¿Existe un juego ideal en el fútbol?

Los teóricos enseguida toman papel y pluma y se ponen a estructurar un equipo de fútbol dibujando portero, defensas, centrocampistas y delanteros. Sus planificaciones están basadas en equilibrar y complementar las virtudes y defectos del conjunto de jugadores, sus acciones individuales, sus interrelaciones grupales. Lo que nunca trasciende es aquello que a mí me preocupa en primer lugar, es decir, que mis jugadores sean amigos entre sí, dentro y fuera del campo de juego. Es verdad que, en un primer momento, dicha relación puede no fluir con naturalidad, de hecho cada jugador es “de su padre y de su madre” y su procedencia muy distinta.

Lo que pasa es que la personalidad de todos ellos debe pasar por una socialización mínima. Si sólo admites individualistas dentro del campo de juego te puedes encontrar con un equipo un tanto anárquico como consecuencia de su especialización en las maneras de hacer, un equipo exclusivo de especialistas requiere mucho más tiempo de coordinación y maneras de compartir el juego. Desde luego, un equipo debe comunicarse de manera fácil y transparente hasta conseguir plena confianza de unos con otros. “El fútbol es un juego, el más atractivo de los juegos, porque jamás es igual, porque un gesto no se parece a otro, una acción colectiva a otra, un partido a otro; porque no exige automatismo, porque aleja en toda edad y en todo lugar las realidades materiales… no hay placer más completo que el dominar o dirigir con el pie un balón inerte y huidizo”, como decía el periodista deportivo Jean Philippe Rethacker.

Aseguraba Daniel Baremboim, director de música: “Una orquesta no se domina y nadie es dominado por una orquesta. Los músicos son los que producen el sonido. La imagen del director como poder es falsa y negativa… Es el que debe dar un pulmón a la orquesta para que todos respiren de una manera parecida”. La figura del director de orquesta es la más parecida a la labor de un entrenador de fútbol. Y, lógicamente, el buen fútbol no es patrimonio de nadie y las fórmulas se me antojan infinitas.

Recuerdo que leí en la “Intimidad del fútbol”, de Ángel Cappa, una reflexión muy íntima: “En mi barrio aprendí que el fútbol es una pelota que sale bien jugada desde atrás, limpita decíamos, que recorre la cancha de lado a lado acariciada por todo el equipo, buscando la jugada con picardía, con elegancia, con habilidad, con inteligencia, hasta que llega al área contraria y se pone a disposición de cualquiera que la quiera empujar al gol, despacito si es posible”.