La primera vez, en la historia sanroqueña, sin procesión del Santo y sin bailes públicos

Cuando puse el pie en el mes de agosto, me entró una gran pena, pero llevadera. Y estas cosas pasan, porque los hombres no hacemos demasiado caso de los microorganismos, y estos aguantan hasta que se hartan, se levantan en armas y son tan peligrosos en sus reivindicaciones, que pueden paralizar a todo el mundo y mantenerlo en la picota, hasta que se cansan. Y así, entre los miles de asuntos, uno de ellos se ha cargado las fiestas de los pueblos, y de todos los pueblos.

Al entrar agosto, mi pueblo tenía contratadas las orquestas, los toros, los dulzaineros y tenía a punto el programa de fiestas. Las casas cerradas abrían sus puertas para que marchase el polvo viejo y tomase posesión el aire confortante y saludable; las calles empezaban a inundarse de coches, de gente, de niños…; así como, las tiendas, los bares, las terrazas de saludos, de encuentros, de alegría y emoción.

Hace tan solo un año, los primeros días de agosto, se llenaban con las famosas jornadas sanitarias, con proyecciones de películas, con competiciones deportivas, con la carrera popular “la Sanrocada”, con el día del niño, del anciano y del forastero, y con los conciertos de dulzaina y de otras variedades de música. Y, se llegaba a la víspera y, en el templete de espectáculos de la plaza, se proclamaban la reina y sus damas de fiesta, y se pronunciaba el pregón desde el balcón del Ayuntamiento y el cohete descorría el telón de la semana grande de san Roque. Y cada día de fiesta tenía su protagonista: las misas solemnes de la Virgen y de San Roque, la procesión del Santo, la loa, los festejos taurinos, las verbenas, los almuerzos, las peñas. El ambiente todo.

Este año es distinto, san Roque convoca y acudirá el personal desde otros lugares como siempre, pero, en sus rostros, no aflorarán la alegría y la emoción, y sí un poco de miedo y de precaución. Este año, se han organizado algunas actividades culturales y musicales, la proclamación de reina, rey, damas y caballeros, pregón de fiesta, loa al Santo, conciertos musicales… pero todo limitado por la prudencia, por la precaución y, sobre todo, por la responsabilidad personal. Será de otra manera, pero será.

Es la primera vez en la historia local, que no se celebrará la procesión de san Roque ni habrá bailes públicos en la plaza Mayor. Solo sonará la dulzaina en las dianas, en el recorrido de la procesión, para que aquellos, que quieran matar el gusanillo del baile al Santo, no rompan con la tradición. Así nos toca y así es el capricho de virus, que dicen “Coronavirus”.

Esta situación se registrará, como un acontecimiento sorprendente, en los anales de las fiestas tradicionales de san Roque. Observando todos los aconteceres de este mundo, están llenos de entuertos.