Viernes, 30 de octubre de 2020

La peor pandemia ya ha llegado… y se queda

Se llama dar en o con la tecla. «En salud, ustedes mandan pero no saben», han dicho a los dirigentes públicos más de cincuenta asociaciones médicas. No han hablado a humo de pajas: primero hicieron un congreso (virtual) y luego han publicado las conclusiones en una carta abierta que bajo ese tajante y cabal titular reclama una política responsable y condena el método negligente y sectario con que autoridades legas en sanidad han manejado la pandemia. Sin criterio epidemiológico, sin transparencia, sin conocimientos profesionales ni asesoría independiente de personalidades expertas. A bandazos improvisados al margen de cualquier planificación estratégica. Ese desprecio consciente, esa voluntaria ceguera, ese ensimismamiento arrogante, esa temeridad mostrenca se resumen en una palabra que define la causa de este fracaso sin posible dispensa. Una síntesis en cinco sílabas de la verdadera plaga que asuela la pedestre élite que nos gobierna: incompetencia.

Ojalá se tratase sólo de una carencia específica de aptitud para abordar un problema sanitario. Porque el diagnóstico de los especialistas se queda corto: la mediocridad, la inoperancia, la inmadurez y la ausencia de cualificación para el liderazgo se han convertido en la norma que rige la dirección del Estado. Una pléyade de advenedizos oportunistas y fatuos, tan hábiles para la propaganda como carentes de cualquier clase de pensamiento abstracto, ha asaltado el poder sin más equipaje intelectual ni moral que su desparpajo narcisista y su envanecimiento adánico (Ignacio Camacho ABC)

Mi compañero y articulista Ignacio, siempre suele dar en la tecla, como él dice. El comentario que yo había pergueñado, coincide con el suyo como si fuera una pléyade estelar iluminando la oscura noche que se nos presenta.

No obstante, Ignacio, no has hablado de la peor pandemia que nos viene encima y para quedarse. LOS GRAVES PROBLEMAS PSICOLOGICOS Y AGRAVAMIENTO DE LOS EXISTENTES.

I parte

La ineptitud que acarrea muertes, sufrimiento y pobreza, se sitúa en un nivel superior de responsabilidad política, hasta el punto de que se puede hablar de culpabilidad, de la vinculación entre la falta de aptitud personal y el daño público. Sánchez no es solamente responsable de gobernar mal, usando la mentira, la opacidad, la inhibición y el sectarismo. Sánchez es culpable de no escuchar a quienes saben de lo que él ignora, que es mucho; de poner sus intereses propagandísticos por encima de la salud pública; de ausentarse de su cometido en plena evolución de una crisis; de fomentar la disensión nacional cuando el consenso resulta perentorio; de actuar, en suma, con mezquinos cálculos de facción para diluir  como azucarillo en un vaso de agua, la visión de sus errores y carencias.

Nunca ha habido tantos asesores contratados para subsanar la falta de formación intelectual de los ministros de un gobierno que se hace llamar PROGRESISTA, como los que integran hoy la tropa auxiliar de Sánchez y el vice Iglesias. Sin embargo, tal profusión de materia gris en la sombra no garantiza la idoneidad de una gestión y la consecución de resultados óptimos. Ejemplo: la labor del gabinete sancho-chavista, frente a la pandemia, que ha acarreado lo que las fuentes internacionales acreditan como la peor gestión de la OCDE y que, como consecuencia, apunta a la que va ser la crisis socioeconómica más destructiva padecida por nuestro país desde el final de la Guerra Civil..

Cuando no se pretende hacer lo mejor para el ciudadano, sino lo más deseable para la satisfacción de la ideología gubernamental o, simplemente, para la obtención de ventajas propagandísticas aprovechables a corto plazo, a fin de rentabilizar el famoso colchón, los buenos consejos pueden caer en saco roto, preteridos por quienes prefieren la soberbia de su propia ignorancia y la imposición de su propio criterio distorsionado por falta de formación académica...

Mil expertos de nada valen, si les dicen a las izquierdas lo que no quieren oír y enfrentan a sus líderes con decisiones difíciles que, ni siquiera por responsabilidad, estos están dispuestos a asumir a costa del riesgo de la impopularidad. En un ambiente político viciado y corrupto, con la vuelta al esquema de las “dos Españas”, la racionalidad y el sentido común tendrán serios obstáculos para imponerse a la mendacidad, opacidad e improvisación que son señas características de quienes forman el Ejecutivo.

Sánchez e Iglesias son culpables, en suma, de querer sacar réditos políticos en medio del sufrimiento de los españoles, mientras erosionan conscientemente los fundamentos constitucionales del 78, la democracia liberal y el futuro de la nación, convertida en minúsculos reinos enfrentados entre si. Quieren un PAÏS sometido ante el miedo, el hambre y la necesidad.