Lunes, 13 de julio de 2020

Importancia de lo presencial 

Una de las derivas que, al parecer, va a tomar la vida, tras todo este tiempo de estado de alarma y confinamientos en los que estamos, debido a la crisis sanitaria provocada por el corona virus, es todo lo que tiene que ver con la mutilación de lo presencial.

Desde hace ya años, las empresas se deslocalizaban, comenzaban a desaparecer las tiendas y servicios (de todo tipo) en los que una persona nos atendía y, con su presencia, trataba de solucionar el problema con el que acudíamos… Y todo iba perdiendo presencia real, para desaparecer y terminar pasando a un estado virtual, como de realidad fantasmagórica.

Tal tendencia se va acentuando. Y lo físico, lo presencial, esa ‘fisis’ de que hablaran los griegos presocráticos, que envuelve siempre –no lo olvidemos– también lo espiritual, se ha ido esfumando, sin que apenas nos demos cuenta ni opongamos resistencia alguna, hacia una deriva de lo fantasmal y casi hasta de lo brujeril.

Ahora, tras la crisis sanitaria, parece que la única realidad que va a cambiar es la del trabajo. Ahora se llama tele-trabajo. Y parece que todo el mundo termina estando contentísimo con ello.

Hasta en el plano sanitario, ya se nos va a atender, diagnosticar, curar… a través del teléfono. Ya ni hará falta que acudamos a la consulta médica. Como por arte de brujería, se nos curará con unas palabras.

Y lo mismo observamos que está ocurriendo estos meses con la educación, en que ha tenido que ponerse en pie la tele-docencia. Y da igual que todo un sector del alumnado se esté quedando al margen, por falta de recursos digitales de determinadas familias. Compramos una partida de ordenadores, los distribuimos y sanseacabó, problema solucionado.

Sabemos, sin embargo, que el profesorado está descontento, con esta dinámica que le ha tocado padecer de la docencia a distancia. Que sus jornadas de trabajo se hacían interminables, que los alumnos no estudiaban, que empobrecían su lenguaje, etc., observaciones todas ellas que nos han ido llegando de docentes amigos.

Y es que lo presencial, por mucho que las nuevas tecnologías nos des-realicen y nos des-localicen y casi hasta nos hagan desaparecer, es de vital importancia para la cohesión social, para la humanización tanto de las personas como de las sociedades. Porque este proceso al que estamos asistiendo, tan pasivamente y dando nuestra aquiescencia, es, en el fondo, un proceso deshumanizador y cosificador.

En el ‘Cántico espiritual’, un poema supremo de nuestro idioma, San Juan de la Cruz hubo de añadir una lira, para dar presencia a la figura de la amada, de la divinidad, algo que le exigió entonces la autoridad religiosa. “Descubre tu presencia, / y máteme tu vista y hermosura; / mira que la dolencia / de amor, que no se cura / sino con la presencia y la figura.”

Habla aquí nuestro místico de la importancia de la “presencia”, que acentúa y recalca con otro sustantivo: “la presencia y la figura”.

Lo presencial, la presencia y la figura de los otros es lo que puede seguir manteniendo esa humanización tan necesaria en nuestra sociedad; frente a las deslocalizaciones, al continuo esfumarse, a esas perspectivas de lo fantasmal a las que estamos asistiendo, por mucho que las tilden como de progreso y de tecnología avanzada.

¿Hacia dónde avanzamos así?