Miércoles, 3 de junio de 2020

Una sociedad trágicamente mal gestionada...

En febrero de 2011 escribía este artículo que releyéndolo parece que vivimos en un eterno bucle. Vemos a España, como otros países de occidente, que se está convirtiendo en un país de ciudadanos tan acostumbrados a la mentira que hasta el sentido común se deja de lado. Vivimos en una sociedad cada vez más maniatada. Soportamos un desgobierno que se ha pasado los últimos seis años construyendo realidades que se evaporan o deshaciendo lo conseguido con anterioridad, silenciando verdades y que no ha sido capaz de finalizar nada de lo que nos ofrecía.

El desgobierno vive como muchos ciudadanos todavía de espaldas a la crisis económica y a la pandemia o a favor de intereses espurios. La crisis económica estaba cantada desde las últimas elecciones con unas etapas que han, van e irán cayendo una tras otra hasta dejarnos sin habla. La crisis nacional que empieza aflorar será mucho peor pues se está convirtiendo en una crisis social y sanitaria sin final. Con una alta tasa de paro entre los jóvenes, con cerca de 5 millones de parados oficiales, no se puede hablar de proyectos ni reconstrucciones sino de realidades.

España tiene sobresaliente en abandono escolar, por lo que podemos pensar en que el sistema educativo es pésimo, que a lo mejor también lo es. Pero es que no existe un sistema educativo perfecto si los alumnos y las familias no colaboran. Sin esfuerzo no hay resultados. En España cada vez más las familias están desestructuradas, en parte por la falta de valores, por el incremento de los divorcios y ahora por la crisis que hace que los progenitores estén muy preocupados por lo que ha de venir o en busca de trabajo o trabajando fuera del hogar, lo que hace que no atiendan a los jóvenes en edad escolar en las debidas condiciones.

Se está destruyendo y debilitando la contribución de la familia a la estabilidad social, pues los progenitores no pueden estar el tiempo que deberían con sus hijos. La familia y los principios tradicionales se menoscaban cuando desde siempre se ha visto que son lo principal para soportar la existencia diaria de las personas y la mínima convivencia entre las personas, además de ser los pilares de la educación.

Los jóvenes cada día están siendo más alineados en el afán consumismo irreflexivo y una educación en la comodidad alejada del esfuerzo y superación personal, se les aleja de la realidad y se les dan potestades o responsabilidades alejadas de su edad para las que no están preparados. No se dan cuenta de lo efímera que es la infancia o la adolescencia y de repente despiertan en un mundo en el que no son nadie, porque antes no han valorado a sus mayores. No es tanto tienes tanto vales en la vida, sino tanto vales tanto tienes. El futuro es muy incierto la pandemia hará que muchos valores denostados vuelvan a ser tenidos en cuenta y muchos se encontraran con las manos vacías. La verdadera supervivencia pone a cada uno en su lugar.

El campo cada vez se empobrece más si no hay consumo al no poderse vender una producción perecedera que genera gastos. Un ternero come mientras no se vende. Las plantas crecen mientras no se recolectan o no se venden y al final se echan a perder. Muchos agricultores no podrán hacer frente a más gastos.

Las ayudas sociales, la mayor parte meros titulares de cara a la galería, no llegaran a todos o si llegan estarán tan repartidas que no ayudaran. Eso sí el desgobierno no parará de utilizarlas para ganarse el voto de los más desfavorecidos. La mala gestión de la economía de nuestro país nunca ha sabido crear empleo a la altura de los tiempos y la tecnología del siglo XXI en el que vivimos.

Empobrecer a la clase trabajadora de la administración del Estado no ha sido solución alguna sino pura demagogia. El hacer que un mileurista pierda poder adquisitivo no es de recibo. Pues son la columna vertebral de la legalidad y estabilidad de este país. Los miles de inmigrantes ilegales van tan sólo a incrementar el gasto social y acaparar las ayudas sociales que en verdad también necesitan pero que necesitan muchos colectivos que han cotizado durante generaciones.

La crisis económica que viene después de la pandemia va a ser muy difícil de remontar, pues volver a retomar las riendas de la economía global le va a ser muy difícil a los países de occidente si no se dan nuevas tecnologías para ser competitivos. Además de no existir solidaridad entre ellos. En tiempos de mera supervivencia tonto el último. Toda crisis que se dé en occidente refuerza a China que cada año que pasa aumenta su demanda de materias primas y alimentos con lo que los precios a nivel internacional aumentan y así vamos camino de preparar grandes hambrunas en el tercer mundo.

Gobierne el que gobierne habrá que acabar cayendo en ajustes estructurales en la economía que van a tener un grave efecto directo sobre la población. Modelos de sinergia. Si se reduce la producción agraria interior suben los precios de los alimentos se acabará reduciendo el consumo de alimentos y la resistencia a las enfermedades. Se creará un terreno favorable para que aumente la mortandad, disminuyan los nacimientos, aumente la violencia social, como ya ocurre en las zonas menos desarrolladas. En definitiva la violencia sobre los más débiles además del envilecimiento de la sociedad.

Ahora que parecía que eramos capaces de tenerlo todo, es triste tener que analizar la realidad y pensar que no tenemos soluciones para todo y no se dan por parte de los que nos administran. Está claro que nuestro mundo debe replantearse el sistema económico y repensar las políticas proteccionistas. Como país tenemos la riqueza y tecnología suficiente para tener el pleno empleo y que no falte lo fundamental a nadie. Puede que con menos dependencia exterior pudiéramos ser capaces de arreglar lo que tenemos en casa, que es lo que hacen las amas de casa cuando falta  y se tira de lo que hay en la despensa. Es penoso seguir viendo que desde tribunas institucionales se aprovecha para hacer campaña política, mientras la información, ni a veces la del tiempo, nos llega de forma poco clara y poco concisa a los ciudadanos y la ira latente de los pobres aumenta.

El crecimiento es el alma de la economía, pero el bienestar general ya no guarda una correlación con el crecimiento, pues en muchos casos provoca el empobrecimiento de la mayoría. Vivimos en un mundo, en un país y en una sociedad trágicamente mal gestionada, que va a costar tiempo y años cambiar.