Miércoles, 30 de septiembre de 2020

Berna Ciudad, volver a jugar

“Si hay algo admirable en Berna y Bea no es el proyecto de la Factoría Lúdica, ni su espacio Calle Babel, ni su tienda de Nómadas… Es su forma de entender la vida, de vivirla, de compartirla”

Berna Ciudad durante la entrevista para SALAMANCA AL DÍA | Carmen Borrego
Berna Ciudad tiene tatuado un “joker” en el antebrazo con una tirada imposible: ese siete con el que descubre, a través de la Factoría Lúdica, nuevas formas de jugar, de cooperar, de comunicarnos, de vivir. Porque si hay algo admirable en Berna y Bea no es el proyecto de la Factoría Lúdica, ni su espacio Calle Babel, ni su tienda de Nómadas… Es su forma de entender la vida, de vivirla, de compartirla. Alternativa necesaria, levantan en el corazón de la Calle Mayor de Pardiñas de Béjar, este estrecho arroyo de piedra, casas de empaque olvidado, exquisitos miradores de hierro y cristal, un espacio novedoso lleno de color, de emprendimiento, de valentía, de artesana laboriosidad y sobre todo, de una forma diferente, admirable, de ver la vida.

El edificio es un espacio “Co”. Con co empiezan muchas palabras que nos molan mucho como es lo colectivo, la cooperación, lo colaborativo. Decimos que la nuestra es una tienda “co” porque tenemos cosas de otros artesanos locales. La idea es un poco no tener un espacio de compra venta, sino que este sea un sitio donde la gente pueda enlazar con ese tipo de red de artesanos que hay por la zona, que se conozca su trabajo y no solo la ropa que hacemos.

¿Y funciona este tipo de negocio de ropa artesanal?

La tienda funciona, es un proyecto más de Bea que mío, pero te lo explico. Nosotros llevamos prototipando este sistema desde hace ya muchos años, teníamos un espacio en Jerte así. El Jerte es un sitio muy diferente a Béjar, hay mucha menos gente, y echábamos de menos tener un lugar donde abrirnos a otras propuestas, como un espacio coworking, o un alojamiento para recibir a las personas que vienen a interesarse por nuestras cosas.

Vuestras propuestas son muy novedosas. ¿No es Béjar, e incluso Salamanca, sociedades un poco cerradas?

Béjar es un sitio maravilloso, yo soy de Salamanca, Bea es de Cáceres y nos hemos conocido en Candelario. Béjar para mí es un epicentro, es un sitio que está en el centro de muchísimas cosas muy bonitas, de Salamanca, del Jerte, la Sierra de Francia, Plasencia, Monfragüe… todo eso lo tienes a menos de una hora de aquí, y luego, Béjar de por sí. Yo entiendo que la gente de Béjar tiene la idea de que esto está un poco perdido, lo que era antes, lo que era antes… Pero yo creo que puede ser tan interesante o más de lo que fue, lo que pasa es que hay que mirar hacia adelante, no mirar solo hacia atrás.

Me encanta Béjar, pero siempre me ha parecido triste…

Muy portugués, siempre ha sido muy portugués Béjar. Eso de que está un poco descuidado… como esas ciudades de Portugal. En esta parte de aquí de la ciudad, en el momento en que nos dejen a la gente salir a la calle y empecemos a hacer cosas, en el momento en el que la gente se deje de quejar y de esperar que venga alguien a salvarles, ¡empezará a funcionar todo! Hay mucho partidismo aquí, la culpa la tienen los que estaban, la culpa la tienen los que están… La culpa la tenemos todos los que no salimos a la calle a hacer cosas. Yo llevo un año viviendo aquí y he hecho cosas, con el Ayuntamiento y sin el Ayuntamiento, hemos tenido a familias jugando a juegos de mesa, niños jugando a los Legos, hemos montado la tienda, hemos hecho mercado… Se pueden hacer cosas, pero si estás en casa esperando a que vengan a ponerte una subvención, no. Es mi manera de verlo, siempre lo he visto así.

¿Hay que tomarse en serio el juego?

El juego es una cosa muy seria, el juego nos ayuda a todo. Para mí el juego es un espacio donde puedes ser lo que no eres, entonces te entrenas en cosas en las que la vida real no te deja. Puedes ser un malvado, esa es la idea, porque  aprendes qué consecuencias tienen tus actos, por ejemplo. 

¿Con qué gente juegas, digo, trabajas?

Trabajamos con colegios, familias, instituciones, grupos de personas, con profes… Yo doy mucha formación para profesores en el sentido de usar el juego dentro del aula y con empresas para meter las mecánicas del juego en cualquier tipo de proceso… Cualquier tipo de proceso se puede “ludificar” o “gamificar”, como prefieras llamarlo. Gamificar es la españolización de la palabra inglesa.

¿Qué dicen tus hijas: “Mi padre hace juegos”? Por cierto, detesto los juegos de mesa.

