La fórmula impecable

    Un columnista egregio de El País ha descubierto la fórmula impecable e implacable. Todo lo nuevo es mejor. En cualquier circunstancia, en cualquier época, en cualquier materia. Entonces el fascismo es mejor que la democracia a la que eliminó. Que te cobren por visitar el Pórtico de la Gloria es mejor que no te cobren nada. Que unos sean cada vez más ricos a costa de que otros sean cada vez más pobres es mejor. La contestación repetitiva y monótona de una máquina en el teléfono es mejor que la contestación de una persona viva que te escucha. Que haya millones de libros en internet que no vas a leer, todos con la misma presentación en la misma pantalla y abstractos, es mejor que unos pocos libros concretos y palpables que sí vas a leer y te harán vivir. Que el mundo concreto se difumine en la fantasmalidad virtual es mejor.

     Que tengas que pasarte horas contestando a una máquina tonta que te repita siempre lo mismo para declarar a Hacienda es mejor que te atienda en cinco minutos una persona viva.  Que pases una tarjeta cien veces en una puerta para ver si decide abrirse es mejor que abrir en dos segundos con una llave. Hablar por el móvil con seres siempre lejanos e impalpables es mejor que hablar con la persona viva y palpable que tienes al lado. Que apliques algoritmos fijos y tontos a la vida cambiante y sorprendente que no cabe en algoritmos es mejor que escuchar a la vida misma.

     La fórmula vale siempre, es implacable e impecable. Es incorruptible. El simplismo es la solución mundial para todo. Franco es mejor que la República española, pagar servicios que antes eran gratis es mejor que no pagarlos, el puritanismo cada vez más furioso es mejor que la tolerancia, las máquinas son mejores en todo y para todo que las personas.  Yo también conozco otra fórmula: decir a todo que sí. Asi serás progresista.

ANTONIO COSTA GÓMEZ, ESCRITOR