Algunas enseñanzas de la pandemia

Se suele decir que toda crisis es una oportunidad para la mejora, y, puede que así sea, aunque yo prefiero que no vengan. Lo que sí es cierto es que las crisis vienen cargadas de sufrimientos y con el germen del cambio. Traen muchas cosas negativas, por eso son crisis, pero también algunas positivas, aunque esto cueste verlo en estos momentos que tan azotados estamos por la pandemia.

Quizás el aspecto más positivo que podamos encontrar como denominador común en todas las crisis, sean del tipo que sean, es el aprendizaje. Siempre hay algo que aprender, a pesar de que no podamos o no queramos asumirlo. La Covid-19 nos está dejando muchas enseñanzas. Centrémonos, hoy, en el grado de concienciación que el duro y prolongado confinamiento ha estimulado en la población, respecto de la importancia social y económica que las infraestructuras de telecomunicaciones y digitales han tenido y están teniendo en la salud, el trabajo, la educación, el comercio, el abastecimiento o las relaciones sociales.

Quienes veníamos utilizando asiduamente los recursos telemáticos y digitales hemos podido apreciar algunas debilidades, tanto en la velocidad como en la estabilidad de las redes y en la calidad de los contenidos, especialmente en las comunicaciones transoceánicas. Pero las infraestructuras de comunicación han aguantado y nos han permitido llevar el confinamiento con menos aislamiento social del que el obligado aislamiento físico imponía.

Para poder soportar el gran incremento del tráfico en internet durante los confinamientos, habrá habido que allanar, supuesta y técnicamente, la información, por parte de los gestores tecnológicos, para evitar el riesgo de saturación y eventual colapso de las redes. Gestionando el tráfico de datos, limitando el consumo de los mismos, o reduciendo la calidad de imágenes en retransmisiones y vídeos, porque dos terceras partes del tráfico de internet son contenidos en formato de vídeo. Limitando también el tráfico de las falsas noticias que desinforman, envenenan la comunicación y crispan a la sociedad. Solo en Twitter se han identificado 3,4 millones de cuentas dedicadas a manipular información sobre el coronavirus. ¿Se imaginan que hubiera pasado si se hubieran colapsado, por saturación, las redes de información y nos hubiéramos quedado incomunicados?

La digitalización ha sido un salvavidas para muchas empresas. Un estudio de Nielsen sobre el mercado de gran consumo (alimentación, bebidas, cuidado personal y del hogar) determina que el canal online creció durante el confinamiento entre un 78,6% y un 286% semanalmente, multiplicando por dos el número de hogares que hacen la compra por internet, hasta sobrepasar los 700 mil. Un gran número de ciudadanos han aprendido a comprar por internet. Por otro lado, una buena presencia en la red, permite a las PYME (Pequeña y Mediana Empresa) ponerse al alcance de sus clientes, tanto que podría hacerse realidad aquello de que, no estar en internet conlleva el riesgo de desaparecer.

Las redes de información y comunicación han sido, durante los confinamientos, el sostén de los intercambios económicos, de los servicios públicos y de la sociedad en su conjunto, facilitando los contactos sociales, cuando los físicos no eran posibles. La mayor parte de nosotros hemos tenido la oportunidad de asistir (virtualmente) y participar en algún congreso, reuniones, clases, videollamadas individuales o colectivas, o hasta tomar un vino con los amigos en la distancia. El aprendizaje y avance en este aspecto ha sido vertiginoso. Resulta asombroso observar cómo personas nonagenarias aprendían y se conectaban para ver y mantener una videoconferencia con sus hijos y nietos de quienes no podían recibir un abrazo, pero sí ver y percibir una sonrisa.  

Por necesidad, una gran parte de la población se ha incorporado a la demanda inesperada de los servicios de internet. Otros han pasado a ser consumidores compulsivos de la información en la gran red mundial. Pero la brecha digital, aquella que divide a la sociedad entre quienes tienen acceso a las redes, a la información, y quienes no lo tienen, se mantiene. Así, cuatro de cada diez niños no han tenido, ni ellos ni su familia, recursos para haber seguido las clases por teleenseñanza durante la pandemia, con lo que ello supone de discriminatorio y ausencia de igualdad de oportunidades, cuando no de angustia para los niños y sus padres. Sin duda, un espacio para la mejora.

Volveremos a hablar del nuevo orden tecnológico. Hora les dejo con Jorge Drexler y su canción ‘Telefonía’

https://www.youtube.com/watch?v=Wn4neB3uV6c                                                                                                          

                                                                                                       Aguadero@acta.es