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Jueves, 4 de marzo de 2021

Alicia Almeida, pasión en danza

“Taconea al son de la gaita y el tamboril del folclorista José Ramón Cid Cebrián mientras cantan Dalila y Aarón Salazar a la guitarra de Nano Serrano. Los sones charros y los gitanos giran, se alzan en las manos de la bailaora zamorana”
Alicia Almeida durante la entrevista para SALAMANCA AL DÍA, en la Casa Lis | Fotos: Carmen Borrego

Negra y roja, intensa y apasionada, Alicia Almeida taconea al son de la gaita y el tamboril del folclorista José Ramón Cid Cebrián mientras cantan Dalila y Aarón Salazar a la guitarra de Nano Serrano. Los sones charros y los gitanos giran, se alzan en las manos de la bailaora zamorana y dejan paso a veteranía y a la genialidad de Poldo de Mogarraz, una institución en el baile que, al final del espectáculo “Charros y Gitanos”, danza con la charra, danza con la bailaora y deja en este verano de pueblos en sordina, la fiesta de su arte. Hoy en la Casa Lis, rodeada de las criselefantinas detenidas en el hermoso movimiento de los ballets rusos, Alicia Almeida habla y baila, canta y se mueve como si la bailaora del cuadro de Celso Lagar hubiera cobrado vida en su sonrisa plena, su pasión por el baile, su conocimiento siempre deseoso de seguir aprendiendo…

¿Qué tiene Zamora con el flamenco?

Hay una conexión entre Andalucía y el norte por la Ruta de la Plata y otros factores, como que la mano de obra antes era andaluza, o que hubo una cárcel ahí, en Zamora, pero sobre todo, lo que más influencia tiene es la Ruta de la Plata; además hay palos del flamenco de etimología gallega como la farruca, o asturiana como el garrotín… Zamora está a medio camino.

¿Garro qué?

De la vera de la vera de San Juan, al garrotín, al garrotán… ¿No os suena? Se estudia en el conservatorio que el origen del flamenco viene de muchas cosas. El flamenco es de transmisión oral, la historia del origen de los palos no se ha escrito. En el conservatorio ahora se homogenizan las teorías para estudiarlo. Por ejemplo, la danza española son cuatro disciplinas, cuatro estilos de baile: el folclore, que lo estudiamos todo; la escuela bolera que se está un poco perdiendo porque la gente joven no sabe muchas cosas, es una disciplina súper difícil con elementos de ballet clásico sumado a la percutiva del flamenco; la danza estilizada, que es una fusión del flamenco y la escuela bolera que se baila con zapatos y castañuelas y el flamenco.

Pensamos que el flamenco se aprende en la familia, sin formación académica. ¿Cómo te iniciaste?

Mi madre tiene una academia de baile; cuando yo empecé a bailar flamenco no había conservatorios en la provincia, sino escuelas privadas y para mí eso es una pena. Yo entré en el conservatorio superior e hice una especialidad en Pedagogía del Flamenco. En estos estudios te das cuenta de que la parte del cante es infinita, por ejemplo, hay palos que se distinguen por el sitio, por quien los canta, por la forma, o la forma en la que se ha transmitido en una familia.

Pero si naces en una familia de tradición flamenca lo aprendes desde chico. ¿En tu familia aparte de la academia de tu madre había tradición?

Nada, lo que pasa es que siempre he vivido cerca de barrios gitanos y eso tiene que influir un poco, aparte de las disciplinas de baile de la academia de mi madre, y de que luego, desde pequeñita, iba con mis padres a tomar vinos a un sitio que se llamaba El Rocío que actualmente es la galería de arte de mi padre, Espacio 36, cerca de la Plaza Mayor. El Rocío tenía una bodega y ahí han estado Paco de Lucía, Camarón, Rancapino… Todos los grandes, cuando venían a tocar a Zamora. Esas cosas a mí me sumaban, y luego que el flamenco es ver cómo te transmite algo a nivel emocional una persona cantando, porque canta con tanta emoción que a mí me llega, me produce pena, a veces lloro escuchando y bailando, porque es un quejío al fin y al cabo, y esto es lo que más me ha gustado del flamenco siempre, lo que te transmiten el cante, la música.

Oír cantar a Aarón y a Dalila Salazar y verte bailar es maravilloso.

El flamenco no deja de ser un lenguaje gestual y duende. Mi teoría es que existe una magia y un duende que te tocan, son una serie de códigos que se producen entre los músicos en el momento. Prueba de ello es que la gente que canta y baila en un tablao no suele ensayar, es como una experiencia única, siempre diferente.

¿Quién manda, el cantaor o la bailaora?

Dicen que manda el baile, el baile te va marcando. Pero yo ayer tuve en el coche una discusión porque creo que manda el cantaor, si el cantaor está cantando y está a gusto, alarga los tercios, es decir, alarga sus cantes. Tú puedes estar aguantando para que el cantaor transmita su fuerza o sus dotes. El baile decide quién entra o cómo va la estructura, pero cuando está el cante, el cante es la base del flamenco. Las propias músicas tradicionales las hacían en las familias y cada uno le daba su toque personal, alargando los fandangos, por ejemplo, cambiándolos. El flamenco es muy rico, aparte de las influencias del pueblo gitano hay otras y eso se ve en los cantes de ida y vuelta de las Américas, por ejemplo, que son más livianos, y que te evocan a la música de Cuba, como la guajira.

