La herida que no cierra

Profesor de Derecho Penal de la Usal

Con la llegada del verano una parte de la sociedad española –la heredera de la España de los vencidos en la Guerra Civil, represaliados y exiliados durante la dictadura de Franco- recuerda los horrores que se cometieron en la rebelión del ejército franquista en julio de 1936 contra el legítimo gobierno republicano y constitucional del Frente Popular que había vencido en las elecciones generales celebradas 5 meses antes, los días 16 y 23 de febrero.

Por este motivo, se celebran distintos homenajes organizados por asociaciones de Memoria Histórica, partidos políticos y herederos de las víctimas de la represión. Uno de ellos ha tenido lugar en Salamanca el pasado 1 de agosto, tributado al que fue alcalde de Salamanca, Casto Prieto Carrasco y a los concejales Manuel Alba Ratero, Luis Maldonado Bomati y Casimiro Paredes Mier, todos ellos ejecutados por el ejército rebelde. También se han recordado, como cada 5 de agosto, los fusilamientos de las “trece rosas”. En este caso, las ejecuciones, después de un burdo juicio, se produjeron ya en tiempo de paz, en 1939. Fueron ejecutadas simplemente por pertenecer a las Juventudes Socialistas Unificadas. También en estos días se recordará la figura de García Lorca, asesinado el 18 de agosto del 36, a los miles de ciudadanos de Badajoz que fueron pasados por las armas en la plaza de toros, los días 14 y 15 de agosto por el ejército fascista dirigido por el teniente coronel Yagüe. Tal fue la masacre que los lugareños pacenses cuentan que se ensañaron con todos los detenidos: civiles y militares y que la sangre salía por las puertas del albero como intrépidos regatos después de una tormenta de verano.

El propio Yagüe cifró las ejecuciones entorno a las 4.000 personas, aunque hay historiadores que hablan incluso de 7.000. Mario Neves, un periodista del Diario de Lisboa que envió la noticia, en su última crónica de los sucesos, atormentado, dijo lo siguiente: “Quiero dejar Badajoz cueste lo que cueste, lo más rápidamente posible y prometiéndome a mí mismo que no volveré nunca. Por mucho que me mantenga en la vida periodística, jamás se me presentará acontecimiento tan impresionante como el que me ha traído a estas tierras ardientes de España y que ha logrado destemplar completamente mis nervios”. Otro colega compatriota suyo, Mario Pires, del Diario de Noticias, también de Lisboa, sufrió un ataque de locura a causa de la intensidad de su experiencia en los hechos y terminó ingresando en el manicomio.

Pero, por desgracia, siempre hay sectores de la sociedad española que siguen apegados a la fatalidad de nuestro triste destino hispano perfectamente simbolizado en el cuadro de Goya “Duelo a garrotazos”, pintado un siglo antes de la Guerra Civil y que denuncia la muerte sin sentido, el enfrentamiento cainita que siempre nos ha caracterizado a los españoles que resalta, como muy bien afirmaba Azaña, esa “sociedad atrasada, analfabeta, dormida, sentada a la vera de los caminos de la historia” y, ante homenajes de este calado, responden con un odio irrefrenable. Ejemplos de ello son las declaraciones que en su día realizó Ortega Smith (político de Vox) diciendo que las trece rosas se dedicaron a “torturar, asesinar y violar”. En el testimonio de sentencia no se dice nada de esto, sino que las condenaron a la pena capital porque “las acusadas tenían por misión hacer fracasar las instrucciones político-jurídicas de nuestro estado Nacional y circular las órdenes necesarias a fin de organizarse nuevamente y poder actuar en todas aquéllas misiones que pudieran producir aquéllos actos delictivos que vulnerasen el orden social y jurídico de la Nueva España”. Se las condena por un delito de adhesión a la rebelión. En las redes sociales, por otra parte, para contrarrestar el homenaje a las trece rosas, se intoxica la información diciendo que “también en Paracuellos el terror rojo asesinó a jóvenes”, como si después de 84 años del comienzo de esa “guerra incivil y horrible” siguiéramos tirándonos los trastos a la cabeza con el “y tú más”. En el último homenaje tributado a Casto Prieto Carrasco y los tres concejales salmantinos habían alguien había tapado la placa conmemorativa con varias pegatinas de Falange Española.

A las personas que así piensen se las debe de combatir dialécticamente y con los siguientes argumentos, que siempre serán sensatos, coherentes y racionales:

1º.- Efectivamente, como afirman los historiadores, en la II República (entre 1931 y 1936) hubo algaradas callejeras como consecuencia de la llegada de los derechos y libertades de todos los ciudadanos recogidos en la Constitución republicana de 1931, de la abolición de los privilegios de la aristocracia y la nobleza, del reconocimiento de la igualdad de todos ante la ley y de la limitación de las prerrogativas del caciquismo y del clientelismo político.

