Lunes, 26 de octubre de 2020

Así se distribuyen por municipios y se vive un día cualquiera en los conventos y Monasterios de Salamanca 

El mapa actual arroja 18 lugares de vida contemplativa en los que las jornadas, como en el de Cantalapiedra, son maratonianas
Convento Sagrado Corazón de Jesús de las clarisas en Cantalapiedra

El mapa de los Monasterios y conventos en la provincia de Salamanca arroja una gran variedad de congregaciones, diseminadas por todo el territorio, entre la capital y la provincia, con cerca de una veintena de lugares que, además de ser centro de culto, forman parte de la historia más arraigada de los territorios en los que se asientan.

Tal y como detalla el censo de la Diócesis de Salamanca, en la actualidad se mantienen activos 18 conventos de vida contemplativa. Siete en la ciudad y el resto en el mundo rural, de los cuales tan solo uno de ellos es masculino, el de los Carmelitas Descalzos del Monasterio de San José en las Batuecas.

Geográficamente, podemos localizarlos por municipios que, en el mundo rural, se sitúan en localidades como Alba de Tormes, con las Carmelitas Descalzas, las Isabeles y las Benedictinas, a la que se suman Mancera de Abajo, que atesora un convento de Carmelitas  Descalzas, Cantalapiedra y las clarisas (el más numeroso de la provincia con más de 50 hermanas), Peñaranda de Bracamonte y la congregación de las Madres Carmelitas Descalzas, Las Veguillas y el Monasterio del Cristo Crucificado Cabrera y las Carmelitas Descalzas, Cabrerizos con otra división de las Carmelitas Descalzas, las Trinitarias de Villoruela, las Carmelitas Descalzas de Las Batuecas y el convento de las Agustinas Recoletas en Vitigudino.

Todos ellos comparten sin duda una misma rutina, la de los días intensos de actividad y oración, algo que no cambia a pesar de la evolución de los tiempos y la sociedad. Unas maratonianas jornadas que hemos querido conocer de primera mano, recorriendo la intensa planificación de una jornada cualquiera en el convento Sagrado Corazón de Jesús de las clarisas en Cantalapiedra.

“El día es muy ajetreado aunque parezca lo contrario. Algunas veces, cuando explicamos las tareas, nos dicen pero estas en el mismo día o has pasado a otro” asegura sonriendo la Madre Sor María Aleluya.

“Nosotras nos levantamos a las seis menos cinco de la mañana. A las seis y media comenzamos con un tiempo de oración personal en la capilla. Ya a las siete y media cantamos Laude, haciendo todo el oficio de alabanza cantado, tras lo que llega el momento de la misa y la acción de gracias. Después de esto llega otra hora litúrgica de rezo hasta el momento del desayuno, sobre las nueve y cuarto. Las Clarisas vivimos en fraternidad, por lo que hacemos la mayor parte de las cosas en fraternidad, todas juntas” explica Sor María.

Pero la jornada continua con el mismo ritmo de actividad ya que, tal y como detalla, “tras el desayuno comienza el trabajo, teniendo cada una distribuido un plan de trabajo en todas las áreas del convento (repostería, huerta, cuidados a enfermas, cocina…). Ya a la una y media nos volvemos a reunir para rezar otra hora de la liturgia, tras la que llega la hora de comida, algo que hacemos en silencio, escuchando lectura espiritual. Después de la comida, sobre las dos y cuarto, tenemos un tiempo de recreo en el que charlamos entre nosotras, nos informamos sobre las noticias que más nos puedan afectar y compartimos comentarios. Posteriormente tenemos una hora en silencio para hacer lo que cada una quiera, tras lo que llega una nueva hora litúrgica, sobre las cuatro menos cuarto, con el oficio de la lectura”.

Ya por la tarde, según asegura Sor María, “dedicamos tiempo a la formación en diferentes áreas dentro del convento. A las siete y media llega el momento del rezo de las vísperas y el Rosario, tras lo que realizamos un tiempo de lectura espiritual”. La cena, y un tiempo de recreación, sirven de previo para un último rezo diario, sobre las diez y media de la noche, tras lo que llega el tiempo del descanso” aunque antes de ello, añade que “durante todo el día, desde las diez menos cuarto y hasta las nueve de la noche, mantenemos el Santísimo expuesto, haciendo turnos de adoración de una hora cada hermana”.