Gerontofobia o el rechazo a los mayores

La gerontofobia o el rechazo a los mayores ha venido creciendo de forma solapada en la sociedad, hasta tal punto que podemos considerarla como una nueva enfermedad, relacionada con la conducta humana, que afecta a multitud de países y especialmente a aquellos con una población envejecida, como es el caso de Europa. Se trata de una reacción, no racional, que puede generar actitudes poco éticas para con las personas mayores, llevando incluso al maltrato o agresión de aquellas.

Nada que ver el trato, la consideración que se le da hoy día a los mayores con la que se le daba en la Antigüedad. El Senatus o Senado romano, fue una institución que alcanzó su máximo esplendor durante la República, siglos VI a I a. C., siendo el auténtico gobierno de Roma. Era un consejo de ancianos cuyos miembros, de carácter vitalicio, habían pasado por las magistraturas, aportando así una experiencia de gobierno. Otra referencia histórica es el llamado Sanedrín, la asamblea o consejo de ancianos del pueblo de Israel que de hecho era la Corte Suprema de la ley judía, cuya misión era administrar justicia interpretando y aplicando la Torah o ley sagrada. Salvando todas las distancias y diferencias, que son muchas, lo que más se aproxima es nuestro actual Consejo de Estado, que es un órgano meramente consultivo, compuesto por personas que han tenido una función relevante en la vida pública.

El respeto y consideración a los mayores lo encontramos en las culturas milenarias tanto orientales como occidentales. También como tradición en nuestra sociedad. Nuestra generación ha conocido de nuestros antepasados, vivido y aplicado en primera persona, la máxima consideración, el respeto y el mejor trato para con nuestros padres y abuelos.

¿Cómo hemos llegado a esta situación, si hasta hace no mucho, estaba mal visto faltarle el respeto a un anciano, mucho menos robarle o maltratarlo? A mi entender, dos son los elementos esenciales: la sociedad consumista y el paradigma social imperante del culto al éxito de la juventud. Añadiendo la convicción, creencia y hasta el desprecio de que todo lo que no es productivo, no sea objeto de consumo, o no genere utilidades, no cuenta, no tiene cabida en esta sociedad. Así, llega a verse a las personas de 50 años en adelante como el necesario camino de la retirada, como si ya no sirvieran. Los jóvenes hacen bien persiguiendo sus sueños, es lo suyo, pero sin abandonar a sus mayores.

Nuestra sociedad tiene un estereotipo negativo de la vejez. Se asocia a la no productividad, la dependencia, la enfermedad, el gasto público, a la muerte. De ahí viene el temor a ocuparnos de los mayores, su falta de consideración, el desprecio o incluso el rechazo, la gerontofobia. No entro a valorar ni a prejuzgar los comportamientos individuales. Cada uno tiene sus razones, sus circunstancias, conoce mejor que nadie qué es lo mejor para sus mayores y seguro que se obra en consecuencia. Pero no es menos cierto que, socialmente, se les ve como una carga para la familia, para las instituciones, para los agentes económicos, para la sociedad.

Vengo observando este fenómeno social de la gerontofobia desde hace tiempo y me preocupa el camino por el que va discurriendo nuestra sociedad. Espoleado por la crisis sanitaria de la pandemia, se ha puesto de manifiesto el creciente rechazo a los mayores o ancianos. Sin darnos cuenta de que cada mayor o anciano que se va, se lleva consigo una fuente de sabiduría, es como una biblioteca que se cierra. Y que la calidad de una sociedad se mide por el trato que dispensa a sus mayores. Ellos fueron, son y serán unos auténticos héroes, los mejores. Son la memoria más inmediata de nuestro mundo. Son ejemplo de trabajo, lucha y responsabilidad. Les debemos afecto, respeto, el amor que nos han dado, nuestra vida, educación y formación. Porque es de bien nacidos ser agradecidos.

La situación vivida en residencias de ancianos y los protocolos de actuación aplicados, confirman que la gerontofobia está presente y que en algunas residencias privadas se puso el lucro por delante de la calidad de atención a los mayores. Aunque no toda la culpa es de las residencias y de las administraciones públicas, todos tenemos algo que ver. Nadie defiende la gerontofobia, pero hacemos poco por evitarla. Se necesita más pedagogía activa, para que la sociedad tome conciencia del valor de los mayores. 

 Hallándose a orillas de un río un anciano ciego, se le acercaron dos mozalbetes que habían tomado de un nido un pajarito a punto de volar. Le propusieron que adivinara en qué mano tenían el pajarito. Con la intención de engañarle, se lo cambiarían de mano en función de en cual dijera que estaba, pero el anciano ciego, con la sabiduría que dan los años, le contestó: “el pajarito está en vuestras manos, dejadlo volar”. También en nuestras manos está, debería estar, el respeto y la consideración de nuestros mayores.

Hoy está con nosotros “El Abuelo Víctor”, en la voz de su autor, Víctor Manuel:

https://www.youtube.com/watch?v=FtbWo6cETUk

                                                                                                      Aguadero@acta.es