Lunes, 28 de septiembre de 2020

Setiembre se tiemble

Se necesitarían acuerdos generales de la mayor parte de los partidos políticos y de las fuerzas sociales

Es un dicho o refrán popular tradicional que quisiéramos considerar hoy si sigue teniendo valor y se cumple. Desde luego que el dicho es bastante negativo. Y seguramente este año más todavía, si lo unimos con el  otro refrán que afecta a los años bisiestos como el que estamos viviendo y que dice: “en año bisiesto pocos pollos en el cesto”.

Desde el tiempo mismo que ha comenzado bastante revolucionado, con días de frío notable después de los días más calurosos del año al final de agosto, cuando otro refrán nos dice que en agosto frío en rostro. Claro que este año parece que han llegado con retraso todas las estaciones.

Podemos hacer alusión también al caso Messi, que abandona el equipo de fútbol del Barcelona y parece que pasa a formar parte del equipo rival del Madrid. Para algunos una grave tragedia.

No digamos ya cómo nos está vapuleando la segunda oleada del covid-19, que está creciendo en el contagio casi exponencialmente, tanto en enfermos con síntomas o sin síntomas pero en todo caso contagiadores. Lo mismo crece el número de los que tienen que pasar por un hospital, incluidos los que necesitan acogerse a la asistencia de la UCI. Y no podemos olvidar el crecimiento paralelo de los fallecidos a causa del virus directa o indirectamente.

Y paralelo con esto, con miedos e incertidumbres de los posibles contagios, hay que hacer referencia a la vuelta de los niños a los colegios, con la amenaza de contagios inevitables entre los niños y también con los profesores y los empleados de los centros escolares.

El desorden y el desconocimiento de lo que puede pasar y de cómo conviene proceder, ha quedado al descubierto con el llamamiento sorpresa a los profesores a presentarse en los colegios para hacerles el test previo relativo a la enfermedad del covid, y tuvieron que pasar por larguísimas colas, hasta que al fin las autoridades correspondientes decidieron suspender el proceso de la prueba, dejándolo para nueva ocasión, no se sabe cuándo.

Y en Castilla y León se ha tomado la decisión sorprendente e inesperada de limitar los movimientos, así como las reuniones y celebraciones, también las religiosas, en los municipios de Valladolid y Salamanca. Con el grave inconveniente de que en los ocho días a los que hace referencia dicha orden se encuentran las fechas de las fiestas otoñales, tanto en Valladolid como en Salamanca.

Las celebraciones han de reducirse a la asistencia máxima de veinticinco personas. Ni siquiera el tercio del aforo del local, como estaba determinado antes. ¿Se puede imaginar la celebración de la fiesta de la Virgen de la Vega en la Catedral de Salamanca con asistencia a la ceremonia de sólo 25 personas?

Si nos fijamos en la dimensión económica y social que nos queda como fruto de la pandemia del coronavirus, la deuda general del estado, el abundantísimo paro y la caída de las contribuciones a la seguridad social, las limitaciones psicológicas de los encierros pasados, etc., etc.

Y las cosas se complican al ver las actitudes de los partidos políticos, con los que está entrevistándose el presidente del gobierno, por cierto sin mucho éxito, las cosas no están nada claras, cuando para salir del pozo en el que estamos metidos se necesitarían acuerdos generales de la mayor parte de los partidos políticos y de las fuerzas sociales.

Muchos están también preocupados por las primeras comuniones y las bodas, que se dejaron para este mes de setiembre pensando que la epidemia se habría pasado ya, y nos encontramos aquí tratando de superar las situaciones con miedos e incertidumbres.

Creo que claramente se confirma en este año aquello del dicho: Setiembre se tiemble.