Mirar para atrás, en la iglesia de Macotera, no es pecado

Desde que construyeron la tribuna de la iglesia de Macotera, a mediados del siglo XVI, mirar para atrás en la iglesia no es pecado. Desde ese momento, los macoteranos podemos gozar de este privilegio, y, desde ese momento, nadie nos puede impedir contemplar la joya más preciosa y artística que tenemos en Macotera, sin mermar la importancia de otras.

Quiero decirte que esta obra maravillosa tardó en esculpirse dos años: 1550 a 1552; y trabajaron, en ella, entalladores musulmanes y renacentistas, dirigidos por los maestros, Pedro Sánchez, Juan de Carmona y Sebastián García; y un tornero, que hizo las rejas de la balaustrada de la tribuna, por encargo de los maestros, y cobró, por su trabajo, mil ciento cuatro maravedís; los tres artistas percibieron setenta y un mil novecientos sesenta y dos maravedís. En madera gruesa para labrar las vigas y en menuda, se emplearon diecinueve mil cuatrocientos cincuenta y seis maravedís y, en clavazón, nueve mil once maravedís y medio.

Aunque el artesonado resulte una obra magnífica de la carpintería morisca, es superado por la armadura holladera, que cubre el techo del bajocoro. Está todo entallado y henchido de lacerías, que forman caprichosas estrellas y pentágonos entrelazados; el centro de cada dibujo lo ocupa una gran flor.

Distribuidos en el tramo del bajo coro de la nave de la derecha, figuran cinco racimos de mocárabes (motivos decorativos que penden del techo): los cuatro de los lados, octogonales; y el del centro estrellado.

El tramo correspondiente a la nave central, (recogido en la foto que se acompaña) muestra ocho racimos de mocárabes: dos estrellados y el resto, octogonales. Todo conserva el color negruzco de la madera, oscurecida ésta por los años y por el humo de los cirios; pero esta maravilla se completa con el detalle de la cornisa renacentista y la magnífica decoración de la viga.

Toda la viga es un desordenado desfile, en el que participa la más compleja variedad de seres naturales, humanos y espirituales: jarrones, tabernáculos, máscaras, cabezas de serafines alados, una calavera alada, una cabeza de toro, jarrones de los que salen figuras humanas, un medallón con una cabeza de carnero, niños a caballo o en carros, escudos, medallones con los bustos de san Pedro y san Pablo: en las esquinas: los bustos de David y de Moisés.
En el tramo central, en su mitad, aparecen dos tenantes, sujetando el escudo de la Virgen del Castillo, compuesto por un jarrón de azucenas y un castillo, Patrona del templo parroquial;
En el friso, hay una serie de cabezas de serafines alados, que se miran, alternativamente, y, sobre ellos, pende una hermosa cornisa de mocárabes, sobre los que descansa la viga que ensambla la balaustrada.

Ya tenemos dispuesta la tribuna, y hay que hacer una escalera buena para subir a ella; se construyó una de madera, pero se vio que no ofrecía mucha seguridad, y, al año siguiente, se toma el acuerdo de hacer dos escaleras de cantería, una pequeña y otra grande, por lo que “el mayordomo de la iglesia se conecta con un cantero, de buen oficio; pero, previamente, el mayordomo y el cantero, (Miguel de Iscano), deben parescer ante el visitador diocesano antes de firmar el contrato”. Inició la obra de Navidad para delante de 1553. Según la carta de pago, Miguel de Yscano recibió, por la obra, nueve mil quinientos e diez e nueve maravedís.
Finalizada la obra de la tribuna, los dos tramos laterales se reservan para que sean ocupados por los mozos y casados durante los cultos; y el central, exclusivamente, para los cantores de la misa y oficios divinos.

El 14 del mes de abril de 1556, cuatro años después de la finalización de la tribuna, la iglesia carecía de órgano; y, entonces, el alcalde y regidores, aprovechando la presencia del señor Visitador, le piden un buen órgano para la iglesia, "por ser el pueblo muy cresçido". Al representante del Obispo, le parece bien y manda al mayordomo que vaya a Salamanca para dar a hacer el dicho órgano,

"que sea grande y bueno, y que llegue a dusçientos ducados, y se faga el contrato ante el señor Visitador, por que la iglesia no sea engañada". (Un ducado equivalía a 375 maravedís u once reales).
Se encargó a Francisco Criado, organista de Salamanca. Se le dio un adelanto de cinco mil seiscientos ochenta maravedís; pero el coste total ascendió a setenta y nueve mil setecientos noventa y ocho. Ya funcionaba el 26 de mayo de 1557.