Lunes, 28 de septiembre de 2020

Racismo y xenofobia: dos lamentables manifestaciones sociales en la pandemia

Lucas Harcha Bloomfield

Defensor de los Derechos Humanos

Miedo y sociabilidad como dos de los fundamentos de lo humano

Las epidemias y pandemias, a pesar de ser acontecimientos que se generan en función del surgimiento de enfermedades específicas, tienen características que las hacen ser fenómenos eminentemente sociales. En el marco de estas, los seres humanos mostramos y manifestamos distintas reacciones, muchas veces generadas por el desconocimiento y, fundamentalmente, por el miedo. Ya sea a contagiarse uno mismo o a que se contagien nuestros seres queridos, a perder el trabajo o a morir. Temores como estos aparecen con intensidad y recurrencia en situaciones como la que se está viviendo en la actualidad.

Distintos científicos sostienen que uno de los múltiples “fundamentos de lo humano” es el miedo, específicamente, a lo extraño y a lo desconocido. Además de este habría otros aspectos basales que definirían qué es lo humano, dentro de los cuáles está la sociabilidad, según lo que plantea uno de los psicólogos más relevantes de los últimos 50 años, Michael Gazzaniga. Es evidente que existen muchos más, pero a propósito de la pandemia provocada por el Covid-19, es especialmente interesante traer estos dos a palestra para analizar la situación actual.

Por lo tanto, es posible sostener que estos dos fundamentos, entre muchos otros, resultan pertinentes para mirar críticamente la crisis global que se está viviendo. Una de las razones para recurrir a estos dos elementos es la forma diferenciada en que funcionan de acuerdo al contexto y al tipo de relaciones que se instaura entre los seres humanos. Es decir, hay muchas formas en que el miedo y la sociabilidad se expresan y se han expresado a lo largo de la historia humana.

Específicamente, la sociabilidad, en términos históricos y antropológicos, ha tendido a generarse entre personas percibidas como iguales, al menos en las primeras fases de contacto entre seres humanos. Esto alude a que los seres humanos han tendido a generar grupos y organizaciones con otros seres humanos percibidos como similares. Lo anterior es uno de los hallazgos más importantes que han hecho la antropología y la psicología social, especialmente durante el siglo XX. Lo anterior significa que es posible que ante personas o agrupaciones desconocidas pueda aparecer una reacción de temor, de miedo. Esto no es automático, pero ha sido sugerido por estudios científicos con relativa estabilidad.

Por lo tanto, ambos “fundamentos de lo humano” podrían operar conjuntamente en situaciones específicas. Ello significa que las dinámicas intergrupales son una forma bastante precisa de entender cómo los humanos somos sociables con quienes percibimos como iguales y, lo que es muy importante para la situación actual, no lo somos con quienes percibimos como una amenaza.

¿Cómo el miedo y la sociabilidad se ponen en juego en el contexto de una pandemia? La (continua) reaparición del racismo

Como se sugirió recién, en condiciones de crisis globales como la que representa una pandemia, ambos elementos previamente descritos funcionarían en conjunto. Esto significa que las agrupaciones sociales, basadas en categorías dotadas de sentido por los mismos humanos, pasan a explicar las reacciones de solidaridad o prosocialidad, por un lado, entre grupos de similares y, también, las de recelo, temor u hostilidad hacia personas percibidas como distintas. Este recelo se basaría en la percepción de que estas personas distintas suponen un riesgo para el intragrupo, para los iguales que conforman un tejido de relaciones de apoyo.

En el marco de la pandemia provocada por la Covid-19, la que tiene a gran parte del mundo bajo estrictas cuarentenas, al temor que ha suscitado la enfermedad en relación a los efectos que genera en la salud de las personas contagiadas, es necesario sumarle las actitudes de recelo y desconfianza hacia personas de origen percibido como asiático. Estas actitudes, basadas en prejuicios acerca de que personas que calzan con el estereotipo de “persona asiática” son portadoras del virus, se traducen en distintas conductas, las que resultan activamente discriminadoras contra estas personas. Lo anterior responde a que el lugar donde surgió el virus por primera vez fue en la ciudad de Wuhan, en la región de Hubei, en China.

Estos episodios de discriminación se han presentado en distintos países del mundo desde enero del 2020, y han tenido en común que se han centrado en el estereotipo anteriormente descrito. La situación ha empeorado gracias a acciones como las del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien se ha referido al Covid-19 como el “virus chino” o como “kung flu”. Estos discursos se han generado junto a acciones como prohibir la entrada a ciertos lugares a personas coincidentes con el mencionado estereotipo o incluso en situaciones de acoso o violencia callejera contra estas, ya sea en el país norteamericano como en otras latitudes del mundo.

Como es posible imaginarse, este tipo de acciones han tenido consecuencias devastadoras, tanto en términos sociales como psicológicos, para las personas que las han sufrido. Además de estas consecuencias, estas acciones significan en sí mismas vulneraciones a los Derechos Humanos de las personas aludidas, lo que será explicado a continuación.

Racismo y xenofobia como violaciones a los DDHH

La Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial provee un marco jurídico que busca eliminar todas las formas de discriminación por razones raciales, la que surgió, precisamente, debido a las innumerables violaciones a los Derechos Humanos por causas raciales que se han generado a lo largo de la historia de la humanidad.

Al respecto, esta Convención sostiene explícitamente que nadie puede ser discriminado por razones raciales, y que los Estados deberán tomar acciones concretas en forma proactiva que tiendan hacia la condena y desaparición de dichas formas de discriminación.

En relación a la convención recién mencionada, el racismo es, en sí, una violación a los Derechos Humanos. Ahora bien, en este caso es una vulneración aún más grave, ya que las formas en que los Derechos Humanos de las personas que calzan con el estereotipo previamente mencionado han sido vulnerados son diversas y múltiples en sus manifestaciones. Como se mencionó anteriormente, a estas personas se les ha prohibido el acceso a lugares, se les agredido física y verbalmente y se les ha excluido de distintas instancias sólo por una razón racial. Todo esto representa una situación inaceptable que debe ser denunciada y repudiada por toda la sociedad.

Lecciones que nos deja esta situación: la importancia del marco jurídico presente en la Convención sobre Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial y la educación como espacio de transformación social

Las situaciones previamente descritas obligan a todos quienes formamos parte de la sociedad a replantearnos la necesidad perentoria de que se respeten los Derechos Humanos y, con especial énfasis dada la situación de vulneración que estas personas han debido enfrentar, las disposiciones jurídicas planteadas en la Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial.

Asimismo, todas estas situaciones de violencia vuelven a poner en la palestra la relevancia que debe tener la educación como un instrumento de transformación y cambios sobre los estereotipos y prejuicios que están a la base de las conductas discriminatorias, las que se reproducen socialmente a las nuevas generaciones y se expresan en conductas violentas como las que hemos visto en distintos lugares del mundo.

Es por medio de procesos educativos de esta naturaleza mediante los cuales se podrá trabajar activamente por la desaparición de dichas formas de discriminación, violación a los Derechos Humanos y, asimismo, por la denuncia de dichas situaciones ante los organismos jurídicos competentes.