Lunes, 13 de julio de 2020

Desescaladas y fin del Estado de Alarma

Mañana domingo, 21 de junio, termina el Estado de Alarma decretado en España el 14 de marzo, para afrontar la crisis sanitaria y luchar contra la Covid-19. Significará el fin de las restricciones de movimiento, pudiendo ya circular por todo el territorio nacional. Atrás queda el duro confinamiento de la población, la parada brusca y casi total del país, la hibernación de la economía y las sucesivas etapas para tornar a una cierta normalidad. Proceso que, en su conjunto, hemos denominado “desescalada”. Ese concepto que no existe en el Diccionario de la lengua española, pero que estoy seguro que será una de las palabras candidatas de la Fundación del Español Urgente (Fundéu) como palabra del año 2020, dada su intensidad y presencia, tanto en el debate político como en los medios de comunicación y en el uso social. Cosa que, sin duda, hará también más adelante la Real Academia de la Lengua (RAE) para incorporarla al Diccionario.

Los ciudadanos despertaremos mañana de este sueño embarazoso en el que nos ha imbuido el coronavirus y nos volveremos a encontrar con todo nuestro hermoso país abierto a nosotros y al entorno. Como cabía esperar, la medida del fin del Estado de Alarma no ha sido acogida de igual forma por todos los presidentes autonómicos, en función del grado de control de la pandemia en el que se encuentre cada territorio, pero eso es otro cantar de intereses. Las autoridades sanitarias han asegurado de que, si España no estuviera preparada para ello, no se levantarían las restricciones de circulación, y eso es lo importante para el ciudadano en su conjunto, que se levanten las restricciones porque estamos preparados para ello.

Albergamos la esperanza de que la desescalada alcance también a la política, si quiera que sea al final. Porque mientras que el país caminaba hacia el final del túnel y los ciudadanos comenzábamos a ver la luz, la política nacional iba en sentido inverso, crispándose cada vez más, en lugar de generar confianza y sosiego a los ciudadanos, que es su obligación democrática. Es un sentimiento generalizado el que muchos de los políticos no han estado a la altura que el momento exigía.

La pandemia ha puesto de manifiesto que vivimos en una democracia compleja que hay que fortalecer. Ha conseguido parar el mundo, pero no ha conseguido cambiar la política. Pasaremos el susto y seguirá habiendo socialdemócratas y liberales, defendiendo sus respectivos modelos socioeconómicos, y, eso está bien, para eso les hemos puesto ahí con nuestros votos. Pero albergamos la esperanza de que cambie esa forma de hacer política basada en el insulto, las mentiras y el todo vale, de la que el ciudadano ya está harto. Confiamos en que haya también una desescalada de la crispación política intolerable que está activando sentimientos de odio y enfrentamiento entre la población. Otra manera de hacer política es posible y, como evidencia, ahí tienen los pactos para la reconstrucción, alcanzados entre las fuerzas políticas en los Ayuntamientos de Salamanca y Madrid y en el gobierno autónomo de Castilla y León.

Es preciso que superemos ese espectáculo bochornoso que se ha dado en los momentos de mayor azote para el país y de gravedad para la ciudadanía, que han dejado imágenes muy lamentables de nuestra clase política y por ende de nuestro país. Somos un país serio. Pero ese tactismo a corto plazo de los partidos políticos, incluso en los momentos más complejos y graves para la población, hace difícil que nos vean como tal, desde fuera, con el consiguiente perjuicio para la imagen, la reputación y los intereses de España.

Mañana domingo cae el Estado de Alarma. Confiemos en que no sea algo provisional, sino que definitivamente no tenga que volver a levantarse. Mucho dependerá de lo que hagan los políticos y la vigilancia epidemiológica. Pero dependerá aún más de lo que hagamos cada uno de nosotros, de no relajarnos, de nuestra actitud y corresponsabilidad para evitar contagios. Que la búsqueda de la normalidad no nos lleve a la arena de la playa, del bar, de los botellones, de las fiestas, etc., sin ser conscientes de lo que hemos pasado y de que el virus sigue estando ahí, esperando el menor descuido, para atraparnos. En nuestras manos está, en la de todos, que cada uno asuma su parte de responsabilidad, por el bien individual y por el bien común. No es un sueño, es la realidad.

Realidad o sueño es la canción de Jarabe de Palo que nos acompaña hoy, como un homenaje póstumo a su vocalista Pau Dones que recientemente nos ha dejado:

https://www.youtube.com/watch?v=_4v0aN5-ICw

                                                                                                                  Aguadero@acta.es