Lunes, 28 de septiembre de 2020

Una ¿extraña? vuelta al cole.

Una calle de Paris cerrada al tráfico para que se pueda acceder con seguridad a un centro escolar.

Llevamos una larga temporada de controversia sobre la vuelta segura a la actividad docente, por el grave problema de la pandemia. Recordemos que Educación y Sanidad son competencia de las Comunidades Autónomas. Según la Constitución “Los poderes públicos garantizan el derecho de todos a la educación”. También consagra la libertad de enseñanza, y esto junto a su calidad hace años se intenta confundir con educación privada.

Punto tradicionalmente conflictivo durante el curso escolar en el Paseo de Canalejas, donde existe alguno más.

Pero me interesa un efecto colateral que afecta a los municipios. La educación se basaba en centros públicos, garantes de la igualdad de oportunidades, referencia de su entorno territorial inmediato. Pero en aras a una malentendida libertad, la creciente preponderancia de centros privados concertados ha roto los límites territoriales. La Junta de Castilla y León impuso el distrito único.

Coches en las aceras de la Avenida de los Reyes de España, en horario escolar.

De ir al colegio cerca de casa se ha pasado a poder vivir en Valdelagua e ir sin trabas a uno en Pizarrales, por ejemplo. Con ello demasiados alumnos van en vehículo privado, creando conflictos al entrar y salir de los centros. Coincidiendo, además, con horas punta de tráfico. Se infringen las normas de circulación en dobles filas o invasión de aceras, con la permisividad del Ayuntamiento “`popular”, como si preocuparan poco los riesgos para las propias niñas y niños que llevan a los colegios. No solo ocurre en centros privados, por cierto.

Todo preparado a la entrada de un centro escolar en Barcelona.

Frente a esto, en otros sitios intentan corregir los problemas. Quizás el caso más publicitado sea Barcelona y su programa “Protejamos las escuelas”. “Quiere avanzar hacia la pacificación del espacio urbano que rodea estos equipamientos y contribuir a que se respire un aire de más calidad y a que haya más espacios de encuentro y menos accidentalidad y ruido”, según nota municipal de Julio.

Cierre de una calle en Sabadell para posibilitar un Camino Escolar. Algo que se llevó el viento en Salamanca.

No es el único caso, Sabadell empezó algo parecido en 2018, y en Gijón andan en ello. Las ilustraciones muestran lo que quieren hacer y conseguir. “Dar respuesta a las demandas ciudadanas de proteger de manera prioritaria a los niños y niñas de la ciudad y hacer de las escuelas y sus alrededores un lugar seguro y lleno de vida”, según la nota de Barcelona. Y qué decir del extranjero, donde se acude al colegio en bici incluso en zonas muy lluviosas.

Calle de La Marquesa de Almarza con la Gran Vía también con problemas en período escolar, giros a la izquierda incluidos.

En Salamanca hay demasiados centros educativos en lugares conflictivos, el mapa de ruidos tiene un buen listado, y va siendo hora que estas cosas también lleguen por aquí. Aunque nos obligue la crisis sanitaria. Si nuestra meta es el progreso y la modernización de la ciudad, hoy va por estos caminos. Como el olvidado Camino Escolar.

No puedo evitar referirme al problema de la pandemia en Salamanca de estos días, sorprendido por la actuación de la Junta de la que no tenía mala opinión (si olvido la gestión de la crisis en las residencias de mayores, claro). No voy a apoyar al alcalde de Valladolid, pero tiene su razón. Si el 18 de agosto, según la prensa, la Junta estaba muy preocupada, no entiendo la aparente pasividad con la falta de reactivos que retrasan resultados de pruebas cruciales, ni los 4 espectáculos taurinos con cerca de 3.000 asistentes “Destino La Glorieta” (en especial sus tumultos a la salida apenas recogidos en los medios, por cierto). La casi reivindicación del Vicepresidente del exabrupto de Vox sobre ataúdes en la Gran Vía madrileña, tampoco apuntala sus argumentos precisamente.