Viernes, 7 de agosto de 2020

El Barrio Rojo

En el futuro le deseamos todo lo mejor al ministro holandés Mark Rutte, pero la experiencia nos dice que cuando se juega tan fuerte y alguien se señala tanto, a diestro y siniestro siempre dejará descontentos. Si no lo creen así, piensen en Yanis Varoufakis, el exministro griego de Finanzas.

Nadie duda de que Holanda es un gran país, y quienes hemos visitado su capital, Amsterdam, quedamos abducidos por sus canales, su mercado-museo de flores y el gran tesoro de obras artísticas de los célebres Rembrandt, Van Gogh o Vermeer, entre otros. Ah, claro, también es conocida y visitada por su Barrio Rojo.

Precisamente del Barrio Rojo queríamos hablar, pues aparte de ser un conglomerado de calles estrechas pobladas de tiendas, el visitante puede elegir en el escaparate a las vivientes “maniquíes”, que, previo pago, serán el deseado producto de su morbo.

En estos días en los que el ministro holandés se ha situado en la parte ancha del embudo racaneando las ayudas europeas por los desastres de la pandemia, a España le pide más sacrificios en pensiones y reformas laborales, con lo que a cualquiera le puede pasar por la cabeza si dicho señor no nos está señalando que, por ejemplo, situemos un negocio así, con escaparates, en el centro de Madrid.

Con ello, el turismo estaría asegurado y los ingresos que reporta -la prostitución está legalizada en Holanda y paga impuestos- no son nada desdeñables. Además, a nadie le van a pedir que “consuma” en el Barrio, pues aquello solo será el gancho, ya consumirá de otra manera en uno de los muchos atractivos con los que cuenta la ciudad. (Precisamente las meretrices del Barrio Rojo se quejan del gran volumen de turistas, que con sus visitas coartan y espantan a sus clientes).

Claro, en Madrid este negocio sería Sodoma y Gomorra mientras en Holanda es tradición. Aquí queríamos llegar, Sr. Rutte, ustedes tienen su idiosincrasia, nosotros la nuestra, por tanto, no juzgue usted nuestro mercado laboral ni nuestras pensiones -ya maltrechas- pidiendo mayor frugalidad, pues si nosotros juzgamos sus arrullados tugurios, comparativamente sería un auténtico disparate.

Por último, le diré que servidor, sin consumición, ya cumplió con ustedes y visitó su Barrio, y no queremos darnos importancia, pero aquel es un lugar que lo han visitado personalidades de mucho caché. Así, como anecdótico, contaba hace años el hoy jefe de gabinete de la señora Ayuso, Miguel Ángel Rodríguez -lo leí en un capítulo de libro publicado por El Mundo- que de visita a Amsterdam con don José María Aznar y unos amigos -este aún no era presidente- tuvieron la curiosidad de visitar el Barrio pensando que su presencia pasaría desapercibida, y no bien habían arribado, cuando tuvieron que salir corriendo.

En aquella época muchos de nuestros compatriotas eran devotos de aquel lugar y allí se hablaba mucho español. En cuanto le vieron, se corrió la voz: “¡Es Aznar!… ¡Es Aznar!”. (Pero no se preocupe, señor presidente, nadie pondrá ninguna placa de que “usted estuvo allí”, ya que habrán sido cientos las altas personalidades que dejaron allí su impronta. ¡No habría placas para todos!).

Para finalizar, señor Rutte, no es un dispendio que usted ayude a su antigua clientela.