Martes, 22 de septiembre de 2020

“Han llegado a pedirme una videollamada para poder despedir a un familiar, me he sentido padre de una gran familia”

El sacerdote, que actualmente se encuentra al frente de seis parroquias, narra su experiencia junto a los vecinos durante estos duros momentos y como afronta la nueva realidad económica que esta viviendo junto a ellos
El sacerdote Fernando García Gutiérrez se hace cargo de siete parroquias en la actualidad
Los párrocos se han convertido en algo más que sacerdotes durante estos duros meses de pandemia y Estado de Alarma frente al coronavirus. La experiencia personal y sacerdotal vivida durante todo este tiempo ha dejado una profunda huella en ellos, ya que más allá del altar y la oración, se han convertido en ‘bálsamo’ personal y espiritual para sus vecinos, tanto en la capital como en las innumerables pequeñas localidades que forman la provincia salmantina.
 
Un buen ejemplo de cercanía y esfuerzo en la totalidad de las localidades que abarca y de manera directa con sus feligreses, lo encontramos en el sacerdote Fernando García Gutiérrez, actual párroco de Mancera de Abajo, Salmoral, Macotera, Santiago de la Puebla, Alaraz y Malpartida, todas ellas localidades de la comarca de Peñaranda. 
 
¿Cómo has vivido tu labor sacerdotal al frente de las parroquias durante la pandemia?
 
FG: Yo lo he vivido con mucha normalidad y a pie del cañón desde el primer momento. Hemos estado atentos a las familias que han ido  perdiendo a sus seres queridos, acompañado al cementerio desde el primer momento a los difuntos, muchas veces solos, los enterradores y yo…es muy duro, la familia incluso me pedía que hiciera una videollamada para poder vivir la despedida… ha sido una etapa dura. En algunos casos, para ayudar a los familiares de los ingresados en los hospitales, casi sin familia, había que contactar con los capellanes para poder hacerles llegar cosas necesarias en su duro día a dia, como medicamentos o incluso ropa interior para poder cambiarse. Y a todo ello añade la preocupación por los vecinos necesitados de cada pueblo, labor que hemos podido ir salvando junto a los alcaldes.
 
Una vez reanudada una cierta normalidad tras el Estado de Alarma llegaba el verano, ¿ha sido diferente a otros?
 
FG: Ha sido súper atípico y con muchísimos funerales, ya se han traído a los municipios gran cantidad de cenizas de familiares que han muerto en otras ciudades o en residencias.Hemos tenido casos incluso de familias que los han incinerado y han guardado en casa para luego traerlas. Ha sido un verano muy duro de funerales, de entierros, de misas hechas por la gente que había muerto, y las familias muy desorientadas y descontroladas porque ni se creen que se han muerto los familiares.
 
¿Has notado esa desorientación y descontrol de la gente ante la despedida de un familiar en estas complicadas circunstancias o en el trato con los vecinos y feligreses?
 
FG: En cuanto a las despedidas, date cuanta que han traído a sus madres, padres o familiares cercanos, a quienes hacía meses que no veían en las residencias. Muchos no se creen que su familiar esté muerto porque no han tenido misa, no han tenido funeral, no han tenido pésame, ni velatorio, ni ningún signo visible que se lo haya hecho pasar. Todos estos gestos que vemos como algo rutinario en las despedidas creo que se han convertido en lo que son en realidad, una ayuda pedagógica para la despedida de los seres que queremos”.
Por otro lado también he realizado acompañamiento en las residencias, que han sido las personas más afectadas, haciendo compañía por el teléfono. En Macotera soy el presidente del patronato y he podido entrar en la etapa en la que ha estado mejor, he podido dar la misa a distancia, ver a los ancianos e incluso realizar videos hechos en momentos como la Semana Santa o Pascua, todo para que ellos fueran participes de la vida de la parroquia durante este duro tiempo de encierro. He tratado es estar,  de mostrar mi total disponibilidad con la gente que lo necesitase.
 
El acompañamiento ha sido sobretodo en el tema de la fe ¿no? Te han solicitado ayuda a nivel humanitario?
 
FG: Si claro, yo me encargo también de la delegación de Caritas en Peñaranda con los voluntarios y una chica que viene de Caritas diocesana de salamanca, algo a través de lo que hemos ayudado mucho a las familias, sobre todo a las que no han podido salir a trabajar y tenían que  pagar el alquiler o en la alimentación, siempre trabajando junto a la Trabajadora Social del Ayuntamiento y Cruz Roja. Al final todos estábamos y estamos unidos para llevar soluciones a muchas familias que han quedado un poco a la deriva por las circunstancias.  
 
¿Has notado un cambio en el perfil de la gente que se ha acercado a pediros ayuda?
 
FG: Pues si y no, En general la gente que ya venía se han mantenido, pero hemos visto ampliadas las peticiones de ayuda a gente que sostenía la economía con algún trabajo sumergido y que ahora no han podido por diferentes circunstancias, principalmente por la situación sanitaria. Las y los que cuidaba a ancianos, son las personas que más han sufrido esta crisis económica y están empezando a sufrirla. Gente que  hasta ahora han ido tirando de muchos recursos de familia, pero que ven como todo eso se agota. De hecho, aunque trabajamos con cita previa, el volumen de solicitudes de ayuda y encuentros para contarnos situaciones personales de necesidad se han visto incrementadas muchísimo, creo que estamos en una situación de necesidad mucho más profunda de la que hemos visto hasta ahora.
 
Como sacerdote imagino que tendrás momentos que no se olvidarán nunca de esta pandemia junto a los vecinos de los pequeños municipios y sus parroquias
 
FG: Tengo un recuerdo imborrable de un domingo vacío y de repente te avisan de que traen un difunto de Madrid. Y llega el momento del cementerio y te encuentras solo con los enterradores…tienes que agarrar, echar una mano, enterrar a la persona, no solo haciendo la oración sino agarran la caja o las cuerdas…a mi eso me descontroló humanamente, llegué a casa muy afectado y me costó el día entero levantar el ánimo porque no dejaba de pensar en que si fuera mi madre o mi padre, si soy yo el que los tuviera que haberlos despedido así, eso me dejó un poco tocado.
 
Otra de las experiencias que no olvidare fue una persona mayor sin mucha familia, a quien tuvimos que llevarle los recursos necesarios al hospital para que pudiera comunicarse con familiares, porque en los hospitales te cuidan sanitariamente pero humanamente a veces no tienen tiempo debido a la situación que estaban viviendo. Hicimos un gran esfuerzo para poder hacerle llegar lo que necesitaba y pudiera conseguir al menos recibir el aliento de los suyos.
 
¿Que ha supuesto el papel de los párrocos aquí en los pequeños municipios aquí en la provincia?
 
FG: Pues puede parecer que la mayoría hemos vivió encerados sin salir por lo que nos pudiera pasar, pero mi pobre experiencia ha sido la de una labor de acompañamiento y presencia en el pueblo y entre la gente, buscando que sintieran que sus pastores en nombre de Dios y en nombre de la Iglesia estábamos a su lado y no les hemos abandonado. Ese es el resonar que me ha ido llegando de la gente. Sobre todo, sentir que en la distancia estábamos presentes, tanto los unos como los otros. He sentido la cercanía como de un padre que llama para ver cómo están sus hijos, pero no solo los domingos, sino todos los días. El toque de campanas de las 12 la gente lo ha agradecido enormemente porque como que generaba cierto sentimiento de cercanía con la unidad pastoral…como que a esa hora estábamos rezando alguna oración comunitaria. Ha sido un sentido de familia, yo me he sentido así, como padre de familia.