Miércoles, 3 de junio de 2020

Asintomático político

Ni cine, ni teatro, ni besos, ni abrazos, la mayoría wasapeando. Este es el confineo que nos ha tocado vivir. Y lo malo de esto, quizá usted haya tenido alguna mala experiencia, es que los wasaps los carga el diablo.

En la “antigua normalidad” se lanzaba una broma a cualquiera de los presentes en el velador de la terraza, hoy todos en el wasap, y con una sonrisa o apretando del codo al aludido esto se disipaba enseguida. Ni siquiera necesitábamos disculparnos, pues un minuto después el “cachondeíto” venía de vuelta y no pasaba nada.

No sé si habrán escuchado alguna vez esa hipótesis racista de que “si situaran a la gente ante un botón y le dijeran que al apretarlo muere un indio en Arizona, muchos lo apretarían, pues al no ver al desdichado nadie siente que ese botón es una bala”.

Ni que decir tiene, este es un supuesto extremo que puede ser válido para esos dictadores que mandan en las guerras sin ser ellos los que aprietan el gatillo.

Como un ejemplo de inconsciencias, lo anterior es demasiado extremo, pero nos puede servir como símil de ese botón del wasap: usted escribe (a veces le dicta el subconsciente) y después ¡zas!, ya no hay remedio: sus apreciados wasapeos, faltos de sonrisas y toques de codo, pueden retratarle como un energúmeno.

Existen defensores del pueblo, de la comunidad, o hasta los delegados de clase de toda la vida, pero nos falta el “defensor del wasap”. Creémoslo con urgencia, será la única manera de que, vuelta la normalidad postcovi, hallemos a los amigos en el lugar donde los dejamos. No vaya a ser que al meternos un día en los zapatos de la señora Ayuso o haber dicho “Illa, Illa, maravilla” los perdamos para siempre. Sentido común, que la amistad debe superar el listón de la política.

Pero ya que hemos tocado el tema, no nos vayamos. El domingo escucho a la señora ministra María Jesús Montero, portavoz del Gobierno, estas palabras: “no nos dejemos llevar por criterios políticos interesados”. Eso es lo único que recuerdo de su disertación y le pido disculpas. Son tantas las cosas que debemos memorizar acerca de la Covid (mascarillas, guantes, multas, fases, etc.) que es muy difícil centrarnos en todos los discursos.

Por tanto, para interiorizar la frase de la ministra lo mejor es sintetizarla en un nuevo término: Ser un “asintomático político”. A esto debemos aspirar aunque no lo entendamos, ya que, al ir a la fuente de los asintomáticos, esta dice que los asintomáticos pueden contagiar. ¿En qué quedamos? No entiendo. Terminaremos para el psicólogo.

No cabe duda de que es la hora de los científicos, de los malpagados científicos, a quienes en pro de la vacuna no les mueve ese Nobel que les espera, sino salvar la vida de toda la Humanidad, incluso de esos que en EE.UU. salen de fiesta para contagiarse. ¡Ya es gana de trabajar así!

Pero es lo que hay. En nuestro país los incívicos han proliferado al comienzo de la desescalada. Y, al parecer, algunos se exponen para contradecir las medidas del Ejecutivo. Unas medidas que emergen del consejo de los expertos, que respetamos y son de obligado cumplimiento.

Sin embargo, nosotros creemos que no existe un Gobierno más fuerte que el virus. ¿Qué Gobierno sería capaz de “cargarse” la Semana Santa, la Feria de Abril, las Fallas o el fútbol? Ninguno. Esto solo lo ha conseguido el coronavirus.