Viernes, 7 de agosto de 2020

El grupo del IES Mateo Hernández gana la fase autonómica del certamen teatral Buero Vallejo con la obra ‘Yo no te doy mis ojos’

A la espera de la decisión sobre el premio nacional, el grupo teatral del instituto situado en el Barrio Garrido se alza con el premio con una obra sobre la violencia contra las mujeres.

Alumnos del grupo de teatro "Esos escénicos" del instituto Mateo Hernández | Foto: Carmen Borrego

Orgullo, orgullo es lo que sentimos cuando el grupo de teatro ‘Esos escénicos’ de nuestro instituto Mateo Hernández representó en el Teatro Liceo su obra “Yo no te doy mis ojos” con motivo de los actos del Día Internacional para la eliminación de la violencia contra la mujer. El mismo orgullo que tenemos cuando hoy nos comunican que los chicos del director teatral Pablo Málaga han ganado la fase autonómica del prestigioso certamen de teatro escolar Buero Vallejo. Mucho, mucho, mucho orgullo, y precisamente hoy, cuando de nuevo la lacra de los asesinatos machistas vuelve a sorprendernos.

Porque los chicos del Mateo no han ganado con una representación cualquier, no. Es esta una obra gestada a lo largo de muchos meses y concebida como un grito de denuncia por parte de un grupo de alumnos que van desde los 12 a los 18 años, y que se representa con un montaje, tan sencillo en decorado y atrezzo como efectivo, que partió de textos de los propios alumnos quienes, sin ningún tipo de cortapisas, hablaron de todos los temas que les parecieron importantes en las reuniones de mesa previas a los ensayos. Temas como el control en la pareja, la muerte de las mujeres a manos de sus compañeros o ex compañeros, el papel de la publicidad de la música de reggetton, la culpabilidad de la mujer violada y asesinada, la violencia doméstica, el piropo ofensivo, las estadísticas, los cllchés machistas del lenguaje diario, los matrimonios forzados y la prostitución (uno de los fragmentos más dolorosos y emotivos de la obra). Una obra en la que el director ha sabido alternar los episodios trágicos y los cómicos en un montaje perfectamente medido en el que todos los participantes tienen su protagonismo, todos están implicados y todos se atreven, con su lenguaje y sus modismos, a mostrar una realidad tan sangrante como incómoda.

Una obra cruda salida de los propios alumnos que trabajan a lo largo de la misma sin pensar que muchos de ellos han nacido precisamente en los años en los que se empezaron a contar las muertes por una violencia escondida en la casa y que no se tenía en cuenta amparándose en la intimidad de la familia y en la sumisión de la mujer a la figura masculina. Una figura que se resiste a perder sus prerrogativas y que ahora ataca disfrazada de música, de control amoroso, de chantaje emocional, de comercio carnal, aspectos que tratan desde la risa y el llanto los jóvenes actores bajo la batuta de Pablo Málaga con una valentía que les ha valido imponerse a los muchos y excelentes grupos de teatro escolar de toda la Comunidad castellano leonesa. Un éxito que, sobre todo desde la perspectiva de un instituto estatal situado en uno de los barrios salmantinos más azotados por la crisis y por la pandemia del coronavirus, se hace de todos. Porque todos somos estos alumnos entregados que, tarde tras tarde, cambian sus libros de texto y sus aficiones por venir a los ensayos, esforzada, alegremente, dispuestos a formar parte de una familia teatral que levanta en común una obra tan redonda como prodigiosa. De ahí que todos, familias, equipo docente, amigos y toda la ciudad que tuvo la oportunidad de ver la obra tanto en la Biblioteca Torrente Ballester, buque insignia de la cultura salmantina a pie de calle como en el Teatro Liceo, uno de los espacios más bellos de la ciudad, estemos orgullosos de este grupo tan numeroso, heterogéneo y espléndido como el que forma bajo la sabia mano de Pablo Málaga, “Esos Escénicos”.

Una obra que ojalá les enseñe a todos a vivir libres, sin miedo, libremente. De ahí su valor, su verdad, la que nos hace llorar, reír, admirar, aplaudir, y sobre todo, sentir que estamos todos ahí: las instituciones, las familias, los amigos, el instituto, todos para apoyar al director Pablo Málaga quien con su talento y su generosidad a la hora de captar lo que les preocupa a estos chicos los ha hecho verdaderos protagonistas, valientes y osados para encarnar lo más trágico, lo más doloroso de una sociedad enferma que tiene cura. Y la cura son ellos. Permítanme que me sienta absolutamente orgullosa de nuestros chicos del Mateo. Porque serán ellos quienes acaben con todo esto. Ellos con su dolorosa valentía, ellos, con su valiente alegría. Y que siga la celebración aún más allá de premios y reconocimientos que tanto nos gustan, porque se lo merecen.

Fotografías: Carmen Borrego