualidad que el Reino de Dios explicado en cómic encajara como un guante en la cosmovisión guaraní o fue cosa de la Providencia? ¿Podría ser que el ser humano, en lo más profundo, tenga intuiciones comunes, aun separadas por la distancia y la cultura? No soy experto en Historia de las Religiones. ¿No será que las intuiciones de Eduardo Galeano son deudoras del nacional-laicismo típico y tópico –trending topic-  de la República Oriental del Uruguay?

     Ya se ve que esto de la Hispanidad no fue cosa de Franco, sino muy anterior, contemporánea y posterior a él y a sus dictaduras -dictadura y dictablanda-. Aquí, en el solar patrio, en ese eufemismo que algún poeta nacionalista catalán llamó “la pell de brau = la piel de toro” o “Sefarad”, o sea, en España, el nacionalismo está muy unido a la lengua o lenguas que habla el pueblo. De ser así, la Lengua Española sería expresión de un nacionalismo transnacional reconocido y fomentado por la Real -¡Vaya por Dios, otra vez la monarquía parlamentaria y democrática!- Academia de la Lengua –RAE- y su Diccionario, que recoge –casi- todas las expresiones léxicas utilizadas por los hablantes de los pueblos de la Hispanidad, allende y aquende el Océano Atlántico.

     Y volviendo a la Biblia, la Virgen del Pilar (o de la columna) hace referencia a la columna de fuego y humo –así aparece en las dos líneas de la Antífona de entrada de la misa de hoy, Día de Nuestra Señora del Pilar- que iba guiando al Pueblo de Israel por el desierto de la vida y de la Historia hacia lo desconocido, hacia el futuro, también en este tiempo de pandemia en el que futuro tenemos pero es, por definición, desconocido e incierto, pero en el que siempre está y estará presente Dios que es, por definición, Futuro. Dios es Memoria, Amor y Futuro. María del Pilar es la columna, la nube, -columna fuerte y nube luminosa y difusa, aparente contradicción del Misterio- que nos guía a través de lo incierto.