2º.- A pesar de las algaradas y los actos gravísimos de violencia (que, por supuesto, los hubo y siempre serán condenables), el sistema democrático encuentra su asiento y se producen varios procesos electorales que decidieron quienes deberían ser los representantes legítimos del pueblo y, en consecuencia, quienes deberían llevar las riendas gubernamentales que dirigieran el destino de los españoles. Nunca esta justificado, por tanto, atentar por la fuerza y con las armas contra un gobierno legítimo, acabar con el Estado de Derecho y proclamar el Estado de Guerra. Para ello, a los sectores sociales y políticos que justifican el golpe de estado de Franco, Mola y Sanjurjo, la Guerra Civil y la dictadura, habría que preguntarles también ¿consideran ustedes que hubiera estado justificado un golpe de estado contra el régimen democrático, en 1981, por muchos atentados que hubiera de ETA y por la existencia de problemas severos de convivencia entre los españoles y de crisis económica?

3º.- Por supuesto que los crímenes de Paracuellos del Jarama y las sacas y fusilamientos que se cometieron por los milicianos en el Madrid republicano, fueron auténticos asesinatos, igualmente condenables. Todo atentado contra los derechos humanos debe ser condenable, siempre. Ahora bien, en cuanto a responsabilidad de los miembros del gobierno republicano, aunque se deduce que dirigentes como Santiago Carrillo, entonces consejero de orden público, pudieran estar al tanto de los crímenes, nunca ha resultado probado que dirigieran directamente y apoyaran, sin fisuras, la masacre. Sí parece que quién llevó la dirección de los asesinatos de Paracuellos, según las investigaciones historiográficas, fuel el periodista soviético Mijail Koltsov, agente personal de Stalin en España y miembro del PCE, ya que en ese momento, el gobierno republicano estaba huyendo de Madrid ante los ataques de los rebeldes, por lo que la máxima preocupación de éstos era salvar sus propias vidas más que ejecutar a los adeptos al bando rebelde que estaban presos en las cárceles. Como ejemplo de ello está la actuación contraria a los fusilamientos del Delegado de prisiones del gobierno de Madrid, Melchor Rodríguez (anarquista), que impidió más fusilamientos, incluso enfrentándose directamente a los milicianos que realizaban las ejecuciones. Además, la guerra la provocó el ejército rebelde y el gobierno republicano tenía la obligación de defender el orden democrático y constitucional.

4º.- Además de todo esto, el régimen fascista siguió fusilando, exterminando, torturando, vejando, humillando a los que pensaban de otra manera y quitándole los niños a las presas republicanas para segregarlos de sus madres y enviarlos a orfanatos o entregarlos en adopción a familias adeptas al Régimen, durante muchos años más después de finalizada la guerra, ya “teóricamente” en tiempo de paz, aunque con los vencidos no sólo no hubo paz, tampoco piedad ni perdón. Fueron los años de la posguerra en los que el psiquiatra Vallejo-Nájera en su “Gabinete de investigaciones psicológicas” experimentaba sobre la “eugenesia criminal” y, siguiendo las teorías del nazismo, trató de relacionar marxismo y gen rojo con deficiencia mental, inferioridad intelectual e incluso salvajismo y predisposición al crimen. Es decir, como afirma la profesora de psicología Esperanza Bosch, lo que consiguió Vallejo-Nájera fue convertir el “odio en ciencia para justificar el franquismo”. Ya no hablamos, por tanto, de una posible “justicia en guerra”, sino de una venganza inmisericorde, despiadada e infame que se ensañó con los vencidos, incluso con muchos de los que salieron al exilio, trasladando la represión, la violencia y la muerte al ejército nazi que lo practicó con miles de republicanos en los campos de concentración, fundamentalmente en los de Mauthausen, Buchenwald, Ravensbrück o Dachau.

5º.- Para finalizar el hilo argumental, hay que dejar claro que las víctimas asesinadas y torturadas del bando rebelde fueron honradas nada más terminar la guerra, los cadáveres fueron entregados a sus familiares, dignamente homenajeados y sepultados, como corresponde a todo ser humano por el mero hecho de serlo. En cambio, de las víctimas de bando republicano hay aún más de cien mil cuerpos sepultados en infames fosas comunes, muchas de ellas sin que se hayan podido identificar aún, ni dignificar, ni homenajear, cuando han pasado más de 80 años del final de la contienda.

En consecuencia, lo que necesitamos los españoles es más concordia, diálogo y consensos, respetar nuestra idiosincrasia y convivir con nuestras diferencias, nuestras formas de ser y de pensar; menos enfrentamientos cainitas y más respeto a los principios y valores del Estado Social y Democrático de Derecho que es el que mejor garantiza la salud democrática y los jirones de la convivencia. ¡Cerremos de una vez todas las heridas!