Miércoles, 3 de junio de 2020

Una vieja misiva.

Querido amigo he estado en Portugal pasando unos días con…… Estuvimos paseando por playas desiertas, lejos del bochorno madrileño y, sobre todo, lejos del ruido mediático e incluso, a veces, personal. Un pequeño respiro. Hace unos días despedimos a …. en el aeropuerto que lleva el nombre de un ínclito duque. Viaja, sin billete de vuelta, a Berlín. Me emocioné en la despedida y me cisqué, in situ, en todos, digo todos, nuestros líderes europeos y nacionales.

He leído tu “panfleto” como dices. Un saludable intento de abjurar, de erradicar derivas aventureras, de profilaxis, en fin. En un punto estoy de acuerdo con lo que dices: “¡democracia, democracia y democracia!”. Cuándo, años ha, enseñaba Derecho penal, al explicar a los alumnos el principio de culpabilidad les preguntaba: ¿Por qué se es culpable? Y me contestaban, ingenuos de ellos: “Porque hizo lo que no debería haberse hecho, pudiendo hacer lo contrario” O sea, dan por sobreentendido que el hombre es libre (yo creo que el hombre no es libre). Y yo les contestaba: “señores se es culpable porque existe un tipo penal que describe, punto por punto, la conducta del acusado” Es decir, porque tal conducta está recogida en la ley penal.

Pregunta “erga omnes”: “¿y si la ley penal, siendo legal, es ilegítima?” Y en este momento, dicho lo dicho, cae el rayo, se abre la “caja de Pandora” y los demonios de ella se escapan y atormentan, sin cesar, nuestras mentes sensatas. Quiero decir: ¿de qué democracia me hablas? ¿Me hablas de la democracia en abstracto o en concreto? La primera no existe. La segunda sí existe. Al igual que la libertad, en abstracto no existe y en concreto “puede” (cepillándose a la ontología) existir. A saber, en los hechos: ¿la democracia representativa existe? ¿quién pronuncia la última palabra, en España, en Europa, en EE.UU? ¿los intereses de los ciudadanos o los intereses de los lobbies? Los lobbies que votan en los parlamentos sin haber sido electos lo hacen ateniéndose escrupulosamente a la legalidad ¿Y la legitimidad? Es legal reclamar el pago de una deuda. Sin embargo: ¿es legítimo echar al arroyo a medio pueblo insolvente?

En clase, a mis alumnos, les citaba a Renán cuando, allá por el siglo diecinueve, se reía, inteligentemente, del orden legal imperante, el de la diosa con una teta al aire y una balanza en la mano: “la justicia, en su sacrosanto imperio, castiga por igual al rico y al pobre que roban pan o duermen debajo de un puente”.

La democracia socialdemócrata, la del “Walfare state” ha dejado de existir, mal que nos pese. Pienso que la historia no la hacen los líderes, ni los partidos, la hacen las necesidades y este tinglado va a explotar. Datos objetivos: la distribución de la riqueza en el mundo, la destrucción del medio ambiente y la manipulación de las redes de información.

Por último, mal que bien, a nosotros los tupas, el viento, al decir de Benedetti, nos ha dado en la nuca. Un algo fue. En la historia de un país “un algo” es muchísimo. El precio pagado, sin embargo, fue tremendo.

Hace tiempo leía a Modiano en la “Trilogía de la ocupación”. Una historia de colaboracionistas y alcahuetes, de los que mandan, de los boches entonces, de los Junkers hoy. En una entrevista reciente Modiano decía: “cada vez me recuerdan más los dirigentes de la UE a los dirigentes del gobierno de Vichy”

En todo caso, R. no me hagas mucho caso. Me he vuelto descreído y cínico. Cínico con los que se amurallan en palabras sin contexto (léase a Wittgestein). Fiel con los que dejaron la piel luchando, con los que quedaron detrás del cartel publicitario, con los que nunca ocuparon cargos de gobierno, con los “naides”. Tengo tropecientos años y si tuviera ocasión de tomarme una grappa o un mate lo haría sólo con ellos.