Alicia, yo bailo charro, y a mí no se me ocurre, por ejemplo, bailar una charrada con pasos propios de un fandango serrano porque cada baile tiene sus movimientos. ¿Ocurre lo mismo en el flamenco, los pasos son propios de cada tipo de baile o se pueden mezclar?

Sí, en el flamenco tienes ciertos movimientos para saber cuándo entras o cuando sales. Eso es una llamada, tú siempre llamas para que el cantaor entre a cantar, marcas cuando está cantando, haces tus cosas para darle énfasis al cantaor y en las bulerías te recoges y te vas. El que guía es el bailaor, en el charro el que marca es el tamborilero. A la hora, por ejemplo, de mover unos pasos a otros a nivel métrica sí que puede hacerse,  pero a nivel de interpretación, de caracterización, ya es diferente. No puedo bailar igual una guajira que es muy dulce, muy sensual, que una bulería que es un vacile, una burla. Yo puedo coger un paso con la misma métrica y cambiarlo, pero el carácter no.

¿Cómo entraste en el proyecto de José Ramón Cid Cebrián “Charros y gitanos”?

Yo he trabajado con Nano Serrano, fue una suerte para mí porque cuando llegué al Amor de Dios, que es la catedral del flamenco, muchas bailaoras no sabían lo que yo porque no habían trabajado con un guitarrista flamenco. El Nano es una eminencia, en Salamanca ha habido muy buenos cantaores y guitarristas flamencos. En Zamora hay afición, pero Salamanca es vocación, práctica. A mí Nano me llamó para este proyecto hace cinco o seis años para el Bolsín, yo ya había hecho alguna cosa con Emilio Salazar que era el cantaor con el que íbamos, que tiene una vocación… Íbamos Emilio, José Ramón, Nano, y yo, además, interactuábamos con dos niños novilleros, hacíamos una coreografía y yo bailaba con ellos. Luego Emilio se retiró y entraron Dalila y Aarón.

¿Son Salazar los tres, son hermanos?

Sí, son hermanos, una saga, les pregunto de sus padres, abuelos, me cuentan… son impresionantes. Yo antes de todo esto ya bailaba La Chana, luego la hacía con Emilio, y después empezamos a incorporar más cosas. Este proyecto es muy bueno porque el folclore no estaba muy en auge entre la gente joven. ¡A mí también me ha pasado! Por ejemplo, a mis amigos, el flamenco no les gustaba, les ha empezado a llegar ahora y el folclore igual. Si te gustaban eras como antiguo. Mi percepción, y conociendo estudios que se han hecho, como las conferencias tituladas “Danza, nación y género”, es que estaban estigmatizados por la dictadura, lo que evocaban lo no quería la gente. Eso sí, en aquella época las compañías de danza española recorrían toda España, había un movimiento importante de difusión, pero luego se relacionaba con ese tiempo. Se ha vuelto a ello porque es un patrimonio dancístico el que tenemos que yo creo que lo pondría de asignatura en el cole para apreciarlo y conocerlo.


Tú eres maestra y responsable de una escuela.

Sí, yo tuve un momento en Madrid que necesitaba un cambio y me salió un proyecto en Japón. Daba clases en colegios, en actividades extraescolares, y no era lo que yo quería. En Japón, donde aman el flamenco y te sientes supervalorada, la tarea de docente era mucho más especializada, constante. A la vuelta quería seguir y una amiga me dijo que buscaban una profesora de danza flamenca para una academia, vi la oportunidad y al final me quedé llevándola. Antes del confinamiento tenía 200 niños y niñas que bailaban muy bien. Mi manera de preparar es que desde pequeñitos hacen predanza, me fijo en ellos y veo qué condiciones tienen, qué sensaciones tienen con la música, qué gusto tienen, y les hago clases donde les enseño diferentes estilos, diferentes movimientos, parte creativa, más rítmica. Cuando llegan, hacemos una jornada de puertas abiertas y yo a cada niño o niña le digo que prueben diferentes clases y que elijan. Partimos de la base de que tienen que hacer un calentamiento de ballet clásico, para que tengan más elasticidad porque mi objetivo no es hacer un profesional del baile, sino que lo tengan como un conocimiento más, que el día de mañana puedan verlo como una mejora de su forma física y que les guste y que lo conozcan, vayan al teatro, sepan lo que ven, ese es mi objetivo y mi aportación.

¿Por qué en Japón aman tanto el flamenco, Alicia?

Hay más academias de baile español en Japón que en España, es alucinante, no lo sé. Quizás porque expresa mucho sentimiento, el oriental no te expresa mucho, no sabemos lo que piensa, te da las gracias pero les miras y no sabes si le gusta o no… Creo que aprecian una disciplina muy expresiva. Mi marido y yo estuvimos muy bien, pero es complicado, su educación no les permite ser más expresivos.

