Lunes, 19 de octubre de 2020

Agresividad política

Profesor de Derecho Penal de la Usal

Durante la sesión parlamentaria de esta semana en el Congreso, el líder de Vox, Santiago Abascal, ha proclamado que en septiembre presentarán una moción de censura contra “este gobierno ilegítimo”, para que “España no caiga en la ruina y en la muerte”. Además, ha lanzado otros improperios nada despreciables y con el estilo propio de una maldición de brujería, lo ha hecho contra la “China comunista” por ser el país que ha lanzado a occidente el virus de la Covid 19, causante de la pandemia que estamos sufriendo.

La agresividad verbal y el odio a lo diferente que están alimentando los políticos de Vox en los últimos tiempos, debe ser motivo de estudio psicológico e incluso criminológico, porque estas actuaciones nos hacen recordar tristes momentos de nuestra historia reciente; por suerte, ya superados.  Y es muy grave también que lo hagan disfrazados hasta los dientes con la bandera española, que es de todos, que nos identifica a todos los españoles. Ya no la llevan sólo en las pulseras, collares, tirantes o cinturones; ahora también en las mascarillas. Tal es el icono que ante las respuestas contundentes y certeras que le dio el presidente de gobierno sobre la propuesta de presentar una moción de censura en septiembre, después de las vacaciones de Abascal, éste quedó noqueado y con su mascarilla puesta, de dos banderas verticales en los extremos, parecía derramar lágrimas con los colores de la bandera española.

¿Llora España porque haya un gobierno socialista presidido por Pedro Sánchez?. No!, lloran algunos españoles –con mucho poder económico, eso sí- que se consideran herederos universales del poder político, por casta y por tradición, que no son otros que los que se manifestaban por la calle Núñez de Balboa, de Madrid, para que finalizara el estado de alarma y así poder tomarse sus “GinTonics” en sus lujosas mansiones y organizar fiestas privadas en sus segundas, terceras y enésimas residencias; lloran aquéllos herederos intelectuales de los señoritos de los “Santos Inocentes”, los de Queipo de Llano, aquél criminal de guerra y estrella de la radio fascista que proclamaba a voces –según cronistas e investigadores “una voz borracha de aguardiente que incitaba al asesinato”- que había que exterminar a los rojos e incluso atentar contra la libertad sexual de sus mujeres, con frases como “hay que perseguir a los rojos como a fieras, hasta hacerlos desaparecer a todos”, pues había que enseñarles “…lo que significa ser hombre y de paso también a las mujeres. Después de todo, estas comunistas y anarquistas se lo merecen ¿No han estado jugando al amor libre? Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad. No se van a librar por mucho que forcejeen y pataleen”. En fin, sobran las palabras. Como diría Rafael Alberti en un poema: “Quién rebuzna a cuatro patas. ¡Radio Sevilla! Señores. Aquí un salvador de España. ¡Viva el vino, viva el vómito!

Abascal, cual parlamentario intrépido, agresivo e incluso suicida, se lanza a la arena política, además, con expresiones del estilo “si hay un nuevo Estado de alarma no se lo vamos a permitir”, ¿cómo lo van a hacer? ¿utilizarán la razón de la fuerza como siempre han hecho sus ideólogos en el pasado?

Seamos benévolos en el análisis y achaquemos este comportamiento al excesivo calor que estamos padeciendo y que, sabemos, como refieren psicólogos y criminólogos, favorece el aumento de la agresividad, la irritabilidad e incluso la comisión de delitos violentos contra las personas. Autores como Shakespeare, en su obra “Romeo y Julieta” hace referencia a la influencia del calor en la agresividad humana y en la primera escena nos dice: “amigo Mercurio, pienso que es mejor que nos moderemos, porque hace bastante calor, y los Capuletos andan exaltados, y ya sabes que en verano hierve mucho la sangre”. Otros, como Pemán, en su “Noche de levante en calma” también escenifica que esas noches de tórrido calor en el sur de España, cuando el aire de levante calma, pueden cometerse los crímenes más horrendos, sobre todo los pasionales.

¡Bajen el pistón de la agresividad señor Abascal y señores de la oposición! En una situación como la actual, con una pandemia que nos está lesionando gravemente a todos y con una situación económica terriblemente debilitada, lo que necesitamos con urgencia son aportaciones sensatas y sosegadas de todos para buscar acuerdos y consensos de Estado, no enfrentamientos cainitas y viscerales que solo conducen, estos sí, a “la ruina y la muerte”.