Esperamos algo más

En el mes de abril, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) hizo una encuesta de opinión pública en la que el 91,4% de los ciudadanos españoles mostraban su deseo de que, tras superar lo peor de la crisis sanitaria de la Covid-19, los políticos realizaran un esfuerzo especial para llegar a grandes acuerdos con los que afrontar tanto la crisis sanitaria como sus consecuencias desastrosas en la economía y en lo social.

Después de una serie de desencuentros y de propuestas fallidas, una mayoría de políticos nacionales llegaron al acuerdo de crear en el Congreso una Comisión para la Reconstrucción Social y Económica, con la debida representación parlamentaria. Se esperaba, esperábamos la inmensa mayoría, que esa comisión de la reconstrucción sirviera para sentar las bases de políticas de consenso que permitieran la reconstrucción económica y social del país. Pero, salvo que cambien mucho las cosas de aquí a la semana del 20 en que los dictámenes, surgidos de esa comisión, se votarán en el Pleno del Congreso, podría cerrarse con un acuerdo de mínimos solo en el ámbito de la sanidad y de asuntos europeos. Y sin acuerdo alguno en las otras dos áreas de la Comisión como son economía y políticas sociales.

El principio de acuerdo alcanzado en el ámbito sanitario es tan de mínimos y genérico que bien se les puede calificar de Perogrullo. No pueden por menos de hacerlo, porque no se entendería por la ciudadanía el que no alcanzaran un mínimo de acuerdo en algo tan básico para la población, para sus votantes, como la sanidad y especialmente en medidas que permitan reaccionar antes y mejor, frente a un posible rebrote intenso de la pandemia que nos ocupa o de otras similares que pudieran venir.

Algo parecido ocurre con los asuntos europeos. Unos acuerdos mínimos de unidad son inevitables, si no queremos ser el hazmerreír en el exterior y los perjudicados internamente. Porque la falta de un acuerdo mínimo en este ámbito, supondría ir directamente en contra de los intereses de España y, en consecuencia, de los ciudadanos. Sería deseable que llegaran a un acuerdo, aunque sea de mínimos y generalista, que permitiera dar un mensaje unánime a la Unión Europea, ante la reunión que el 17 de julio tendrán los dirigentes de los 27 países que la componen, para intentar fijar los criterios de reparto y acceso a los fondos destinados a la reconstrucción tras la pandemia.

A estas alturas de la película y a pesar de que en la última semana han mejorado mucho las perspectivas, deteniendo la escalada de la crispación política y poniendo un poco de voluntad en dialogar, se ve casi imposible que sean capaces de llegar a algún tipo de acuerdo en materia de economía y políticas sociales, dos aspectos básicos e ineludibles para la reconstrucción del país. Al igual que Machado vio en el brote verde del olmo viejo junto al río Duero, la esperanza de un milagro de la primavera que recuperase de la enfermedad mortal a su amada Leonor, el 91,4% de los ciudadanos esperamos un milagro del cálido verano, para que esos brotes de diálogo sumen esfuerzos y voluntades, remando todos juntos en el mismo barco en el que estamos y que no es otro que el de la vida.

Es cierto que el tiempo para el diálogo y la negociación en el marco de la comisión de reconstrucción todavía no ha terminado y aún hay un espacio para la esperanza de los ciudadanos que esperan trabajo, diálogo, entendimiento, acuerdos y soluciones por parte de los políticos elegidos democráticamente, para conducir los destinos del país.

 Afortunadamente, el diálogo social tiene buena sintonía. Los agentes sociales están en otra onda más positiva y en un tiempo record, patronales empresariales y sindicatos, han alcanzado ya, junto con el Gobierno, tres acuerdos muy importantes para la reconstrucción de la economía y la recuperación del empleo perdido, para que nadie se quede fuera.        

Parece que la llamada a la reconstrucción está dando un cierto corrimiento hacia el centro político en detrimento de los radicalismos que suelen tener problemas cuando se enfrentan a la realidad, quizá por  evidenciarse de que solo con realismo y cordura pueden enfrentarse  los problemas graves como el que nos ocupa. Sería bueno aprovechar la coyuntura y promover un salto cuantitativo y cualitativo e impulsar reformas y procesos de modernización pendientes desde hace tiempo como es la educación, la digitalización, el cambio climático o la despoblación rural. Sería bueno.

Les dejo con Wind Of Change (Vientos de cambio) de Scorpions:

https://www.youtube.com/watch?v=QFI3eLA33IQ

                                                                                                            Aguadero@acta.es