Es disciplina frente a sentimiento.

Yo tenía discusiones con los guitarristas porque quería hacer un giro que no era lo normal y me decían que aquello no se podía hacer. Yo tanta técnica… soy muy Lola Flores, no todo es técnica. Hay artistas que voy a ver y digo, guauuu, técnicamente son insuperables pero no me encogen el corazón, y a mí lo que me gusta es emocionarme, me da igual con qué tipo de disciplina artística.

Tú emocionas al público, pero Alicia, volviendo a los niños, no todos los padres pueden pagar una academia privada, o estimularles con el baile.

Es verdad, es el problema de que no haya conservatorios de danza en muchas ciudades, o que no esté metido en los planes del colegio. Nosotros si vemos a un niño que baila bien, que le gusta, ayudamos a los padres a que venga a más disciplinas. Tenemos niños becados sin que nadie lo sepa. Al final lo importante no es tanto ganar dinero sino que un niño o niña disfrute con ello, me da rabia porque hay un agravio comparativo entre los que son estimulados y los que no para el mundo artístico.

Bailas, actúas, eres docente, llevas un negocio. ¿Dejarías una de las dos facetas?

A mí la docencia me encanta y me gusta mucho bailar ¡aunque soy muy tímida! No dejaría nada. Además, me gusta muchísimo recibir clases. Ahí es la motivación tuya personal, aprender giros nuevos, técnicas nuevas. Me encanta, cuando puedo voy a tomar clases al Amor de Dios, al conservatorio también, he aprendido de muchos maestros que te traen nuevas formas de Sevilla, de Cádiz…

Alicia, has afirmado públicamente que la crisis sanitaria está acabando con los tablaos flamencos.

Se cierran porque no hay público, nosotros no consumimos tablao, el 80% del público que va al tablao es el que viene a España a vivir esta experiencia del flamenco. La verdad es que el flamenco mueve mucho dinero. Viene gente de Venezuela, de Rusia, de Japón… ¡Salíamos de clase y decíamos que parecía el metro de Tokio! Con el cambio de los yenes, un japonés podía estar viviendo en España un tiempo. Viene gente de Brasil, México, Italia… Tendríamos que cuidarlo mucho porque mueve mucho, viene a estudiar gente que está en Madrid, se paga su casa, come, viaja por España, va a un tablao. Aparte de nuestra arquitectura, nuestra gastronomía, hay que cuidar el flamenco.

Las instituciones programan flamenco en los circuitos culturales, pero parece que más para los pueblos.

El flamenco y el folclore parece que son para los pueblos, y eso debería cambiar. Aquí en Salamanca hay una programación amplia este verano. Tiene que tener cabida todo: teatro, música, folclore, flamenco. Yo lo haría coincidir no solo con un concierto, sino con clases, que venga a bailar alguien y que dé clases, entonces mucha gente mayor se animaría a hacer algo físico, los críos pequeños se animarían a intentarlo. Se trata de enseñar, como hace muy bien José Ramón, que cuenta en el concierto un poco el origen de la música, explica las cosas… Al final eso es cultura, yo le digo siempre que hace un espectáculo etnográfico, a mí me gusta, soy la primera que tengo que aprender.

Llevas un verano de actuaciones, de viajes. ¿Cuáles son tus planes para el otoño en este tiempo tan raro?

Ahora el empeño es que la escuela sobreviva, que aguante, yo le he dicho a mi equipo que habrá que arrimar el hombro, que para adelante. Y  luego tengo ganas de encerrarme a montar algo mío, de flamenco, yo hice un espectáculo hace tiempo en Japón pero ahora hago espectáculos de la mano de alguien, no yo sola, no sé, es algo que tengo en mente. Lo importante es la escuela, seguir con los espectáculos con los que actúo, aportar lo que yo pueda en la medida de lo posible. Creo que el espectáculo de Charros y Gitanos es importante, necesario y estoy planteándome nuevo vestuario, seguir creciendo con el grupo. ¡Cada vez nos reinventamos más! 

Te veo bailando con los botos de Poldo, el de Mogarraz.

Le he encargado que me haga unos zapatos para bailar. Yo no entré en el folclore cuando era pequeña, no me llamaba el de mi tierra. Una vez estuve en un espectáculo donde tuve que preparar jota aragonesa. ¡Era superdifícil! Ahora aprendo y es maravilloso, Carmen, ¿cómo dices que es el fandango serrano?

Genio y figura entre las columnas de hierro de la casa modernista, apasionado movimiento. Alicia contiene toda la emoción y el conocimiento de un arte milenario. Abanico de vidriera modernista en sus manos alzadas como ramas vivas, tradición y modernidad a los sones del tamboril, del paso del charro, la voz quebrada de los Salazar, la guitarra sabia de Nano Serrano. Alicia es la rosa encendida que gira en torno a la sabiduría de dos pueblos hermanos. A los sones y a las voces de charros y gitanos, baila con la gracia y la emoción infinita. Roja, negra, intensa, arte en movimiento.