Miércoles, 3 de junio de 2020

La ciudad y los días

Ya sabemos lo amigos que somos los españoles de ir cada una uno a nuestra bola y lo poco que nos gusta que nos digan lo que tenemos y lo que no tenemos que hacer.

Estos días en los que estamos dando los primeros pasos de la famosa desescalada, en el transcurso del plácido y acotado paseo, vemos que muchos ciudadanos se saltan las normas a la torera, ciudadanos que pretenden  desescalar a su bola, incluso haciendo rápel.

A cierta hora del día nos tropezamos con los cacerolos, que se echan a la calle como dios les da a entender, con el principal afán de hacer ruido y dejarse ver. Tal vez pretendan espantar al virus, como los hechiceros espantan a los malos espíritus danzando al ritmo de una especie de maracas con plumas. Cada cual hace lo que puede y llega hasta donde sus entendederas se lo permiten.

El caso es que cada uno sale a la calle sin tener en cuenta el uso correcto de mascarillas, los horarios establecidos, las reuniones y la famosa  distancia social (término que no me gusta nada, pero que ahora me viene que ni pintado, pues con estos actos sí estamos estableciendo distancias sociales). Pues eso, que cada cual sale a la calle pensando que está haciendo lo mejor para él y para todos los que le rodean. Pero hete aquí que en esta España de nuestras entretelas, basta que alguien piense o actúe de una manera para que el vecino de enfrente le salten a la chepa para reprocharle su actitud, decirle que no tienen ni idea, que es un ignorante y otras lindezas que no las creo merecedoras de ser escritas en letra de imprenta.

Al final, lo que tenemos son unos enfrentamientos callejeros, que abochornan al más pintado. Pues bien, para evitar eso hay un remedio. A partir de mañana, vamos a dividir los días de la semana. Sí, sí, al igual que nos han dividido las horas del día para que, según edades, podamos salir a una hora u otra, vamos a dividir los días de la semana. Me explicaré:

Los lunes y jueves saldrán a la calle a la hora que quieran y sin limitaciones horarias, todos los de izquierdas; los martes y sábados los de centro y los miércoles y viernes los de derechas.

¿Y los domingos?  Los domingos para descansar.

Estoy convencido de que con este sistema no habrá ningún enfrentamiento. En el día que cada grupo tiene asignado podrá movilizarse, manifestarse, escrachear, discursear, organizar conciertos para cacerola y sartén,…  Y como todos son de la misma ideología no habrá enfrentamientos. Todos gritarán que muera y que viva la misma persona, las consignas y los símbolos que portarán serán queridos y respetados por todos los asistentes. ¡De policía nada! Por favor, la presencia de fuerzas del orden lo único que conseguirían sería soliviantar a los probos ciudadanos, proporcionándoles un elemento al que enfrentarse y sacar de sus entresijos lo más vil y agresivo, provocando incidentes no deseados.

Alguien al leer esto pensará que estoy loco o que al menos mis neuronas no guardan la debida alineación. Pensarán que habrá miembros de un grupo que salga cuando no le corresponde, para provocar una batalla callejera de mucho cuidado. Quien así piense es que no conoce a nuestros conciudadanos. Y sino díganme, ¿qué ciudadano de izquierdas que se precie, va a querer salir a la calle un miércoles arriesgándose a que  piensen de él que es de derechas? o viceversa. Ya, me dirás, pero lo harán para crear un mal rollo y que se arme la gorda. Craso error, si alguien sale a la calle el día que no le corresponde y encima provoca algún alboroto, se estará delatando él y a su grupo, dando pie a que el resto piense que son incapaces de respetar las normas, y les culpen de los males que padece esta maltratada sociedad.

 Y el domingo, como decía, se empleará para el descanso y la reflexión, para que las mentes pensantes de cada grupo (en el caso de que las haya), al darse cuenta del lamentable, bochornoso y ridículo espectáculo, se pongan de acuerdo e ideen la fórmula que nos permita vivir en paz con el prójimo y con nosotros mismos.

¡Eso sí: y que los ciudadanos la acatemos y la cumplamos!