Viernes, 30 de octubre de 2020

Del Rosario a la Misión

El Rosario y las Misiones unidos por la obra genial de una joven mujer

El mes de octubre está cargado de acontecimientos, aparte de ser en muchos casos el comienzo del curso escolar o laboral. Las fechas más destacadas son la fiesta de la Virgen del Rosario (día 7) y la jornada del DOMUND (este año el domingo día 18). Pero, además, comenzamos el mes el día 1 con la fiesta de Santa Teresita del Niño Jesús, patrona de las misiones. También tiene relieve el día 4, fiesta de San Francisco de Asís. El 12 la Virgen del Pilar, fiesta nacional. El 15, fiesta de Santa Teresa de Jesús, en otro tiempo patrona de España y ahora titular protectora, con San Juan de Sahagún, de la diócesis de Salamanca. 

De cualquiera de estas fiestas se podrían hacer largos comentarios de gran interés para el público en general. Hoy quiero poner de relieve la fiesta del Rosario y la jornada del DOMUND, la jornada mundial de las Misiones. 

Pero antes hemos de tener en cuenta que en el mes de octubre se celebran también dos acontecimientos que parecen de tipo secular, aunque han sido adoptados por la Iglesia: el Día de la Creación, donde multitud de grupos cristianos se comprometen a trabajar por la defensa y perfeccionamiento de la naturaleza, siguiendo los pasos de San Francisco de Asís, por eso se celebra el cuatro de octubre que es la fiesta del santo de la pobreza y del amor a todo lo creado. El otro es la jornada por el trabajo decente, que tiene lugar el día 7 de octubre, y aquí la celebramos con una vigilia de oración presidida por el vicario de pastoral, y se concluyó con una marcha hasta la plaza de Anaya y con la lectura de un manifiesto. 

La fiesta de la Virgen del Rosario la celebramos el año pasado el equipo diocesano de las Misiones, junto con los padres dominicos y la Hermandad o Cofradía de la Virgen del Rosario, con toda solemnidad, como parte de los actos que daban relieve al mes misionero extraordinario, que había convocado el Papa Francisco un año antes. La celebración consistió en una Eucaristía del mayor rango, junto con toda la comunidad de los padres dominicos, y se continuó después con una solemnísima procesión por el precioso claustro de los Reyes, cantando y rezando el Santo Rosario, ofreciendo cada misterio por uno de los cinco continentes, componiendo así el Rosario Misionero. 

La pandemia del virus covid-19 ha hecho que este año la fiesta quedara reducida a la misa solemne, celebrada por los dominicos y un reducido número de asistentes presenciales, pero abierta a todos los que quisieron unirse a ellos a través de la emisión en streaming. Las cosas han cambiado en el modo, pero el espíritu sigue vivo. 

Conviene recordar que la fiesta de la Virgen del Rosario, también llamada Virgen de la Victoria, fue introducida por el Papa dominico San Pío V, en agradecimiento a la Virgen por la victoria en la gran batalla de Lepanto frente a los turcos, musulmanes de la época, que amenazaban con adueñarse de toda Europa. El Papa potenció la costumbre del rezo del Rosario para solicitar la ayuda de la Virgen en momentos de luchas violentas y de guerras que amenazan y destruyen la paz del mundo. 

La otra gran jornada es la jornada misionera universal que en España se conoce con el nombre de DOMUND, composición de la palabra con las sílabas iniciales del DOmimgo MUNDial de las Misiones. Lleva celebrándose esta fiesta ya hace casi un siglo, desde 1926. 

La jornada del DOMUND fue promovida y se mantiene actualmente por iniciativa de la Obra Misional Pontificia de la Propagación de la Fe. Esta obra fue fundada, como Asociación para la Propagación de la Fe, por una joven obrera de Lyon que trabajaba en el taller de seda de su familia. Se llamaba Paulina Jaricot,  y era una seglar que conoció las necesidades de las misiones y la posibilidad de ayudarlas con oración y cooperación económica, sobre todo a través de un hermano misionero, miembro de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París. 

Esta mujer concibió la idea de promover la cooperación misionera de una forma organizada. Así, invitó a sus compañeras de trabajo y a otros obreros de Lyon a reunirse en grupos de diez personas que se comprometían a rezar por las misiones diariamente y a entregar un pequeña cuota semanal de un centavo en favor de las misiones. Era el año 1822. 

La obra fue creciendo hasta que el 3 de mayo de 1922 el Papa Pío XI elevó a esta obra misionera, junto con otras tres obras similares, a la categoría de Obras Misionales Pontificias, es decir, las Obras misioneras del Papa para la colaboración con las misiones de todo el mundo. 

Paulina fundó otra memorable obra de oración, la Asociación del Rosario Viviente. Quince grupos de personas se comprometían, y todavía siguen comprometiéndose, con rezar cada grupo un misterio del Rosario cada día. El Rosario y las Misiones nuevamente unidos por la obra genial de esta joven mujer. 

Estas dos obras especiales, así como la vida de oración y entrega que ella llevaba, han hecho que se la reconozca como venerable por la Iglesia, y el 26 de mayo de este año 2020 el Papa Francisco ha autorizado promover el proceso de su canonización. Qué bien estaría reconocer en una seglar tan meritoria su categoría de Santa.