Lunes, 28 de septiembre de 2020

La despoblación 

“Lo rural ciertamente se diferencia de lo urbano, pero no por los espacios o los signos con los que solemos identificarlos, sino por una cuestión de pervivencia en el tiempo.

En tanto que la cultura urbana está presente sin más, la rural es a la vez pasado, presente y la esperanza de futuro.

La cultura popular es toda esa tradición a la que nos asomamos desde las raíces populares. Aparentemente enterradas, ocultas, pero de las que depende nuestra pervivencia.”

Estas palabras están escritas en el Centro de Interpretación de la Vida Rural de La Santa Espina (Valladolid).

Muchos al leerlas nos sentimos identificados con ellas y con el espíritu que tienen.

En el medio rural existe un problema: la despoblación. No es algo que haya caído del cielo, como una maldición; la aceptación de la gente del campo dice “tendrá que ser así” No, no tiene que ser así. Es algo previsto y forzado para que ocurra, obedece a un fin.

Siguiendo el hilo de mi artículo anterior sobre el neoliberalismo, la despoblación es una de las “armas” para hacerse con el mercado, y que mejor mercado para sacar rentabilidad al dinero que la alimentación. (Cuando digo mercado me refiero a las grandes corporaciones que dominan el dinero)

Dirán ustedes ¿qué tiene que ver la despoblación con el mercado? Mucho. Decía un secretario de Estado americano (no recuerdo su nombre) “al pueblo hay que controlarlo por el estómago, si tienes controlado su estómago tienes controlado al pueblo”  dicho esto se empieza a ver la relación.

Hace años en el campo español se empezó a gestar su abandono, se pagaba por cerrar explotaciones ganaderas, salieron enfermedades en ganado que por un animal enfermo se cerraba un explotación (aun hoy ocurre) se arrancaban viñas, etc. no interesaba ni interesa que haya gente en el campo, las personas del campo defienden su hábitat, de hecho de él depende su modo de vida, pondrán especial cuidado en no destrozarlo, en cuidar de las plantas, los animales, todo lo que forma parte de su mundo. Por no hablar de la calidad de los productos alimenticios que pueden salir de un cultivo tradicional, y también me refiero a la calidad de los productos derivados de los animales, huevos, leche quesos, vino, etc.

Habrán oído o leído la fábula de la Rana Cocida. Es la forma que tiene el mercado de suprimir aquello que le estorba, lo hacen despacio sin prisa, lo importante es llegar con éxito. Vamos a la fábula, la explico grosso modo: Metes una rana en una cazuela a fuego lento, le pones unas piedras, plantas   y la vas alimentando, que sienta a gusto,  poco a poco la temperatura va subiendo y la rana se aclimata. No tendrá necesidad de salir porque tiene alimento, se está bien y los días de frio no se notan, las energías de la rana se van debilitando con el calor, cuando quiera darse cuenta que el calor es insoportable, no podrá salir y si lo hace habrá olvidado como buscarse sustento, se ha acostumbrado a lo fácil. (Mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer)

Todo esto lo trasladan al sector primario y verán que pasa lo mismo: el campo se acaba, no hay relevo generacional (o es muy escaso) estamos llegando a un punto de no retorno. Si a esto añadimos los precios que tienen las maquinarias, los piensos, la sanidad animal,  las trabas burocráticas, las dificultades de comunicación  para conectarse desde el pueblo y no perder tiempo resolviendo  algo, que desde la  cuidad se hace desde casa y a cualquier hora. Al  mercado no le interesa conectar los pequeños núcleos rurales, no obtienen rentabilidad.  Malas comunicaciones, escasos trenes donde los hay, poca comunicación por autobús.

Pocos son los que aguantan al canto de las sirenas para ir a vivir a la ciudad, los jóvenes lo tienen más difícil: no hay colegios, el médico con suerte irá dos días a la semana, las tiendas no son  supermercados, etc.

Se escucha decir: es que en los pueblos no hay nadie. En la ciudad hay mucha gente pero con mucha soledad, (otra de las consecuencias del neoliberalismo) mucha gente pero cada uno con sus cosas, nos metemos en nuestra celda (piso) saludamos al vecino hablando del tiempo, la mayor comunicación que tenemos con él es en las reuniones del portal, y muchas veces no es  comunicación precisamente lo que tenemos.

En el campo es impagable respirar aire sano, ver el vuelo de un halcón, el suspenderse en el aire de un cernícalo,  la puesta de sol, el amanecer, todo eso que la naturaleza nos da y está en nuestra mano en el campo.

La vivienda es más barata, por el precio de un piso en la ciudad construyes una casa con parcela. En este tema también el neoliberalismo ha metido baza. Se anuncian a bombo y platillo promociones de viviendas públicas en algunos pueblos, y tardan años en construirse, cuando se construyen. En otros no se autoriza su construcción “porque debilita el mercado de la capital” Esa explicación es cierta, ocurrió con una promoción de viviendas en mi pueblo.

 

 Todo esto es debido al mercado, no van a gastar dinero donde no sacan beneficios.  Que se encargue el Estado de ello, dirán ustedes. Sí debería, pero no olvidemos que una de las metas del neoliberalismo es la desaparición del Estado en las gestiones que atañen a la vida de las personas. Y desde que primero el liberalismo y ahora el neoliberalismo están gobernando,  Estado no está ni se le espera, lo han reducido a la mínima expresión privatizando todo.  

Pero volviendo a lo del campo, debemos concienciarnos que es necesario que haya vida rural, que la pervivencia en la capital depende de ello. Recuerden en estas fechas de Ferias y Fiestas en que la gente de los pueblos venía a Salamanca, muchos comercios de todo tipo existían gracias a ello. Generaban riqueza y esa riqueza generaba riqueza en otros sectores de la misma capital.

 Ahora todo son grandes superficies donde la riqueza se va,  no se reinvierte aquí, tan solo los salarios de los trabajadores y todos sabemos cómo son.

Durante esta pandemia hemos visto una  campaña de apoyo al campo español fomentando la compra de productos nacionales. Todos nos volcamos en ella pero a veces era difícil encontrarlos en las grandes superficies que están sometidas a los valores del mercado, los dividendos se producen comprando barato y vendiendo caro y hay productos españoles que para que la explotación sea rentable el precio es más caro que el que se trae de fuera, al productor español no le queda más remedio que vender barato aunque pierda. Eso contribuye al hundimiento del campo y de hecho a la despoblación, cuyo último fin es hacerse con los medios de producción para imponer su ley de precios y lo que es peor de calidades.

De nosotros depende que el mundo rural desaparezca y de paso el nuestro, con todo lo bueno que hemos conseguido hasta ahora, sobre todo los que nos precedieron que nos dejaron una naturaleza para aprovecharla, pero sobre todo respetándola y eso el habitante del campo lo hace mejor que nadie.