Lunes, 28 de septiembre de 2020

Fata Morgana

Un día se ve tierra allí, en el horizonte, en el mismo espacio en el que nunca se observa nada.

Otro día la tierra ha desaparecido de aquel lugar en el que el mar se une con el cielo.

El cerebro se pregunta dónde está esa franja de azul mortecino que había justo sobre la línea. Por qué aparece de pronto y se esfuma sin dejar rastro.

Se puede colegir que es otro continente, una isla, un istmo cuya existencia se desconocía.

Pero no. La razón no se deja engañar. No existe tal istmo o isla, ni franja de tierra.

En otros lugares es un barco que vuela sobre la superficie, que se mantiene ingrávido muy por encima del nivel del mar. Quizá un gran buque. En ocasiones, naves invertidas, con la vela hacia abajo, navíos con sus cofas rozando el agua y su base en el cielo. O son edificios. A veces, lo que aparece, es toda una ciudad.

No, no es el estrés del trabajo, no es nuestro equilibrio interior que se ha desestabilizado. No es engaño ni exageración.

Se trata de un fenómeno óptico denominado “Fata Morgana”, cuyo nombre fue dado por los marineros sicilianos debido a la frecuencia con la que ocurre en sus costas. Se llama así porque cuando avistaban cualquiera de estos espejismos, lo asociaban a temor, a sucesos sobrenaturales, a encantamientos. Lo interpretaban como signo de malos augurios. Para ellos el hada (“fata”) Morgana era capaz de todo lo peor, debido a la leyenda que contaba la historia de esa aprendiz del Mago Merlín, hermanastra del rey Arturo, a quien se le atribuyen, en ocasiones, poderes mágicos y capacidad de hacer el mal. En otras ocasiones se cita a Morgana como la mayor de las nueve hermanas hadas que cuidaban la isla de Ávalon, siendo precisamente ella la más sabia, bella y poderosa, con capacidad para volar, curar y cambiar de forma.

Y es que este espejismo produce un alargamiento visual de los objetos que están en el horizonte, como si formaran parte de un cuento de hadas, de algo irreal. También, a veces, se ven cosas que no existen. Para ello, el tiempo debe estar calmado. La diferencia entre una capa de aire frío (más denso) y otra caliente puede producir este fenómeno, al actuar como una lente refractante de la luz, que en vez de seguir una línea recta, se inclina, tanto en valles de alta montaña como en zonas de mar, incluso en los hielos árticos o en los desiertos.

Esto se produce en diferentes zonas del mundo; entre ellas, en el Estrecho de Mesina (Sicilia), en algunos lugares de China (Foshan), en las costas noruegas, en Bélgica, etc. En España se ve a veces en Asturias (Gijón), Huelva (el Rompido, Mazagón, Matalascañas…), y con frecuencia en Barcelona.

Hace tiempo, a los marineros se les encogía el corazón cada vez que aparecía este efecto desconocido, presagiando malos augurios. Hoy día, la ciencia pone en nuestras manos explicaciones racionales que nos hacen comprender por qué se produce este fenómeno.