Materia oscura

El pasado 14 de septiembre, la revista científica Nature Astronomy publicaba un estudio firmado por científicas y científicos de varios centros de investigación astronómica de Europa y América, en el que se informaba del descubrimiento de la molécula ‘fosfina PH3’ en las observaciones realizadas sobre el planeta Venus. Como resultado de un trabajo de investigación iniciado hace décadas, los últimos avances tecnológicos han permitido que el trabajo de talentosos equipos de especialistas científicos y centros punteros en la investigación mundial, se haya logrado uno de los descubrimientos más importantes de los últimos tiempos.

Como quiera que ese hallazgo pudiera indicar la existencia de alguna forma de vida en el planeta vecino, el gallinero mediático en que se ha convertido la actividad informativa española toma como centro esa remota posibilidad, pone el acento en la anecdótica cualidad de mal olor de la molécula, y haciendo gala de la mediocridad y negligencia con la que se trata la investigación científica en este país, manosea, manipula, abarata y convierte esta noticia en objeto de burla y chiste en espacios de supuesta información seria.

“El coronavirus no existe; la pandemia es un invento de Gates para controlar la humanidad y acabar con las libertades; la ciencia ha de cumplir los preceptos religiosos; las mascarillas matan; las vacunas están destinadas a infectar en vez de curar; la Tierra es plana, fue creada hace seis mil años y hay continentes que no existen; el cambio climático es un mito; la homosexualidad es una enfermedad; es segura la existencia de un diseño inteligente de la vida y la evolución es solo una teoría...”. Estas y otras afirmaciones, que hacen ondear y siguen en todo el mundo grupos de gente cuyo escaso nivel intelectivo y notable ignorancia son manipulados por organizaciones reaccionarias y sectas de todo tipo, parten también y son consecuencia de la siembra de desprecio con que la inmensa mayoría de los medios de comunicación “responden” a cualquier avance científico y siguen hundiendo en el oscuro pozo del desprecio vociferante el desarrollo intelectual de la ciudadanía de este país, su nivel de conocimientos y su estatura cultural, abandonados todos en un gran número de aulas, parlamentos, periódicos y mentalidades todavía del siglo XIX.

La desatención, el desconocimiento y, sobre todo, el desinterés con que este país, sobre todo política e informativamente, ha tratado siempre a la Ciencia (y a las científicas y científicos y en general la investigación), se constata en cada ocasión en que un avance científico irrumpe en la realidad informativa, evidenciando una y otra vez la rémora acientífica y el desdén hacia la Ciencia que padecemos desde hace siglos. No es casual que el caballo de batalla de la comunidad científica española haya sido, y siga siendo, la lucha contra la precariedad, la falta de presupuesto en la investigación, la escasez de medios y apoyos, el retraso crónico, el manoseo político de la ciencia y la imposibilidad de plantear proyectos de enjundia siquiera a medio plazo, dada la volatilidad de cualquier certeza presupuestaria y laboral al respecto. Como la enseñanza, la investigación científica ha sido colonizada en su desarrollo por los intereses económicos y partidistas, que con la anuencia de unos medios de comunicación bovinos, han impedido el desarrollo y crecimiento de una actividad clave no solo en su propio terreno, sino que afecta a la salud del núcleo mismo de la sociedad. La actual explosión de la divulgación científica, admirable desde cualquier punto de vista, hace más evidente tanto la sed de conocimiento por parte de la sociedad como la crónica desatención a la investigación y casi intolerable trivialización mediática e institucional de sus logros.

Como sucedió con la reciente detección de ondas gravitacionales indicativas de un suceso cósmico inexplicable; como está sucediendo con el descubrimiento de las partículas de fosfina que las mismas científicas responsables (en su mayoría mujeres) avisan que necesitan aún de tiempo y presupuesto para trabajosas comprobaciones; como vimos por las reacciones ante la primera impresión fotográfica de un agujero negro; como está sucediendo con la información relativa a los trabajos de biología molecular, epidemiología e investigación respecto a la Covid-19 o la reacción frente a trabajos científicos, descubrimientos o detecciones biomédicas, astronómicas o físicas, las normales cautelas que el mundo científico tiene antes de afirmar o negar conclusiones o valoraciones, son obviadas y despreciadas por los redactores “graciosos” de turno, los “listos” de la información, los reyes del resumen chusco (no en programas de humor, sino de información supuestamente “seria”), y su desprecio, incultura e ignorancia tergiversa la información, confunde al público, abarata el valor del logro científico y, sobre todo, muestra que el viejo “que inventen ellos” sigue presente, dolorosamente presente, en cada letra del abecedario español de la ignorancia.