Sí lo dicen. Muchas veces la gente piensa, qué suerte tus hijas, ahí… con tanto juego, pero ellas saben que no se pueden dejar por ahí tiradas las cosas, que es algo serio. Aquí está todo ordenado, estos son cooperativos, estos los familiares… Los juegos de mesa te entretienen, te ayudan a conocer a la gente, te enseñan. Aquí, en la radio, en Béjar, hacemos un programa todos los viernes donde hablamos de juegos de aprender algo, hemos estado todo el confinamiento así. Y tú necesitas  un juego o jugadores que te motiven.

Carmen Borrego: ¿Sabéis que yo, cuando era niña, quería “El Cluedo”? No me lo compraron y, entonces se lo pedí prestado a un amigo y lo pinté yo, con una caja de zapatos, cartulinas y papel me lo copié enterito.

Eso me encantaba cuando era pequeño. He pasado tiempo sin diseñar juegos, he trabajado con el Lego y tu primo Miguel Ángel, Charo, me enseñó a jugar con los Playmóbil. Un ejemplo de lo que hacemos es que, con los niños, preparo un pueblo. Hacen una casa cada uno con cartulina, se juntan las casas y empezamos a hablar de cómo quieren que sea el pueblo, qué servicios quieren que haya… Lo que estamos haciendo es un análisis de cómo quieren que sea su pueblo o su barrio y de cómo lo harían ellos. Es un análisis de su entorno a través del juego.

Habéis apostado por restaurar un espacio aquí. ¿Podemos llenar la España vaciada con estas propuestas nuevas?

Buena pregunta. Hemos estado haciendo ahora mismo un curso de emprendimiento cultural y creativo en el medio rural para ACTYVA, un grupo de acción local. Y una de las cosas que planteábamos era ese otro tipo de alternativas para el campo que no sean solo la agricultura, el turismo rural, los deportes de naturaleza… Yo creo que hay muchas posibilidades, pero tienen que mirar hacia adelante, no podemos pretender que los pueblos se conviertan solamente en escenarios, en decorados para que la gente venga a ver un tamboril o un baile charro. Los habitantes de los pueblos tienen derecho a toda la cultura que estamos haciendo en las ciudades, por decirlo de alguna manera y, por otro lado, porque eso es lo que va a hacer que se fije población, que los chavales no se quieran ir… A los chavales de los pueblos no podemos decirles “traemos aquí al pueblo bailes regionales, festivales, gastronomía tradicional y si quieres currar en algo, puedes montar una taberna rural”. Eso va a funcionar los fines de semana.

¿Y qué funcionaría?

Esta crisis nos ha mostrado que se vive muy bien en el pueblo. La crisis  sanitaria, metidos en un piso en Moratalaz, ahí encerrados, nos ha mostrado lo bien que se vive en el pueblo. Lo que necesitan los pueblos es fibra. Eso es así, yo aquí en mi casa no tengo fibra y sí un espacio de coworking. En esta Calle Mayor, como hay tan pocas casas, no les interesa ponerla. La ONU ha declarado que el acceso a internet es un derecho universal a día de hoy, entonces, eso es lo primero que tenemos que poner, más que carreteras y luego comunicación entre los pueblos. Todos los medios de comunicación entre los pueblos son radiales, van a la capital, no puedes coger un autobús desde mi pueblo, Madroñal e irte a Miranda, y está a cuatro kilómetros.

Hay que cuestionarse todo.

La cultura que se lleva a los pueblos está pensada para las visitas. La gente del pueblo tiene derecho a la cultura igual que tú. Es el problema de los localismos, la gente de los pueblos no está acostumbrada a moverse de un lado a otro para hacer cosas, eso se nota mucho con la gente que vamos a los pueblos a vivir que sí estamos acostumbrados a movernos, si vienes de Salamanca a vivir a Madroñal eso de ir a Sotoserrano es para ti como ir desde tu casa al Carrefour. Si consiguiéramos que la gente se mueva de los pueblos de uno a otro, se podrían hacer actividades más guays, más deslocalizadas, no tendrías que hacer el mismo taller de Lego en los once pueblos para que nadie se enfade.

Sería un ahorro…

No solo un ahorro: por ejemplo, en el Valle del Jerte, que lo conozco bien, hay que hacer una piscina en cada localidad. Piensa en lo que cuesta, más el personal de la piscina… ¿No podría yo pagar un autobús circular que fuera recogiendo a la gente y tener dos piscinas para todo el mundo? Así los chavales de quince años, de dieciséis, que no tienen coche, se conocerían entre ellos y esa relación será la que haga que esto se desarrolle, que a mí no me importe quedarme a vivir aquí, que conozco gente de otros pueblos, me muevo, voy, eso es educar. Yo desde mi espacio le digo a la gente, a los nómadas digitales, vente aquí a trabajar, la idea de las casas que queremos arreglar es para que venga la gente a trabajar, a quedarse un tiempo.

¿Qué es un nómada digital?

