Viernes, 7 de agosto de 2020

Extrañas maniobras

La curiosa estrategia para la fabricación de mascarillas seguida por la Junta, que salió a la luz a finales de la semana pasada, y mediante la cual la comunidad autónoma compró una máquina para dicha fabricación situándola en la fábrica de la empresa multinacional  Drylock en Segovia, dejando de lado a Béjar, ha resultado a partes iguales llamativa y extraña.

Y es que resulta cuando menos sorprendente que, teniendo una empresa textil reconvertida para la fabricación de mascarillas en Béjar, la Junta apostase por entregar una máquina que pagaba la propia administración a una empresa que tenía que crear ex novo una línea de fabricación de mascarillas en su planta de Segovia exclusiva para el convenio con la Junta.

Esto, evidentemente, ha evidenciado una suerte de competencia desleal creada hacia la empresa Mascarillas Béjar, a quien no sólo se dejó de lado del convenio, sino que al contrario de la multinacional Drylock, tiene que asumir con capital privado los gastos de la maquinaria para su fabricación de mascarillas, que en el caso de la multinacional asume la Junta de Castilla y León, es decir, todos con nuestros impuestos, incluyendo los bejaranos.

Esta forma de proceder de la administración autonómica ha conllevado un sonoro y lógico revuelo desde finales de la semana pasada, con la consiguiente indignación de la propia empresa Mascarillas Béjar, que mostraba el 31 de mayo su malestar porque la Junta no hubiese contado con ellos para, al menos, proponerle el convenio que trasladó a la fábrica segoviana.

Asimismo, el revuelo llegó hasta las Cortes de Castilla y León, donde Unión del Pueblo Leonés (UPL) registró el 1 de junio una batería de preguntas para pedir explicaciones a la Junta, instándole a que se comprometiese también con Béjar para suplir las necesidades de la autonomía en materia de mascarillas quirúrgicas.

Ante todo ello, la Junta hizo público el día 2 de junio un contrato con Mascarillas Béjar, mediante el cual se compraban 3 millones de mascarillas a la empresa bejarana, si bien, por aquello de que no pareciese una rectificación, la Junta afirmó que el contrato se había firmado el 18 de mayo, lo que resultaba incoherente con lo sostenido por la empresa bejarana, que el 31 de mayo indicaba que la Junta no había contratado nada con ellos hasta la fecha ni le había planteado nada en ese sentido.

Y por si esto fuera poco, este miércoles, en la Comisión de Fomento de las Cortes autonómicas, el representante de la Junta llegó a contestar al procurador de UPL (que le había preguntado sobre esta cuestión) que la propia Junta no había comprado ninguna máquina, ante lo cual el procurador leonesista le leyó una comunicación oficial de la Junta, en la que el propio gobierno autonómico indicaba que había comprado una máquina para la fabricación de mascarillas que cedía a una empresa en Segovia.

Todo ello no hace sino mostrar unas extrañas maniobras por parte de la Junta, con continuos y absurdos intentos de engaño que no acaban de entenderse, y que crean un cierto halo de sospecha sobre posibles chanchullos tras toda esta cuestión. Sin embargo, el ejecutivo autonómico sigue sin aclarar por qué se ha dado prioridad a una multinacional belga por delante de una empresa de Béjar y, sobre todo, por qué a ésta ni tan siquiera se le propuso lo que a la empresa belga con fábrica en Segovia.

Asimismo, si bien finalmente la Junta ha acabado reculando parcialmente y contratando 3 millones de mascarillas a Béjar, es evidente que esto supone un parche para acallar las críticas y calmar los ánimos, pues la situación sigue siendo más favorable a la empresa Drylock, con la cual la Junta ha manifestado que la intención es que fabrique para la autonomía un mínimo de 2 millones de mascarillas mensuales, en un proceso de fabricación que se alargaría hasta final de año, esto es, que la Junta comprará como mínimo 14 millones de mascarillas a la fábrica segoviana, pudiendo ser mayor si la producción llega a las 200.000 mascarillas diarias que tiene capacidad de fabricar la máquina comprada por la Junta.

Por otro lado, ni que decir tiene que las ventajas no son las mismas entre Segovia y Béjar en este aspecto, ya que en el caso segoviano la maquinaria la pone la Junta, y en el bejarano la empresa, la contratación de mascarillas es puntual en Béjar, mientras que en Segovia se prolongará más en el tiempo y con ello se adquirirán más, y por tanto, aunque se acallen las críticas con la compra del mencionado montante de mascarillas a Béjar, lo cierto es que la línea de fabricación de mascarillas impulsada por la Junta seguirá estando radicada en Segovia, donde permanecerán los 18 puestos de trabajo creados exclusivamente en torno a la producción que genere la máquina adquirida por la Junta, y que de haberse actuado de otra manera, bien podrían haberse creado en Béjar, que dicho sea de paso, tiene una tasa de paro (23’9%) muy superior a la de Segovia (14’6%).

Por último, no está de más recordar que en el año 2018 se aprobó un Plan para la reindustrialización de Béjar, cuyo desarrollo depende de la Junta de Castilla y León, la cual, después de año y medio con dicho plan encima de la mesa, sigue sin haber hecho absolutamente nada para hacerlo efectivo (lo mismo se puede decir del de Benavente, aprobado junto al de Béjar), más allá de vender algún que otro titular en prensa cada cierto tiempo de que van a hacer y posteriormente no hacen.

Y mientras tanto, la primera localidad mencionada en el Quijote (es decir, Béjar, a cuyo Duque dedicó Cervantes su obra maestra) perdió el año pasado más de doscientos habitantes, y sigue vaciándose cada año de jóvenes, que marchan fuera a trabajar ante la pasividad de quienes nos gobiernan, para quienes el oeste parece no importar lo más mínimo. Por ello, es justo reclamar que nuestros gobernantes se pongan las pilas de una vez, pues esta provincia agoniza acercándose al punto de no retorno para su salvación.