Es una persona que lleva el trabajo encima. El día que te tienes que mover, te mueves. Tú trabajas y estás conectado con el mundo con tu ordenador, como el chico que ha estado aquí una semana, su familia estaba aquí, acababa de trabajar y se iba al río, a disfrutar. ¿No podría tener esa manera de trabajar todo el año? Cuando hay trabajos de diseño, creativos, de asesoría, de gestión, se puede hacer a través de un ordenador. ¿Que tienes que reunirte físicamente con un cliente? En un día o dos, pues vas. En vez de ir un fin de semana a una casa rural tú vives en esa casa rural y el martes te vas a esa reunión que tienes en Madrid y vienes.

¿Cómo empezasteis vuestro negocio?

Nosotros empezamos la tienda hace un montón de años (ahora es más proyecto de Bea que mío) haciendo compraventa de productos de la India y hubo un momento en el que era tan barato lo que nosotros comprábamos que dijimos, esto no lo puede estar haciendo una persona en condiciones normales. A mí me llevaban camisetas por cincuenta céntimos de un distribuidor de Madrid, no de la India. Entonces nos pusimos a coser, un poco por ver el coste real de todo. Es cuando valoras el tiempo y el coste, y a partir de ahí dejamos de hacer compraventa y empezamos a hacer cosas que vendíamos. La tienda es de este tipo de “slow shop”, una tienda en la que tú vas a comprar y a darle importancia a las cosas, es este movimiento de parar un poco. Es verdad que con la situación esta no hemos podido abrir la zona de degustación en la que te puedas sentar, no como un bar, pero si para comerte lo que te has comprado, probarte una falda o mirar un libro de los de Luis Felipe Comendador, esa era un poco la idea. No se trata de comprar, y comprar sino de pensar y de poner en contacto a la gente con los productores. A todos los que están ahí los conocemos personalmente sabemos lo que hacen, y cómo, te puedo decir que compres la miel y que vayas a ver a los que la hacen, vete a ver a los que hacen jabones. A mí me parece muy enriquecedor.

También es muy enriquecedor para Béjar…

Béjar tiene un rollo postindustrial tipo Detroit, creo que lo que puede sacar a esta ciudad de donde está es la cultura. No las fábricas, las fábricas ya, es la pequeña escala. Creo que esto que nos está pasando hay que verlo también como una oportunidad, yo lo veo así… ¿Qué cosas podemos sacar de todo esto? que hemos disfrutado de la soledad, y que si vives aquí disfrutas de estar con poca gente y del medio en el que estás. Nosotros estábamos por la mañana trabajando, igual que el que vive en Londres, conectados, y luego, por la tarde, la naturaleza.

¿Qué planes tenéis ahora?

La situación cambia de un día a otro, no hay planes. He empezado con la formación online, aunque hay que cuestionar la formación alumno-profe que es muy unidireccional, pensar en un trabajo colaborativo que hay que hacer. Aunque no estemos juntos, tenemos que tener esa sensación de que sí lo estamos. Ahora estoy haciendo proyectos entre colegios y los chavales colaboran en un proyecto para ayudar a una ONG y todo en una plataforma, cada uno en su casa, pero sintiendo que hablaban con sus compañeros y que estaban ayudando a otros. Cuando se pueda hay que salir, pero si tenemos que estar encerrados, que estemos trabajando con el otro. Y quiero preparar las casas para que venga la gente, que nos aporte, que trabajemos en común.

Te gusta crear dinámicas…

Puede ser una deformación profesional, yo soy animador sociocultural de profesión. Soy gestor cultural, el juego, la cultura y la educación son para mí mis tres patas. Todo desde una perspectiva participativa. Te pongo un ejemplo, puedes hacer un festival de teatro de calle en un pueblo, pero si la población tiene un grupo de teatro en ese mismo pueblo y representan y eso genera cosas a lo largo de todo el año… Perfecto. No se trata de un fin de semana que deje mucho dinero de la gente que venga al festival, que sí es bueno, pero además hacemos algo duradero.

Es crear un tejido permanente.

Es lo que te decía antes de no convertir a los pueblos en decorados. Las artesanías ya no existen y las vendemos traídas de no sé dónde porque no quedan artesanos y los chicos no quieren aprender. Pero es que no podemos condenarles a que aprendan, a lo mejor quieren aprender a usar la impresora 3D. En este curso decimos que a la gente de pueblo se les ha impuesto un poco ser guardianes de las esencias, de la tradición, de los bailes y de las patatas meneás.

Me encanta el nombre de “Factoría Lúdica”. ¿En qué empeño está ahora?

Está en proyectos para adaptar nuestras actividades lúdicas a esta situación con una campaña en redes que se llama “Volver a jugar”. Hay que seguir jugando porque es algo muy importante y queremos poner todas nuestras técnicas de “gamificación” un poco al alcance de gente con poco presupuesto. Hacer un proyecto para una empresa es posible, pero lo queremos llevar al terreno de lo social, a una asociación de mujeres, inmigrantes… Por eso necesitamos una partida presupuestaria para tener proyectos gratuitos para actividades sociales. Y lo estamos consiguiendo, hay que seguir jugando.

Pues me acabas de dar el título de la entrevista.

Y crear redes, dinamizar, vivir en una sociedad colaborativa. Así lo vemos.